Fiebre superclásica

Vendidas todas las plateas, en dos horas y 39 minutos se agotaron las 8000 populares en La Boca; hubo malestar en los hinchas que no consiguieron su entrada; la recaudación está cerca de los 700.000 pesos
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31 de mayo de 2003  

Ahí están los hinchas, fieles, como siempre; apiñados contra las vallas de protección, con la camiseta de Boca pegada al cuerpo por el sudor de la espera, aunque el termómetro marque 14°. La pasión llama; cualquier esfuerzo es válido por una popular para el clásico de mañana frente a River, en el templo xeneize , la Bombonera. Desde anteanoche, tras el triunfo sobre Cobreloa por 2 a 1, los simpatizantes hicieron guardia frente a las boleterías; se advierte una gran euforia, se palpa una gran confianza. Se sabe que River quedó fuera de la Copa Libertadores y los hinchas de Boca lo viven como si hubiesen ganado un campeonato; quieren esa entrada, que les abrirá la puerta al paraíso xeneize.

A las 10, con una fila de 500 metros, se inició la venta. Los primeros fueron unos chicos de Lanús, que acamparon en La Boca por 37 horas, con una lona roja, una garrafa y un mazo de naipes. Con ojeras, despeinados y síntomas de cansancio, mostraron hidalgos su premio: la ansiada popular.

La larga espera se vivió como el prólogo de la gran fiesta; no importaron el frío ni el piso duro, que sirvió como cama para muchos; tampoco importó la inseguridad de la zona. Con cantos, casi todos dedicados a su eterno rival, River, toleraron cualquier adversidad. Algunas gargantas ya están disfónicas; gritaron como desaforados frente a las cámaras, con un entusiasmo que contagió alegría. Y eso que el partido no empezó.

La venta fue rápida. Con muchas ventanillas habilitadas, no se producen aglomeraciones; las personas pasaron en tandas, de a 20. La policía vigiló de cerca y no hubo mayores incidentes. Eso sí: sobraron ansiedad y fervor; l a fila parece agrandarse y llega más gente; muchos advierten que pueden quedarse sin una popular. "Me parece que nos quedamos afuera", le dice Leo, con un gran tatuaje del escudo xeneize en el brazo izquierdo, a su hermano Christian.

El reloj marca las 12.39 y el comisario Miguel Angel Garín anuncia por megáfono el triste final: "Por favor, desalojen la zona. No hay más localidades". La gente se resiste y exclama: ¡no, no!, con desesperación. Hay hinchas de General Las Heras, Dolores, Córdoba, Tucumán... de un montón de lados; la fila llega hasta la Bombonerita, a la vuelta de las boleterías. Algunos, que no habían escuchado el mensaje de la policía, adivinan la noticia y se retiran; otros, reacios, se quedan; no se convencen. De pronto insultan a la policía y a los dirigentes xeneizes. Pero no hay caso. Con motos, sin apelar a la violencia, la policía invita a los hinchas para que dejen la zona; se producen algunas corridas, típicas de las desconcentraciones nerviosas. Por ahí se escucha un festejo; es Mauro Albornoz, que se quedó con la última popular y la aprieta; la cuida como si fuera un lingote de oro .

Fue un día a pleno, con 8000 populares agotadas y una recaudación cercana (sumado a lo vendido en River) a los 700.000 pesos; la llama de la pasión sigue encendida; para la multitud, con o sin entrada, ya comenzó el partido.

En Núñez

Los hinchas de River ya no podrán conseguir entradas para el superclásico: ayer se agotaron las últimas localidades.

Al mediodía, en el Monumental, ya habían comenzado con el recuento del dinero porque no les quedaban más tickets. En total, River dispuso de 9700 populares (de $ 10 cada una), 800 entradas para damas, jubilados y menores ($ 5 y $ 3) y otras 800 plateas ($ 60). Aunque el equipo se quedó afuera de la Copa Libertadores, los hinchas dirán presente.

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