Un Mundial patas para arriba

Los favoritos arrasaron en las eliminatorias y se fueron en la primera rueda; en cambio, los que más sufrieron para llegar al torneo están en las semifinales
Los favoritos arrasaron en las eliminatorias y se fueron en la primera rueda; en cambio, los que más sufrieron para llegar al torneo están en las semifinales
Cristian Grosso
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23 de junio de 2002  

SAITAMA, Japón.– La supuesta lógica del Mundial acaba de terminar por hacer trizas los recorridos previos a la Copa del Mundo. Ya se sabía lo de Francia, la Argentina y Camerún, por citar tal vez los tres ejemplos más representativos de la debacle.

El efectivo campeón del mundo que había cosechado casi el 80% de los puntos de los partidos que había jugado desde julio de 1998 para acá; el poderoso sudamericano que se había clasificado cuatro fechas antes con unas eliminatorias récord, y el último campeón olímpico y de Africa. Ya se conoce cómo terminaron: ninguno pasó la primera rueda.

Pero para afirmarse aún más en el concepto de las patas para arriba que guía a este Mundial, los cuatro semifinalistas que aterrizaron en Corea-Japón luego de atravesar un tortuoso camino y con las críticas estallándoles en los oídos. Que lo diga Brasil sin ir más lejos. El scratch se devoró 58 jugadores y cuatro técnicos mientras hacía pruebas por América del Sur. Nunca estuvo tan cerca de quedarse por primera vez al margen de un Mundial. Perdió seis partidos como visitante: 1-2 v. Paraguay; 0-3 v. Chile; 0-1 v. Ecuador; 0-1 v. Uruguay; 1-2 v. Argentina, y 1-3 v. Bolivia. Si hasta cedió un empate 1 a 1 frente a Perú, en San Pablo. Sin olvidar, además, las humillantes caídas con Honduras y Australia.

Sólo en la última fecha de las eliminatorias, en São Luiz de Maranhao, cuando la fortuna del fixture le deparó a Venezuela y de local para el cierre, el equipo de Luiz Felipe Scolari respiró aliviado. Tercero, con 13 puntos menos que la Argentina, arañaba un lugar en la Copa.

La situación de Alemania tampoco tiene desperdicio. Finalizó detrás de Inglaterra en el Grupo 9, pero sólo por diferencia de gol. Y se hubiese clasificado directamente si en la última jornada ganaba porque los ingleses no pudieron vencer a Grecia, en Wembley.

Pero el conjunto de Rudi Völler sólo igualó 0-0, en Gelsenkirchen... ¡con Finlandia! Claro que antes ya habían encadenado algunas perlitas increíbles: en Leverkusen, con un tanto de Miroslav Klose, a sólo dos minutos del final consiguieron derrotar a Albania; le ganaron 4 a 2 a Grecia, en Atenas, pero cuando restaban ocho minutos igualaban 2 a 2; en la primera rueda rescató de Helsinki un 2 a 2 con Finlandia, pero tuvo que remontar un 0-2, y en Munich sufrió el peor cachetazo de su historia como local: Inglaterra lo arrolló por 5 a 1 en una noche fantástica de Michael Owen.

El repechaje salvó a los germanos (1-1 y 4-1 ante Ucrania) que de todos modos llegaron al Mundial perseguidos por un coro de reproches tras perder 1 a 0, en Stuttgart, con la Argentina. Otro ejemplo para desestabilizar la solidez de los favoritismos.

Turquía también sobrevivió gracias al repechaje, porque terminó segundo en el Grupo 4 que ganaron los suecos. Y si bien apabulló a Austria por 1 a 0 como visitante y por 5 a 0 como local, debió transpirar para ser el escolta de su zona. El recuerdo lo atestigua: no le pudo ganar a Macedonia ninguno de los dos cotejos ya que empató 3 a 3 en Skopje y 1 a 1 en Estambul, y también en la capital turca perdió 1-2 con Suecia y dejó pasar un empate 1-1 con Eslovaquia.

Por último, Corea del Sur, que no jugó eliminatorias por ser uno de los anfitrión. En la recta final la recorrió a los tumbos. Hoy el DT Guus Hiddink es héroe nacional. Ayer nomás lo querían colgar de un árbol. En el primer semestre de 2002 cayó 1-3 v. Costa Rica; 1-2 v. Estados Unidos; 1-2 v. Uruguay y hasta perdió 1-2 con Canadá. También cedió empates 0-0 con China, Túnez y con la futbolísticamente inexistente Cuba. Sin olvidarse que en 2001 soportó dos porrazos: 1-5 con República Checa y 0-5 frente a Francia.

Pero aquí están. Esta particular Copa del Mundo dice que ellos son los cuatro mejores seleccionados del planeta. Cuesta creerle.

Recuerdo argentino

SAITAMA, Japón (De un enviado especial).– La memoria empuja hacia el mismo recuerdo al buscar un campeón del mundo que haya llegado al campeonato después de clasificarse con angustia: Argentina 1986. Nadie le puede quitar méritos a la epopeya construida por Diego Maradona y sus compañeros en el suelo azteca, pero también es imposible ignorar cómo se clasificó aquel equipo. Frente a la última fecha de las eliminatorias de 1985 había quedado obligado a, por lo menos, empatar con Perú. A diez minutos del final, en el Monumental, perdía por 2 a 1. Entonces, se pusieron de acuerdo el coraje de Daniel Passarella y la arremetida sobre la línea de Ricardo Gareca. A sólo diez minutos estuvo la Argentina de no ir a ese Mundial. Después, claro, otro diez cambiaría la historia.

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