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El 7 de noviembre de 1987 los Pumas derrotan al seleccionado australiano por 27 a 19 en un estadio de Vélez colmado; con el empate 19 a 19 que habían conseguido una semana antes, los argentinos se adjudican una serie por primera vez en su historia de enfrentamientos contra las potencias. La victoria resultó una revancha tras el fracaso que significó la actuación argentina en el primer Mundial realizado en Nueva Zelanda.
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Era un momento difícil para los Pumas en aquella primavera del 87. La frustración del equipo en el primer Mundial realizado en Nueva Zelanda estaba demasiado fresca en el ánimo de todos. La inesperada y dolorosa derrota contra Fiji en el debut fue un quiebre en el plantel que conducían Silva y Guastella, y la despedida en la primera ronda se hizo inevitable.
Había críticas a los entrenadores, reproches por nombres que no deberían haber faltado y descontento en algunos integrantes de un plantel que después del debut derrotó con dificultad a Italia y entregó lo último ante unos All Blacks que serían los primeros campeones mundiales.
El elegido para tomar las riendas de los Pumas en la nueva etapa fue Rodolfo O’Reilly, un hombre que había estado al frente de dos victorias resonantes del rugby argentino: contra los Springboks, con Sudamérica XV, en 1982, y ante Australia, un año más tarde, en el que fue el primer éxito de los Pumas en un test en el exterior.
Serafín Dengra, uno de los que continuó en el plantel tras el Mundial, describe a O’ Reilly desde su afinidad personal: "Si hay alguien al que le debo mucho es a Rodolfo. Es una gran persona, un gran entrenador. Es un tipo muy noble e inteligente para plantear los partidos. Pone a los 15 que debe poner y no se equivoca. Cuando me convocó por primera vez yo jugaba en tercera división. Era excelente, tenía una enorme llegada, nos hacía creer que éramos los mejores del mundo. Decía que la pelota era como la cara de Jacqueline Bisset, que había que cuidarla siempre. Como entrenador te ponía en éxtasis".
La primera misión de O’Reilly era recuperar la moral del equipo. Para formar la base de su plantel renovó la convocatoria de jugadores que no habían rendido en el mundial, pero que tenían capacidad probada, como Porta, Cash, Dengra, Branca, Madero, Cuesta Silva o Turnes. A ellos les agregó algunos veteranos que no fueron tenidos en cuenta por la anterior conducción (Courreges, Loffreda, Alejandro Iachetti, Soares Gache) y un joven que representaba el poderío del rugby tucumano por aquellos años: el ala Pablo Garretón.
"Michingo había juntado a un grupo de caudillos, tipos capacitados, de garra y corazón. Por ejemplo, yo no veo un tercera línea con la entrega de Georgie Allen, o con el temperamento de Loffreda, Cuesta Silva, Turnes, Madero. ¡Eran todos cracks! Milano, en la cola del line, era un as de espadas; Perica Courreges tenía una locura espectacular para jugar.
"Volvimos del Mundial, que fue un fracaso, y tuvimos la oportunidad de jugar la serie con Australia, en Vélez. Venían de ser semifinalistas en Nueva Zelanda y tenían un equipo lleno de figuras. Todos eran jugadores muy talentosos. Me entrené muchísimo para esos partidos y en el balance, empatar y ganarles fue algo glorioso. Formamos un equipazo, con una relación bárbara con el público. ¡Cómo me voy a olvidar de esos partidos si en las tribunas corearon mi nombre!", se emociona Serafo.
