Otra jornada con el ritual de las sierras

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11 de mayo de 2003  

VILLA CARLOS PAZ (De un enviado especial).– "Aquí, Chibito. Little Chibo". El cartel, llamativo por cierto, estaba hecho en un viejo pizarrón verde. Las letras dibujadas con tiza invitaban a comer, a argentinos y extranjeros, un muy tentador chivito.

El sol apenas se asoma entre las sierras a las 7.30 y el camino de tierra, cerrado desde las 2 de la madrugada, espera el paso de los raudos. El aroma es constante. Entre la peperina y la menta se mezcla el humo de las improvisadas parrillas. No importa la hora. Puede ser mediodía o amanecer, pero siempre habrá carne arriba del fuego.

El paisaje invita a todos. Allí estaban Jorge, Daniel, Mariano y Felipe, cuatro jóvenes de Río Cuarto que gozaron del permiso de un comercio en el que trabajan para viajar hasta La Cumbre. Llegaron a dedo, con sus mochilas y la plata necesaria para comer y cargar el "combustible oficial del Rally", como ellos mismos lo bautizaron: el Fernet con Coca. Y el particular slogan no desentona. Donde se junten más de tres muchachos en las sierras, tendrán, en una botella de plástico recortada, la famosa mezcla bebible en mano.

Así como llegan aquellos que no cuentan con los mejores presupuestos para gozar de la carrera, al lado se ubica una familia de Córdoba capital, que dejó la cuatro por cuatro a cinco kilómetros, en otro camino de tierra. En la sierra no hay diferencias sociales y todos van para gozar de un sentimiento único. De una pasión que, como todo amor apasionado, no tiene explicaciones y suele sorprender a cada paso.

Basta con observar el éxtasis que provoca el paso del coche a sólo 50 centímetros, mientras las ruedas arrojan las piedras del camino hacia los costados y la tierra y el barro impacta contra la gente.

La espera es larga. Para muchos pasaron más de 12 horas hasta que pasa el primer coche, después de una noche de frío a la intemperie. Así como los pilotos se esmeran por superar al reloj y ganar en la clasificación, la gente se divierte con los ocurrentes dichos que genera la convocatoria popular y los personajes que la componen. "Adiós bombón de ley", le gritan a una mujer policía que se sonroja. "Dale Valderrama, salí de ahí", es el reto simpático que recibe el rubio enrulado que se cruzó de forma inapropiada en el camino. Por supuesto que varios, empujados por el "alto octanaje" en la sangre tras varios tragos de la bebida oficial, no se inmutan con la guarangada a flor de labio.

Las principales víctimas son los policías. Ellos se ganan la antipatía de la tribuna cada vez que piden que nadie se pase de los límites marcados. Silbidos, abucheos y el recurso de encontrarle algún parecido se reitera constantemente. Hasta los uniformados se ríen y allí el clima cambia: la reprobación se transforma en aplausos y simpatía.

Minutos después los coches acaban de pasar. Todo terminó en ese tramo. Si hay tiempo, muchos se van corriendo a los autos para dirigirse a algún otro especial. Allí se unirán a otra multitud que, al igual que ellos, formaran parte del mismo ritual. Y todo vuelve a empezar...

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