Los traumáticos finales del Tolo

Por Martín Castilla De nuestra Redacción
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24 de mayo de 2003  

El destino se empecinó nomás con los finales de ciclo de Américo Gallego como entrenador. Extraña coincidencia se plantea entre este final en Independiente y los otros desenlaces que vivió y sufrió en River. Todas sus despedidas resultan problemáticas. Los títulos alcanzados con anterioridad, el porcentaje de eficacia -que siempre fue alto- o la confianza que supo ganarse en los planteles que dirigió jamás fueron suficientes para mantenerlo firme ante los vientos de cambio.

En diciembre de 1994 no se alejó de River en buenos términos tras haber obtenido, invicto, el Apertura de ese año. Es que Alfredo Davicce, por entonces presidente, quería retenerlo, pese a la insistencia de Daniel Passarella para llevárselo a la selección nacional.

El tiempo cicatrizó la herida, pero luego Gallego se encontraría ante otro final conflictivo en River: el 6 de junio de 2001, David Pintado y Davicce -presidente y vicepresidente- le dieron un corte al segundo ciclo del DT en Núñez. La similitud de aquellas decisiones de los dirigentes de River con las recientes de Independiente son sorprendentes. Como sucedió en los días anteriores a aquel adiós en el Monumental, hace poco las autoridades del Rojo se encargaron de desparramar las fallas del trabajo de Gallego por todos lados.

A pesar de que se hable de salidas elegantes no se trata, ni más ni menos, que de la acumulación de reproches que derivaron en una salida imprevista. Tanto en River como ahora en Independiente se lo hizo responsable de transmitirles inseguridad y presión a sus dirigidos, y fue muy criticado por alinearse demasiado con ellos.

Las elecciones que se avecinaban en River en 2001 aceleraron la impaciencia. Quizás esto no se dé ahora en Independiente, pero lo que no se puede negar es que el poder de decisión del Rojo le bajó el pulgar y enseguida le encontró reemplazante a la indefinición de Gallego por renovar un contrato que vence en junio próximo y que desea respetar como sea.

En River no se le perdonó esa eliminación de la Libertadores en los pies de Palermo ni los subcampeonatos detrás de Boca y San Lorenzo. En Independiente el título conseguido después de ocho años no le dio handicap. Esta parece ser una marca registrada en Gallego, tan amigo de las buenas campañas como de los finales traumáticos.

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