Con el permiso de Raúl, Agüero bien pudo ser el mejor

Claudio Mauri
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20 de mayo de 2008  

Concluida la Liga de España, el fútbol argentino llena algunos renglones con casos puntuales, que van de lo gratificante a la perplejidad, como la que provocó el estruendoso fracaso de Zaragoza, descendido pese a contar con un plantel que aspiraba a las copas europeas con jugadores de reconocida trayectoria internacional, como Ayala (que, paradójicamente, llegó a Zaragoza luego de que él mismo deshiciera la transferencia al elogiado Villarreal), Aimar (cuyas lesiones volvieron a alejarlo de su mejor nivel), Diego Milito y D Alessandro (que estuvo en el primer semestre).

Entre lo positivo, hay que incluir a Sergio Agüero, que completó una temporada magnífica en Atlético de Madrid. Para muchos especialistas, fue el mejor jugador del torneo. Una medida de esa valoración la da el segundo puesto que ocupó en la nominación para el Trofeo Alfredo Di Stefano, que concede el diario Marca a la individualidad más destacada del curso, de acuerdo con la votación de numerosos ex jugadores (Valdano, Hierro y Butragueño, entre otros) y aficionados. En una reñida elección, el Kun terminó por detrás de Raúl, una gloria viviente del fútbol español, que acaba de reverdecer laureles con otro título para Real Madrid. La puja se dio entre un joven delantero en constante evolución y alguien que es poco menos que una institución en el fútbol español. Con permiso de la autoridad competitiva que irradia Raúl, al Kun no le queda holgado el traje del mejor.

Agüero le devolvió la alegría y la ilusión a un club muy inclinado al fatalismo, sufrido hasta la médula por desatinos dirigenciales y resultados que no colmaban las expectativas. Eso fue hasta que Agüero, en su segunda temporada, derribó tabúes y eliminó complejos. Con sólo 19 años, y muy bien acompañado por Forlán, llevó al equipo a la Liga de Campeones después de once años. Su meritoria producción podría medirse por las frías estadísticas: hizo 20 goles (14 más que en la temporada anterior). Pero eso no es todo. El Kun devuelve el precio de la entrada con sus notables recursos técnicos para el control de la pelota, la gambeta, el quiebre de cintura, el engaño, el explosivo cambio de ritmo, las definiciones a los ángulos y rincones inalcanzables para los arqueros. Cada vez surgen menos jugadores con las condiciones del Kun. Representa el lujo que enseguida atrapa al hincha. Lo supo el de Independiente, a pesar de que lo disfrutó menos de lo que hubiera deseado. Y tiene embelesada a la afición del Atlético de Madrid, que en la figura de Agüero ve exorcizados todos los pesares que perseguían al club. Por todo eso, no es uno más. Es la punta de lanza de un proyecto al que está respondiendo con tanto arte como compromiso.

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