El renacer de una industria tradicional

Luego de la crisis económica de los primeros años de esta década, la actividad retomó con nuevos bríos la senda de la producción; el mercado extranjero, un punto fuerte de ventas
(0)
29 de septiembre de 2005  

Después de mucho tiempo de incertidumbre y dura supervivencia, la industria naval liviana argentina experimentó en los últimos años un vuelco significativo. La relación dólar-peso, los altos costos de producción en el extranjero, el alza del euro y demás factores económicos parecieron propiciar las ventajas competitivas de nuestro país respecto del resto del mundo para la producción de embarcaciones en serie.

Así, tras la abrupta caída en la producción que se produjo entre 2000 y 2002, los últimos dos años muestran un renacer del sector. Basta consignar que las cifras de producción y matriculación del bienio 2003-2004 duplicaron las del anterior.

Es que la industria náutica argentina parece estar perfectamente preparada para responder a todo tipo de demanda, para transporte, turismo, uso deportivo, pesca y seguridad o defensa.

Más de 120 empresas constructoras de veleros, cruceros, lanchas, botes inflables, equipamiento y todos los servicios necesarios para la producción y el mantenimiento de embarcaciones componen este sector, que dispone de una capacidad instalada de más de 700.000 m2 y ocupa a más de 5000 personas. La actividad está concentrada principalmente en la zona norte del Gran Buenos Aires

Un punto fuerte es la fabricación de barcos para los mercados extranjeros. Varios astilleros están desde hace tiempo exportando con excelentes resultados tanto a Europa como a los Estados Unidos, Brasil, Chile o Australia. Eso habla a las claras no sólo de los beneficios económicos y fiscales de producir aquí, sino de la calidad y el detalle puesto en la terminación de los productos realizados por la mano de obra argentina.

Otra muestra del auge de esta actividad se refiere al éxito del último Salón Náutico, realizado en 2003 en Dársena Norte, al que asistieron más de 36.000 personas, con un centenar de expositores de los diferentes rubros vinculados con la construcción de embarcaciones, comercialización de insumos, motores de última generación, ayudas a la navegación y accesorios con tecnología de punta, y otras actividades que se refieren a la práctica del deporte.

Durante la exposición los astilleros concretaron muchas ventas, entre las que figuraron 14 lanchas, 5 veleros, 3 cruceros, botes de goma, jet ski, accesorios y repuestos.

Como se ve, la industria crece y se consolida de la mano del trabajo y de los emprendimientos privados.

Números que hablan por sí solos

En 1980, las embacarciones matriculadas fueron 8558; cinco años más tarde, la cifra bajó a 2710; en 1990 se inscribieron 1353, y en 1991 (cuando se tocó el piso), apenas 1275. El repunte comenzó en 1994, cuando hubo 3584 registros, número que siguió creciendo hasta 1998, cuando llegó a 4528. Los últimos cinco años fueron bastante dispares: 2000 tuvo 3519 naves matriculadas; en 2001 fueron 3586; en 2002, 1694; en 2003, 1750, y en 2004, casi 2000 (aún no están las cifras oficiales). En cuanto a la composición del parque, el 34% corresponde a lanchas, el 32 a botes de motor, el 9,5 a veleros, el 5,9 a yates de motor; el 5,4 a botes de remo, y el 12,5 restante a otros.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?