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La noche tenía un lema: acá no hay empate. Con esa consigna, Núñez recibió el segundo clásico en dos días. Anteayer, en el Monumental, el 0 a 0 en el fútbol fue un fiasco. Anoche, en el microestadio que está debajo de las tribunas, fue el turno del basquetbol. Esta vez no hubo paridad posible: River no dejó ni una duda, apabulló a Boca por 97 y 81 y se sacó una espina que tenía atragantada hacía 13 años, en los que se sucedieron 13 triunfos boquenses.
Se rompió la paternidad y los hinchas millonarios enloquecieron. Cantaron y bailaron en las tribunas, mientras los jugadores lo hicieron dentro del campo. Y, además, el triunfo les sirvió para mantener la punta de la Zona Sur en forma invicta en cuatro partidos.
El principio no hacía prever semejante final, porque con seis minutos de juego interesante, Boca sacó ventajas en la parte inicial, sustentado sobre los triples de Williard Ford, sobre los rebotes de Matías Sandes (cinco en el primer período) y el desequilibrio que aportaba Paolo Quinteros. Así, el equipo xeneize llegó a sacar siete puntos de ventaja (17-10). Pero River, de a poco, emparejó las acciones y cerró el parcial tres puntos debajo de su rival (23-26)
En el segundo cuarto, el equipo millonario siguió mejorando en defensa, lo que le permitió robar algunos balones y aprovechar el ataque rápido con Julio Mázzaro. Aunque algo intermitente, también aportó lo suyo Leopoldo Ruiz Moreno. Si bien River logró pasar al frente, nunca pudo sacar más de dos puntos de luz y finalmente ganó el primer tiempo por 44 a 43.
El partido estaba parejo y, entonces, se desató la efervescencia en las tribunas. El superclásico en su máxima expresión, con hinchadas que no se dieron ni un respiro y que siguieron el duelo en el entretiempo.
Con ese clima, River explotó en el tercer cuarto. Desplegó un basquetbol ampliamente superior al de Boca. Maniató a su adversario con una defensa 2-3, tuvo en Bruno Lábaque a un eximio conductor e hizo sentir el goleo de los dos extranjeros, Kevin Lyde y Maurice Spillers, con nueve puntos cada uno en el parcial.
Boca se desconcertó totalmente, desapareció del partido. Fue todo de River, para el delirio de su gente. Los nervios terminaron de quebrar a Boca cuando faltaban 45 segundos para el final del tercer cuarto. Rodrigo Malara les protestó a los árbitros, los insultó y se fue de la cancha expulsado y pateando todo lo que encontraba en su camino. River sacó una ventaja máxima de 19 tantos y cerró el tercer chico al frente por un inesperado 74 a 55.
En el último cuarto Boca ganó aún más en desesperación y River llegó a sacar 27 puntos de ventaja (87 a 60). Con el éxito asegurado, el local se relajó y la diferencia se redujo. Pero lo que no disminuyó jamás fue el festejo impresionante y merecido por un éxito que esperó 13 años.
Dirigieron Eduardo Bellón y Roberto Smith. Estos fueron los equipos:
River (97): Lábaque, 6; Mázzaro, 34; Lyde, 15; Sebastián Cabello, 10, y Spillers, 18 (titulares); Burgos, 4; Cádillac, 2, y Ruiz Moreno, 8. DT: Mario Guzmán.
Boca (81): Alba, 18; Quinteros, 20; Sandes, 10; Ford, 15, y Leiva, 9 (titulares); Malara, 4 (expulsado); Cequeira, 1, y Douglas, 4. DT: Carlos Duro.



