Otros la ven de lejos

Rodeada por muros naturales, la Argentina se recluye y busca intimidad para entrenarse
Martín Castilla
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11 de junio de 2014  

BELO HORIZONTE.- El niño de 12 años, pero que por sus piernas flacas parece de menos, chancletea hasta que llega a la cima del morro que está frente el complejo de Cidade do Galo. Frente al ejército de periodistas que hacen guardia, Joan Pedro se saca sus ojotas verdes y comienza a hacer jueguitos en el mismo momento en que Ezequiel Garay, a unos 800 metros de distancia, toca la primera pelota después de varios días de inactividad. A un día de la llegada a Belo Horizonte, Alejandro Sabella dispuso de unos movimientos, pero como lo marca la idiosincrasia de la selección desde hace años, no se deja ver. Busca privacidad y motivarse. Con mensajes tácticos y arengas internas.

En su primer día entero en el complejo de Atlético Mineiro, el seleccionado permaneció encerrado. A diferencia de otras selecciones, que dejan verse en sus primeras horas en suelo brasileño, la Argentina cree firmemente en la fortaleza interna como principal argumento, desde una mística de trabajo forjada a partir de su intimidad. Justo a la hora que el sol está más fuerte, cuando más tránsito se registra por la Rodovía MG 424, la selección iniciaba su entrenamiento inaugural. Se ponía en marcha y se daban los primeros mensajes con contenido sentimental en el lugar más oculto.

Los muros que resguardan la intimidad del seleccionado son naturales. Apenas unos pocos kilómetros de pared en el ingreso de Cidade do Galo; el resto lo hacen las sierras y los enormes árboles que rodean cada una de las cuatro canchas. En una están los arqueros y en la otra, la más cercana al complejo y con gradas a los costados, el resto de los jugadores. Resulta difícil superar las barreras de la lejanía hacia donde se está buscando la fórmula para potenciar un clima de trabajo y ajustar los detalles antes del debut del domingo, ante Bosnia, en Río de Janeiro. Aunque los exteriores no entregan muchos resquicios visuales, hubo que subir por unas pendientes de asfalto, entre casas a medio construir y con los ladrillos naranjas, para obtener algún indicio.

La planificación de Sabella busca intimidad y privacidad para consolidarse como equipo y como grupo. El de una generación que siente que ésta es su oportunidad. Se confía plenamente en la reclusión. Las características geográficas hacen que apenas se pueda divisar a los jugadores. Aún no hubo ningún trabajo puntual con los titulares que afrontarán el debut, pero salvo Gonzalo Higuaín (traumatismo tobillo izquierdo), Rodrigo Palacio (esguince tobillo izquierdo) y Lucas Biglia (golpe en el muslo derecho), que se movieron en forma diferente, el resto participó de un ejercicio en espacios reducidos apuntado a crear un clima de distensión y de muchas arengas.

El cuerpo expedicionario de periodistas se agrupa, debate los lugares de observación e intenta encontrar los mejores puntos posibles para una captura. Y así es como se descubre a Sabella con unos prismáticos, indagando sobre la tarea y los movimientos de los enviados. Mientras, en la puerta, el sentimiento argentino volvió a decir presente cuando un grupo de hinchas de Necochea desplegaron una bandera, acompañada con un cuadro del papa Francisco.

Luego de los ejercicios regenerativos, los jugadores volvieron a sus recintos. ¿Cómo es la distribución interna? Marcos Rojo-José Basanta, Agustín Orion-Enzo Pérez (con resabios del Pincha), Rodrigo Palacio-Augusto Fernández, Gonzalo Higuaín-Ezequiel Garay (con pasado compartido en Real Madrid), Lucas Biglia-Ricky Álvarez, Sergio Romero-Mariano Andujar, Hugo Campagnaro-Fede Fernández, Javier Mascherano-Pablo Zabaleta (referentes en la selección, incluso desde los tiempos juveniles), Maxi Rodríguez-Martín Demichelis, Ángel Di María-Ezequiel Lavezzi (conexión rosarina y canalla ), Lionel Messi y Sergio Agüero (como en tantas concentraciones albicelestes compartidas desde aquel Mundial Sub 20 de Holanda 2005), y solo en una pieza quedó Fernando Gago, que podrá disfrutar de su soledad más que los demás.

Más allá del reparto de las habitaciones y los agregados que se hicieron en el predio, algunos detalles tienen un toque distintivo. Cada puerta está ploteada con los rostros de sus ocupantes. Y la canción emblema "Vamos, vamos, Argentina" cada tanto se escucha desde dentro de las habitaciones y se contagia al resto. Otro partido, tan importante como el que se juega por los puntos, resulta de la intimidad del plantel. Esa que aún no se deja ver a los ojos de nadie.

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