
Una novela de mar
LA CARTA ESFERICA Por Arturo Pérez-Reverte (Alfaguara)-590 páginas-($ 22)
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ARTURO PEREZ-REVERTE (1951) es uno de los más exitosos escritores españoles de la actualidad. Autor de numerosas novelas y creador de un personaje inolvidable como el capitán Alatriste, no nos sorprende que su última obra, La carta esférica , resulte interesante desde muchos puntos de vista.
El primero es la "resurrección" (por así decirlo) de la novela de mar, con búsqueda de un tesoro hundido a raíz de un misterioso naufragio y otros detalles que, en un mundo globalizado y trivial, devuelven el gusto decimonónico de cierto tipo de aventuras con sabor a puerto, a ron, a marinero ebrio y a ambientes prostibularios.
El segundo es la creación de un personaje femenino (responde al nombre mágico de una ciudad mágica: Tánger), que de algún modo se "roba" la novela y enamora tanto a su protagonista masculino (Coy) como al lector.
Coy, marino en tierra por alguna razón entre culposa y burocrática, anhela un barco en el cual embarcarse cuando, en un remate, conoce a Tánger y, luego de ciertas circunstancias, decide asociarse a ella para descubrir el lugar de un naufragio, donde yace un barco que perteneció a los jesuitas y que contendría un tesoro en esmeraldas. No vienen al caso otros detalles, sí viene al caso decir que la investigación de Pérez-Reverte con respecto a los temas navegación, naufragios, barcos perdidos y su correspondiente historia ha sido exhaustiva. He oído decir que el libro adolece del defecto de contener una excesiva cantidad de "palabras difíciles" relativas a todos los implementos de un navío, a los datos sobre navegación, etc. Esas palabras están y menos mal, porque sin ellas el libro carecería del "sabor" a yodo, a sal y a aventura un poco clandestina que le da carácter, alma y vida. Al fin y al cabo, señores, ¿para qué están los diccionarios? ¿Son un impedimento o una ayuda?
El libro está muy bien escrito y es entretenido hasta el trágico final. La única objeción es, quizá, extraliteraria. Y la digo aunque me cueste: el personaje repulsivo es argentino. Es cierto que se trata de un suboficial que fue torturador de la ESMA, pero muy a menudo el autor se refiere a él como "héroe de las Malvinas" o simplemente "el argentino". Pérez-Reverte, corresponsal de guerra, conoce a fondo la historia de nuestro país y seguramente no es su intención retratar a todos en uno. Pero como novelista debería saber que la mayoría de sus lectores españoles o hispanoamericanos desconocen esa historia, y por lo tanto, identificarán al "malo" de la novela con todos sus compatriotas. ¿La verdad? Puede ser un recurso novelístico efectista pero me fastidió un poquito.



