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SANTA FE.- Parecía que Unión comenzaba con el pie derecho esta Copa Superliga. Ganaba 1-0 y faltaba un par de minutos para finalizar el cotejo Cuando se jugaban dos del tiempo adicionado apareció Rescaldani para igualar. Y no fue nada fuera de lugar. Arsenal había intentado cambiar su suerte en el último cuarto de hora. El tatengue también se lo facilitó, cuando se desentendió en el ataque y se sintió cómodo recuperando y haciendo circular la pelota en el medio.
Unión llegó a este cotejo sin la conducción técnica de Leonardo Madelón -interinato de Marcelo Mosset-, y jugando en forma aceptable. Se quedó con las ganas de volver al triunfo después de la eliminación de la Copa Argentina y la dura derrota como local ante Vélez. Si le quedó el sabor amargo de no haber podido cerrar la victoria es algo que debe buscar resolver en la idea de juego. Antes de la igualdad había hecho méritos suficientes para tener una ventaja más holgada. Los desbordes de Milo, la potencia de Cabrera, la compañía de Carabajal y la potencia de Troyansky y Bou, eran argumentos válidos para sumar.
El comienzo mostró el ímpetu de ambos equipos pero a la par desnudó cierta fragilidad en el trabajo ofensivo. Hasta el primer cuarto de hora hubo más ritmo que claridad. Impresionó mejor el local pero Arsenal respondió, especialmente cuando entraron en juego Méndez y García. El tatengue buscó en Carabajal el hombre que generara el fútbol que le permitiera estar próximo a Sappa, pero las intermitencias del volante terminaron por diluir un esquema que se hizo enredado, impotente.
Arsenal pasó de buenos pasajes de fútbol ordenado a momentos críticos cuando debió pararse muy atrás para contrarrestar el trabajo de su adversario. El cotejo tuvo un quiebre en los últimos 10 minutos. Unión resignó espacios y Arsenal cambió. Las modificaciones lo volvieron más incisivo, agresivo, y encontró su premio al final. Premio justo para quien no bajó los brazos, desconsuelo para el que no supo defender lo que había logrado.




