Indignación a la española

En España, el árbitro egipcio fue el centro de descarga de la frustración de los hinchas; algunos también fueron autocríticos
Silvia Pisani
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23 de junio de 2002  

MADRID.- Justo cuando empezaba a creérselo, el sueño terminó para España. Y su eliminación frente a Corea dio paso a expresiones de tristeza e indignación en una jornada que, por eso y por varias razones más, se convirtió en negra para millones de españoles. Que se quedaron con la fiesta montada. Y sin poder celebrar.

Muchos lo vivieron como si una confabulación se hubiera armado en contra de España. Y así lo tradujeron en una catarata de llamados espontáneas a emisoras locales en las que la pena por lo ocurrido en Corea-Japón se mezcló con la indignación por la inusual ofensiva de ETA, con cinco atentados en 24 horas.

O con el hecho de que la cumbre europea de Sevilla terminara sin una sola mención a su reclamo sobre Gibraltar (en manos británicas). Tampoco faltó quien recordara la huelga general que hace 48 horas afectó al país.

Fue, para muchos, un día francamente difícil en el que el controvertido arbitraje del partido disparó una catarsis colectiva en un país donde el psicoanálisis no es popular. Y que sirvió para avalar la idea de quienes sostienen que el fútbol es mucho más que fútbol. Si algo hicieron ayer los españoles fue hablar sobre sus sentimientos.

Como en un día de luto, los mensajes ofrecían todo tipo de homenajes. "Al pueblo español, a la alegría que nos robaron, a los chicos de la selección, al entrenador Camacho y, por qué no... al aductor de Raúl." Y junto con ellas se colaban otras de índole política o económica.

A la hora de evaluar lo ocurrido en el césped, la idea generalizada fue echar la culpa afuera. Y el blanco fue -obviamente- el árbitro egipcio, al que dejaron más perfilado que una pirámide. Los primeros sondeos por Internet fueron lapidarios: siete de cada diez españoles lo culparon por lo ocurrido.

Entre ellos quizás haya que sumar al presidente José María Aznar, que, por primera vez, le dedicó más de dos párrafos al Mundial. "Nos han fallado la suerte y algo más...", dijo el habitualmente parco castellano. Y colocó los puntos suspensivos sobre el arbitraje. "Pero estoy orgulloso de la selección y de su entrenador", añadió. Para entonces, José Antonio Camacho ya había transpirado lo suyo.

Desde el rey Juan Carlos para abajo, buena parte de España estaba a las 8.30 (hora local) frente al televisor. Los presidentes que participaban en la cumbre de Sevilla buscaban en vano periodistas ante quienes exponer en la enorme sala con capacidad para 4000 personas, en cuya pantalla gigante se proyectó el partido. Sus explicaciones de alta política tuvieron que esperar al final de la tanda de penales.

En vano, todo en vano. "Sabía que los clubes estaban podridos. Pero no pensé que eso también pasaría en un Mundial". "Hemos asistido a un robo increíble y por televisión". "¿Cómo la FIFA permite éso? Que les vaya a vender a Asia y Africa. Nosotros ya estamos curados", decía el coro de convencidos de que -más que mala suerte- el partido tuvo algo sospechoso.

Luego llegó el turno de la autocrítica. "¿A quién pretendemos engañar? Si la selección española llegó a cuartos fue porque no nos tocó jugar con nadie importante. Qué mérito tiene ganarles a Eslovenia, Sudáfrica o Paraguay, que son equipos muy débiles", dijo el primero en girar el tono del discurso.

"Lo ocurrido frente a Irlanda, al que no pudimos vencer, ya nos indicaba que todo estaba muy prendido con alfileres", dijo otro. Poco después, el pesimismo ganaba espacio. "¿A quién le podemos ganar nosotros?" O más aún, no faltó quien apelara al destino según el cual "España no ganará nunca un Mundial".

Y cuando parecía que lo único bueno que quedaba era el regreso a casa, se impuso el ánimo. Cayó la tarde, el calor aplacó un poco. Y los bares de tapas se llenaron otra vez. Que ya ha pasado. Eso sí, mejor que nadie mencionara al árbitro al que muchos querían ver -como dijo alguien- "disfrazado de momia".

Afónicos por los reiterados reproches de la mañana -"pero, ¿qué has pitado, hombre, qué has pitado ahora?"-, no les quedaba más recurso que esperar hasta el próximo Mundial.

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