
Una tumba egipcia abre sus secretos a un grupo argentino
Docentes y alumnos universitarios financian el proyecto
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Oculta entre las montañas, mimetizada con la arena del desierto, escondida entre caseríos humildes, la tumba de Neferhotep, un alto funcionario egipcio del faraón Ay, guarda todavía la mayor parte de sus misterios, encerrados hace 3500 años. Un grupo de investigadores y estudiantes argentinos se está ocupando de desentrañarlos.
Hace tres años, la docente de la UBA e investigadora del Conicet Violeta Pereyra obtuvo la concesión que otorga el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto para trabajar en la conservación de los contenidos del monumento.
"Ante la falta de recursos, las autoridades egipcias entregan concesiones a equipos de investigadores para hacer estudios científicos y luego abrir los lugares al público", dijo Santiago Hernández, estudiante avanzado de Arqueología en la UBA. Las autoridades egipcias proveen acceso al lugar y seguridad durante la tarea, pero no dinero. Por su parte, el equipo debe estar avalado por una institución y tiene que renovar la concesión anualmente.
Pereyra armó un equipo de 16 jóvenes historiadores, arqueólogos, fotógrafos, especialistas en arte y dibujantes de las universidades nacionales de Tucumán, Buenos Aires, La Plata y San Juan. También participan tres investigadoras alemanas.
"Hasta ahora cubrimos los gastos generales con algunos subsidios de las universidades, y dictamos cursos y seminarios", dijo Pereyra a LA NACION. Pero el grueso de la inversión provino de los bolsillos de los investigadores. En la compra de computadoras, trípodes, luces y materiales gastaron 7000 dólares. Además, cada uno de los que viajan a Egipto cada año debe disponer de 3000 dólares para pasaje y estada.
Desde 1999, el grupo se traslada durante los meses de enero a marzo a trabajar en "su" tumba, cuando en Egipto se vive un apacible invierno de 20 grados promedio en el día.
Con computadoras, máquinas fotográficas, luces potentes, ropa de abrigo, materiales para excavar, desenterrar y dibujar, y hasta el equipo de mate, los investigadores relevaron el deterioro de la construcción, avanzaron en la preservación del vestíbulo y el patio, y desenterraron dos cadáveres momificados.
Saqueos y "okupas"
La tumba de Neferhotep está ubicada en el Valle de los Nobles, en la margen occidental del río Nilo, cerca de la moderna ciudad de Luxor, una zona rural en la que los enterratorios se disponen al lado de casas de adobe.
El propietario de la tumba fue un alto funcionario, que controlaba la recaudación del templo de Karnak, y murió hacia el 1350 a.C. La construcción, excavada en la roca, tiene un pasaje de entrada, una sala interior con cuatro columnas, donde se ubican las estatuas del propietario y su esposa, y un patio interno.
La tumba tiene detalles únicos: inscripciones, pinturas murales, bajorrelieves y esculturas que muestran a Neferhotep en escenas cotidianas. "Hay pinturas muy detalladas del templo de Karnak, que datan de una época bisagra para la historia artística de Egipto", dijo Juan Friedrich, el dibujante del grupo.
Descubierta en el siglo XIX y relevada por primera vez entre 1920 y 1933, el hogar póstumo de Neferhotep fue víctima de saqueadores y hasta de "okupas": una familia entera que se instaló "con una vaca, ocho ovejas, cuatro cabras, un perro, un gato y aves de corral" a principios del siglo XX. El resultado fueron paredes dañadas y ennegrecidas, desprendimientos de materiales y la desaparición de la mayoría de los tesoros que adornaban las tumbas.
A partir de la semana próxima, cuando la delegación reducida por la crisis a siete personas llegue a Egipto en su visita anual, empezará a develar el misterio: planean abrir la escalera que lleva al sarcófago.


