Vidas adolescentes
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<b> Todo por una chica <br></br> Por Nick Hornby </b>
Con autenticidad y frescura, y sin perder de vista el entretenimiento, el inglés Nick Hornby (1957) se interna en la problemática juvenil, en su confrontación con el mundo adulto y en su abúlica perspectiva de futuro.
Todo por una chica presenta al quinceañero Sam, fanático del skateboarding y muy poco interesado en madurar, a cargo de la narración de su historia. Su madre lo tuvo en plena adolescencia, hecho que la mujer señala una y otra vez como el motivo de todas las complicaciones de su vida. Sin embargo, en su lacónico análisis del mundo que lo rodea, Sam opina que su nacimiento sólo postergó las ambiciones de sus padres. Pronto, el muchacho cambia de opinión al dejar embarazada a su novia el mismo día en que cumplía los dieciséis. La chica, Alicia, hace todo lo posible por sobreponerse a la presión familiar para que aborte y olvide su vínculo con Sam. No obstante, ya viviendo juntos en casa de los padres de Alicia con el bebé recién nacido, los dos adolescentes se afirman en el valor del cuidado de su hijo y en la contradicción de ser padres e hijos dependientes al mismo tiempo.
El personaje de Sam es una exploración crítica y humorística de la estéril autorreferencialidad de los chicos ingleses de clase media y clase baja, en el sentido de que la perspectiva de futuro y de inserción social es sólo una fantasía, en el mejor de los casos, y nunca un proyecto. Pero de esa esterilidad se pasa sin transición a la engañosa fecundidad: ni siquiera la paternidad prematura alcanza para centrar mentalmente a Sam. De hecho, una de las estrategias del relato es el flashforward , el salto hacia adelante en el tiempo, que Hornby trabaja como un detalle onírico del realismo burlón que despliega en el relato. El ritmo es decidido y por momentos acelerado: Sam y Alicia conviven en el tiempo ralentado de su propio y desaprensivo vínculo, pero también se ven inmersos en el frenético movimiento de la crisis familiar que generan. El absurdo es un componente esencial.
La posición de Hornby, autor de Fiebre en las gradas y Alta fidelidad , es, una vez más, polémica: reprueba la extendida perspectiva abortista de la maternidad precoz y recusa mucho más a los adultos que a los chicos. El texto, incluso, se preocupa por encontrar un lenguaje reconocible y se esfuerza en justificar el discurso de Sam. Por momentos ese discurso parece un elemento fantástico más, que se suma a las charlas con la fotografía de un ídolo deportivo y a los saltos temporales hacia el futuro, aunque en verdad se trate de un monólogo ante el silencio o la franca estupidez de los padres.
Poco a poco, el humor pierde terreno y cede su espacio a la emotividad del enorme desafío de los jóvenes de defender el embarazo y el derecho de ser padres. Se filtra una lectura conflictiva y controversial de la realidad, en el país que tiene la tasa más alta de embarazo adolescente en Europa. El texto también se propone analizar el despertar de la sexualidad en el contexto de un conformismo materialista y un consumismo que se leen como factores que adocenan la identidad y los deseos de proyectarse en la sociedad o, simplemente, de crecer y ser un adulto.
El acierto más explícito es el de la representación del imaginario adolescente: una vorágine de contradicciones que sólo se compatibiliza con los sueños. El embarazo es, entonces, un modo de anclaje en la realidad del cuerpo y en la precariedad del día al día, que parece disolverse en la pantalla de la computadora, en las infinitas piruetas del skate o en el patético seguimiento de la chismografía sobre la vida privada de las estrellas de televisión.
Así, Hornby se enfrenta a la frialdad de las estadísticas y a la visión descarnada de los medios de comunicación sobre los padres y madres precoces, insertando la cuña de una inédita ternura en esa paternidad inesperada, el atisbo, además, de la construcción de una conciencia. Si bien la intención simbólica hace que Sam se convierta en un personaje representativo de una difícil problemática social, Hornby logra que la novela fluctúe entre la cruda percepción del mundo y el análisis psicológico particular. Casi en forma temeraria y contra la corriente, Todo por una chica se sumerge también en la discusión sobre el valor de la vida.
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