Santiago Grassi, el nadador que se forma en Estados Unidos y llega a Lima 2019 con un récord nacional

Santiago Grassi, récordman argentino en 100 metros mariposa.
Santiago Grassi, récordman argentino en 100 metros mariposa. Crédito: Prensa COA
Olivia Díaz Ugalde
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24 de julio de 2019  • 23:59

Pensó que los resultados aparecerían al poco tiempo. Que bajar 21 centésimas sería cuestión de meses. Que los entrenamientos darían sus frutos y sus buenos momentos de competencia se mantendrían. Pero no fue así. Cuatro años le llevó a Santiago Grassi alcanzar uno de sus objetivos. Cuatro años de pleno compromiso, de cambio de vida, de mucho esfuerzo, de extrema dedicación. Entendió que cada día se puede pulir un poco más la técnica, que la natación no es un deporte individual, que los logros son festejados en equipo y que cuando uno se fija una meta, tarde o temprano, llega.

Hoy festeja y su voz se vuelve suave, jovial, cuando relata el momento en el que tocó la pared y miró el reloj. Aquel día lloró como nunca. Cuando llamó a su familia no tuvo palabras; solamente lágrimas y un 'lo hice'. El argentino que reside en Alabama, Estados Unidos, batió su propio récord argentino en los 100 metros mariposa durante un torneo universitario. Marcó 51s88/100, registro que supera el estipulado por FINA para acceder a los Juegos Olímpicos de Tokio (51s96/100). Pero por no haberlo conseguido en un campeonato homologado, deberá repetir en Lima 2019.

"En los Juegos Panamericanos de 2015 hice mi mejor marca en los 100 mariposa, 52s9/100, y la verdad es que pensé que romper la barrera de los 52 segundos iba a llegar pronto. Por eso a este logro, el de bajar a 51s88/100, lo esperaba desde hacía mucho, mucho tiempo. El año pasado bajé el récord argentino que tenía de Toronto, por 5 centésimas, pero eso no era lo que yo quería: me faltaba romper esta barrera", explica desde Estados Unidos para LA NACION el santafesino de 25 años.

Esta temporada de buenos resultados es producto del compromiso que el nadador asumió hace tres años, cuando aceptó una propuesta de la Universidad de Auburn. Tras lo sucedido en sus primeros Panamericanos, recibió una invitación a una beca deportiva para ir a estudiar marketing y entrenarse en el equipo universitario de natación. Era joven, y dejar a su familia era lo que más le dolía. No era una decisión fácil de tomar. Pero luego de su participación olímpica en Río de Janeiro 2016, aceptó y se zambulló en la élite de la natación. Un cambio de hábitos, en un lugar para los elegidos.

-En estos tres años que llevás en la universidad, ¿dónde notás los mayores cambios? ¿Cómo fue el proceso de adaptación en los entrenamientos?

-El equipo con en el que me entreno es muy grande y somos como una familia, todos con la misma mentalidad: entrenarse para ganar. Los entrenamientos son duros, exigentes, de mucha intensidad, lo que obliga a sacar lo mejor de uno siempre. Cuando uno está cansado, mira al de al lado, que tampoco da más pero dice "dale, que podemos", y eso ayuda mucho. Creo que esa fue la mayor diferencia que encontré: un equipo que motivara y tirara para adelante. Antes, entre descansos estaba acostumbrado a estar callado hasta mi siguiente pique; ahora es llegar y no tener aliento, y así motivar a que está al lado para que dé un poco más. Esto me ayudó muchísimo personalmente y para darme cuenta de que la natación no es algo individual. Si bien, cuando uno compite, piensa que está solo, afuera está el equipo alentando. A los resultados los logramos individualmente, pero los festejamos como grupo.

-¿Qué evolución deportiva experimentaste en estas temporadas?

