La avanzada tucumana

César Costilla tomó la punta en Nordelta a 18 hoyos del final y le lleva tres golpes a su coterráneo, Andrés Romero; entre ambos se ubica Scott Dunlap, a dos del líder y campeón en 1999
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13 de diciembre de 2009  

En esencia siguen siendo los mismos, aquellos que de pibes utilizaban ramas de mora como si fueran hierros y corchos de sidra o montoncitos de barro en reemplazo de tees. César Costilla y Andrés Romero jugaban a ser golfistas en un potrero de tierra apisonada, pegado al Jockey Club de Tucumán. Esperaban ansiosos que pelotitas desobedientes les cayeran desde el hoyo 9, alambrado mediante, para recolectarlas y seguir construyendo un sueño de jugadores. Había carencias y un porvenir difuso.

Veintipico de años después, con su pasado de caddies, pelean la vanguardia del 104° VISA Open. Costilla es el puntero, con 208 golpes (-8); Romero figura tercero, a tres. En el medio, el norteamericano Scott Dunlap (210), el único de este lote que se adjudicó el Abierto (1999, en Martindale). Faltan 18 hoyos y nada está dicho, en un campo como Nordelta que agita el viento con particular malicia.

Hasta qué punto es cruel el golf -y ciertas condiciones climáticas- que Emiliano Grillo, líder tras el segundo día, terminó envuelto entre las ráfagas y naufragó en las lagunas del par 72. De muchachito de la película pasó a antihéroe, con una fatídica vuelta de 78 (+6). Angel Cabrera también sufrió con sus 76, reflejo de que nunca se acomodó en el certamen.

En cambio, Costilla mostró maña para encauzarse en un trayecto indomable y firmó un score de 69 (4 birdies, 1 bogey); lo mismo para el Pigu, que con 70 golpes ingresó en la pelea directa. Y Dunlap, desde su silencio y a los 46 años, también se coló en el último grupo de hoy para revalidar su conquista de hace una década.

No hay incentivo mayor para Romero que verse como actor principal de un torneo. Su experiencia en el PGA Tour y el Tour Europeo, al cabo, podría ser decisiva para vencer a su coterráneo, que viene tocando sin éxito las puertas de ambos circuitos por culpa de clasificaciones fallidas.

Costilla, de 30 años, no se caracteriza por ser hombre de domingos. Es permanente animador en el tour local, aunque suele derrumbarse en la hora clave. Sólo ganó en el Abierto de Misiones de 2006. "Estoy tomando té de tilo para quitarme esa presión en las definiciones", dice.

En su cinturón lleva la S de Superman. "Pero es porque me apodan Sapo , ¿eh?", aclara rápido. El recuerdo de su infancia lo retrotrae a una casilla de madera y a una cama hecha de cartones, tiempos durísimos que lo moldearon como un luchador. "Para mí, el golf es un trabajo", jura.

Cuando comenzó en el profesionalismo no se animaba a ingresar en el vestuario del club de turno; se cambiaba afuera. "Ni loco entraba, tenía miedo de que me retaran o me dijeran ¿qué hacés acá? ". El fallecimiento de su madre, Teresa, significó un punto de quiebre, literalmente. El Sapo buscó una salida en el alcohol, hasta que conoció a Mónica, su mujer y madre de sus hijas, Martina y Delfina. "Ahora ellas me piden por teléfono: Traeme un trofeo ", relata. "Gracias a Mónica comencé a cambiar de a poco, no sólo en el tema de la bebida sino en mi carrera profesional", había contado a La Gaceta de Tucumán hace un año.

Por fortuna, su principal problema hoy es meramente deportivo. "Me preocupa el Pigu, que está ahí en el leaderboard. Pero mi sueño de siempre fue ganar el Abierto. Ultimamente practiqué muchísimo, en especial en el green."

Romero, de 28 años, viene reduciendo al mínimo su margen de error. Ayer pagó con un doble bogey una caída al agua en el hoyo 3, aunque se recuperó con cuatro birdies. Es un jugador que estuvo a dos hoyos de ganar el Abierto Británico en 2007, que ya triunfó en el PGA Tour y al que sólo le resta ir a por todas , muletilla de sus golfistas españoles amigos. "Mi año no fue muy bueno, pero sería divino terminarlo con un triunfo en el Abierto. No voy a querer dejar pasar la oportunidad, aunque Costilla es un jugador excelente."

Nordelta abrirá sus fauces hoy por última vez. La avanzada tucumana está a la espera de hacer historia. Merodea un norteamericano. Aún no hay cosa juzgada.

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