El campeón global

Barcelona, por estilo y logros, vive una época dorada; estableció un récord universal con seistítulos consecutivos; Guardiola dio con la fórmula: seduce con el juego y convence con los resultados
Claudio Mauri
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20 de diciembre de 2009  

Campeones hay muchos, pero los respetables como el Barcelona son la excepción, la minoría. Barcelona cosecha lo que siembra, es generoso para dar y recibe mucho en retribución. Gloria y honor para este equipo fantástico, que está marcando una época dorada. Barcelona se hace acreedor del respeto que prodiga a su estilizada línea futbolística; de sus rivales, a los que supera con altura y sin soberbia, y del público, destinatario final de un producto que suele ser garantía de espectáculo.

En Barcelona se resume lo que es la mejor noticia que pudo haber recibido el fútbol universal en el último año. Lo es en términos de ambición, de compromiso con una idea, de fidelidad al juego, de frescura como antídoto del aburguesamiento. Ayer, como le ocurrió antes a tantos equipos, todo eso lo sufrió Estudiantes, que aguantó hasta que pudo, bastante más que el promedio de los rivales que caen en la telaraña catalana.

El éxito suele tener efectos colaterales nocivos para la salud de un plantel. Lo puede empujar a la complacencia, la dejadez, la falta de humildad. Barcelona parece galvanizado contra todos esos riesgos. Hoy compite y gana con la misma determinación que lo hacía cuando este estupendo ciclo se empezó a gestar. No hay concesiones a la molicie ni al desgano. Así alcanzó este récord difícil de equiparar: seis títulos consecutivos en menos de un año de competencia. Superó la marca que ostentaba el Ajax de Johan Cruyff en 1972, que se coronó en cinco torneos, entre los nacionales (no existía la Supercopa de Holanda) e internacionales.

El gran Cruyff debe estar orgulloso de que su plusmarca haya caído en manos de un equipo que adhiere a la filosofía futbolística con la que él dividió la historia de Barcelona, primero como jugador y luego como director técnico. En su época de entrenador, el holandés tenía dentro de la cancha a un avezado intérprete de su ideario: Pep Guardiola, el centrocampista que dirigía al equipo.

Guardiola dirigía al equipo filial de Barcelona en la tercera división de España. No tenía experiencia en primera ni la aureola de José Mourinho, el técnico que estuvo en consideración para reemplazar a Frank Rijkaard, que después de un ciclo triunfal ya no conseguía motivar ni comprometer al plantel.

A Guardiola le faltaba cartel, pero le sobraban personalidad y convicciones para levantar a un plantel que se había abandonado. Había que desterrar los malos hábitos y algunos descuidos profesionales: por esa puerta salieron Ronaldinho y Deco, dos símbolos de las horas triunfales que habían dejado de dar el buen ejemplo y eran una amenaza para otros. En concreto, para Messi, que estaba muy bajo el ala del brasileño y el portugués. Barcelona y Guardiola no dudaron: le apartaron las malas influencias a Leo y le dieron a éste la representatividad de mayor figura del plantel.

Guardiola tuvo mano de seda para entender y sacar lo mejor de la introversión de Messi. Pep lo ganó para la causa del equipo desde el comienzo, cuando intercedió ante la dirigencia de Barcelona para que cumpliera su deseo de participar en los Juegos Olímpicos de Pekín. Messi le retribuyó con creces ese gesto. En 2008/09 firmó su mejor temporada, con 38 goles en 51 partidos; se sintió en plenitud y no sufrió ninguna de las lesiones musculares que lo venían atormentando. En la primera mitad de la temporada 2009/10, Messi está vigente: ya suma 16 goles.

A medida que se sucedieron los partidos y las victorias, Barcelona patentó un estilo que sólo encuentra parangón con el que despliega el seleccionado de España: presión adelantada, posesión y circulación de la pelota, desborde, profundidad y contundencia. La riqueza técnica y variedad de recursos individuales les agregan contenido a los enunciados. Barcelona entiende los partidos desde el control y la iniciativa.

Es un equipo audaz y de gran calidad, pero no peca de lírico ni de ingenuo. No confunde el juego serio, el que despliegan los versátiles conductores Xavi e Iniesta, con el fútbol de bricolaje, insustancial. Su repertorio también se sostiene en los kilos, centímetros e intensidad de jugadores como Piqué, Touré, Keita Abidal. En la final de ayer, cuando las papas quemaban y el partido se le iba, Piqué -un zaguero central extraordinario, que se terminó de formar en la dureza del fútbol inglés durante tres temporadas en Manchester United- se plantó de centrodelantero y bajó de cabeza la pelota que fue el empate de Pedro.

El proyecto de Barcelona no tiene imitadores entre las potencias europeas. Su identidad futbolística proviene de la Masía, centro de formación de los canteranos. De ahí provienen Valdés, Puyol, Piqué, Xavi, Iniesta Busquets, Messi, Pedro, Jeffrén, Bojan.

A lo largo de casi un año y medio, período en el que fue encadenando los seis títulos, Barcelona entregó algunos momentos inolvidables. Como el 6 a 2 a Real Madrid, el 4 a 0 con baile memorable a Bayern Munich, la infartante clasificación a la final de la Liga de Campeones con el empate agónico de Iniesta, la impecable coronación ante Manchester United en Roma.

Desde ayer hay que agregar otro mojón histórico en este viaje de ensueño de Barcelona. Debió exprimirse al máximo para materializar el 2 a 1 sobre Estudiantes.

En el fútbol es muy difícil pronosticar la duración de los ciclos. Sobre todo porque la fugacidad y la inestabilidad son las normas. El que construye Barcelona es excepcional y se está extendiendo más allá de lo habitual. No hay exigencia que lo sobrepase. Como gran campeón global, no tiene límites ni fronteras.

1 título conquistado por Barcelona entre Copa Intercontinental y Mundial de Clubes. Había perdido las finales de 1992 y 2006.

9 copas la Argentina es el país con más títulos: Boca (3), Independiente (2) Vélez (1), River (1), Racing (1) y Estudiantes (1).

4 trofeos los de Milan, el más ganador de la competencia. Fue campeón en 1969, 1989, 1990 y 2007.

Dixit

"Dentro de un tiempo nos daremos cuenta de lo que ha pasado esta temporada. Hemos hecho el mejor año de la historia del club. Felicito a los jugadores. Les tengo que dar las gracias por estos siete meses"

Pep Guardiola (entrenador)

"Felicito al equipo, técnico y secretario técnico, y dedico la victoria a los barcelonistas de todo el mundo y especialmente a mis tres hijos, que se lo merecen por todo lo que han llegado a sufrir"

Joan Laporta (presidente)

"Será difícil repetir un año como éste. Cuando uno mira la historia, se da cuenta de que sólo nosotros lo logramos. Ganamos todos los títulos; es una marca que quedará guardada en nuestros corazones"

Xavi Hernández (jugador)

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