Australia, con el polémico Alan Jones como entrenador, también quería olvidar una actuación decepcionante en la Copa del Mundo. Arribaron a Nueva Zelanda como los grandes candidatos a disputar la final con los locales, pero tropezaron con Francia en el mejor partido de la historia de los mundiales, y después perdieron con Gales la definición por el tercer puesto. Realizaron la gira sin su máxima figura, David Campese, pero les sobraba nombres de jerarquía: entre los forwards estaban nuestro Topo Rodríguez, Tom Lawton, un hooker que superaba en ancho y altura a los pilares, una torre de dos metros como Steve Cutler, y una tercera línea con Tuynman y Poidevin como destacados. Entre los backs estaba lo mejor: Nick Farr-Jones, Michael Lynagh, Matt Burke, y un genio que nunca terminó de explotar en el rugby internacional: Brett Papworth.
Los partidos programados en nuestro país eran una buena ocasión para darles desquite a los experimentados y probar a los Wallabies del futuro, pero aquí sólo les esperaba más amargura. Su primer contacto fue con el campeón de Buenos Aires en Vélez, y allí tuvieron una muestra de lo que sería la gira: el SIC, con un pack fuerte y homogéneo, los martirizó con su famoso scrum y les arrebató un empate histórico (18 a 18).
Christian Mendy, un potente wing de Los Tilos, llegó al seleccionado en silencio y terminó siendo uno de los actores destacados de aquella serie con los Wallabies: "La convocatoria a los Pumas me llegó por sorpresa. Luego de la mala actuación el Mundial de 1987, los nuevos entrenadores, O´Reilly y el Ruso Sanz, decidieron convocar para el sudamericano de ese año a jugadores muy jóvenes. Yo tenía 21 años y jugaba en Los Tilos, que por esos años estaba en segunda. Después del sudamericano fuimos citados para los Pumas. Obviamente era suplente, pero las lesiones de Chirola Scolni primero, y la de Rafa Madero, después, me permitieron jugar".
Después del emotivo empate en el primer test (19-19), los Pumas se dieron cuenta de que podían dar el golpe contra los prestigiosos australianos. El público interpretó lo mismo, porque colmó Liniers para empujar al equipo a la victoria.
"En el primer test no jugamos muy bien, pero nos alcanzó para empatar ante una de las mayores potencias del rugby. En el segundo partido me tocó entrar por Madero, que se lesionó. Tuve la suerte de hacer el try de la victoria con un pase de Hugo Porta que no me voy a olvidar jamás." La jugada que recuerda Mendy selló la victoria en el partido y en la serie: con los Pumas 21 a 19 arriba, Garretón recuperó una pelota perdida y la cedió a Porta; el N° 10 corrió unos metros y habilitó a Mendy, que enfiló decidido hacia el in-goal. Cuando parecía que el veloz Ian Williams llegaría al cierre, pisó hacia adentro y se fue solo al try mientras Vélez llevaba su euforia a la máxima intensidad.
"Después de la victoria no me quedé al tercer tiempo, ni a la fiesta que había más tarde. Me fui con mis amigos a comer un asado y chau. Era muy chico y no tomé conciencia de lo que me estaba pasando. Después me di cuenta de que había hecho un try trascendente contra uno de los mejores equipos del mundo. Estuve en los planteles de los Pumas hasta el 91, cuando quedé afuera de la última convocatoria para jugar el Mundial de ese año.
"Hoy, cuando pasaron más de 15 años, los mismos muchachos que fueron Pumas en el 87 son mis compañeros de ruta en Los Pumas Classic. Estamos más cerca y más juntos que en aquella época. Ahora nos divertimos, viajamos, nos mantenemos en contacto y esto para mí es invalorable. Ojalá lo podamos mantener toda la vida. Pensar que todo esto arrancó en el 87 y hoy seguimos siendo todos grandes amigos", cuenta Mendy.
La última acción del partido estuvo a cargo de Porta, que convirtió el try de Mendy en gol, y con el silbato final del árbitro levantó los brazos en señal de despedida. Su idea en ese momento era decirle adiós al seleccionado, pero ése no sería el último capítulo de su notable trayectoria. Tres años más tarde respondería al llamado de la sangre Puma para acompañar a una nueva generación en la gira por Gran Bretaña.



