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LYON.- Un semicírculo de periodistas entrevista a Juan Martín Hernández. La charla se interrumpe de golpe. Una invasión de pelotitas de papel encuentra su blanco enemigo en la nuca del jugador. Juan Martín se ríe, se desentiende de la requisitoria y pregunta retóricamente: "¿A que es mi amigo Roro?" . Unos metros atrás la carcajada de Rodrigo Roncero es la evidencia pura de la culpabilidad. Bromista por naturaleza, el pilar es uno de los máximos responsables para que la buena onda gobierne al grupo. Sin embargo, esconde una faceta seria y reservada, tal vez poco conocida: es el otro médico que tienen los Pumas.
Atraído por la medicina desde sus primeros pasos en la escuela secundaria, Roncero se recibió en Buenos Aires durante sus años en Deportiva Francesa. El rugby profesional le impidió comenzar con la especialización y debió hacer un paréntesis obligado. Pero una vez que finalice la Copa del Mundo retomará los estudios. Por recomendación de Alexis Savigny, el doctor de Stade Francais, el equipo para el que juega, empezará a cursar una maestría en Medicina Deportiva. Además, continuará editando una revista especializada en medicina que se distribuye en las salas de espera de varias clínicas de Buenos Aires. Sus respuestas valen la pena.
-¿Cuán factible es tener una profesión a la par de la actividad rugbística?
-De poder se puede, aunque a veces puede ser complicado. Es lo que te toca vivir de acuerdo con las realidades de los países. Si el rugby no te da de comer, es necesario buscar otras opciones, y dejamos el rugby como hobbie. A mí me encanta haberme recibido de médico, pero también me gusta trabajar y poder vivir del deporte, que es lo que más me gusta. En otros países, como en Francia e Inglaterra, viven otras realidades y pueden vivir del deporte; nosotros tenemos estructuras amateurs y eso es imposible. Estudiar tal vez sea más una obligación que el deseo de uno mismo. Hoy me encantaría poder vivir del rugby en la Argentina y no puedo.
-¿Regresarías a jugar allá, en caso de construirse una estructura profesional?
-No sería fácil, pero se puede. Lo importante no es que volvamos los jugadores que estamos en el exterior, sino intentar que no se vayan los de allá. Cada vez se van más jóvenes, y todos se quieren ir a jugar afuera. La UAR se debe una reestructuración y darle más importancia al Nacional de Clubes, por ejemplo.
-Retomando el tema de la medicina, ¿tal vez la edad te obligue a ejercer en algún momento?
-Y de algo voy a tener que vivir. Sería bueno vivir del rugby toda la vida. Espero retomar la medicina en algún momento. Por lo pronto voy a empezar en breve un máster en medicina del deporte.
-¿Vas a poder hacer las dos cosas a la vez?
-Vamos a intentarlo, después veremos. Hay que morir en el intento, eso seguro. Felipe (Contepomi) lo hace y ya nos mostró el camino. Mi caso es diferente porque me recibí jugando en la Argentina y no en el rugby profesional como él. Me entrenaba tres veces a la semana a la noche, pero no es lo mismo la carga horaria del profesionalismo y el amateurismo. El rugby acá te saca todo el día y se complica bastante. Pero voy a hacer el intento.
-Supongo que elegiste la medicina por vocación, ¿te interesas y opinas cuando pasan cosas en el grupo como lo de Martín Gaitán u otras lesiones?
-Sí, claro que me interesa. Siempre charlamos con Mario Larrain, Daniel Baetti y a veces con Felipe de las lesiones. Trato de no meterme, solamente que me informen. Pero es divertido tener médicos en el equipo, y más tener referentes de la medicina argentina como Mario. Es bueno que te cuenten y aprender de ellos.
A los 30 años, casado y con dos hijas (Juana y Lola), Roncero proyecta su vida más allá del rugby. A pesar de tener contrato hasta 2009 con Stade Francais, su otra vocación no frenó el espíritu de aprendizaje y crecimiento. Es una buena señal para el futuro.
16 son los tackles que hizo Rodrigo Roncero en el debut del Mundial ante Francia.