-Tomé la decisión de venir a estudiar a Estados Unidos con el objetivo de superarme, mejorar mis tiempos y crecer. Si bien en los últimos meses tuve una evolución buena y rápida, no siempre pasó. Desde hace ya dos años y medio estoy en tiempos. Me llevó tiempo adaptarme, encontrar qué necesitaba ajustar para sacar lo mejor de mí. En mi primer año hice 52s15/100, ahí nomás de mi mejor marca. En el segundo año llegué a nadar en 52s4/100, y ahora, en 51s88/100. Los resultados no llegaron en poco tiempo. Este año, además, hubo cambio de entrenadores en la universidad, y se sumaron dos especialistas en velocidad. Decidí enfocarme de lleno en esta modalidad, y creo que fue junto al grupo y con los cambios en mi técnica como logramos sacar lo mejor de mí.

Grassi es una de las mayores esperanzas individuales de la delegación albiceleste en los Panamericanos de Lima.
Grassi es una de las mayores esperanzas individuales de la delegación albiceleste en los Panamericanos de Lima. Crédito: Prensa COA

-¿Cuánto te entusiasman este récord, tu presente, tu buena preparación con miras a Lima?

-Estos resultados, sobre todo el último, son una motivación excelente para los Panamericanos. Porque allá va a haber chicos que ya están dentro de los 51 segundos, que los marcaron hace poco, y yo antes pensaba "uuufff, voy a tener que hacer mucho esfuerzo para bajar el tiempo". Ahora ya estar entre los que lo bajaron me motiva muchísimo. Sé que va a estar muy peleado, pero también sé que estoy en el nivel. Además llego ilusionado por cómo logré bajar mi marca, ya que fue durante un torneo de entrenamiento. Es decir, llegamos después de varias competencias, sin descanso, y fuimos a competir. Sabía que iba a tener un buen torneo [venía de registrar 52s6/100 en el Mare Nostrum], y ese domingo me dije "estás bien. Desde hace mucho tiempo estás buscando esto. ¿Por qué no puede ser hoy el día?". Creo que la parte mental fue clave.

-¿Ya tenés en la mira los Juegos Olímpicos?

-Sé que voy a ir a Tokio, porque tengo la marca; solamente debo volver a hacerla en un torneo oficial. Sería mi segunda participación olímpica, y eso hace que los objetivos sean otros. ¿A qué voy? No quiero ir a ver qué pasa. Creo que tengo que ir enfocado y con objetivos claros. Va a ser muy difícil, pero quiero ser protagonista. Falta, y todavía hay mucho trabajo por realizar.

A Grassi lo representan sus tiempos, pero sobre todo sus ganas de superarse. No se conforma y sigue. Con 18 años protagonizó su primer torneo continental y se colgó la medalla plateada (52s9/100); un año más tarde debutó en Juegos Olímpicos y terminó 12º, con 52s56/100. Además de poseer el récord argentino en los 100 mariposa, mejoró en abril, con 23s65/100, la plusmarca nacional en los 50 mariposa, que poseía. En Lima 2019 actuará en 50 y 100 mariposa y en 50 libre.

Sus sueños abarcan las citas olímpicas y los mundiales, donde quiere ser protagonista importante, al punto de que la consagración es su meta. Pero también reflexiona fuera de la pileta. Piensa en sus seres queridos, sus amigos, sus compañeros y los seguidores. Quiere ser un modelo de entrega y coraje. Dejar su huella para las generaciones siguientes. Enseñar con el ejemplo, contar su experiencia. Hoy apunta a seguir evolucionando -rescata su mejoría en el nado subacuático-, pero sostiene que siempre hay cosas por pulir.

-¿Qué te apasiona de la natación?

-Encuentro una sensación, una posibilidad de superarme en cada entrenamiento. Me entreno, mejoro y me supero: es una sensación que no puedo explicar. Porque en los entrenamientos vomito, sufro, estoy al borde de llorar de dolor, y sin embargo esto es lo que me apasiona. Hay que trabajar duro para alcanzar los resultados, porque estos son el reflejo de todo el trabajo realizado. No es un deporte para mediocres. Hay que ser responsables, trabajadores, y creo que por eso me atrapa.

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