Guillermo Vilas: "La Argentina tiene proyección para una buena vida en la Davis"

En una charla en Montecarlo, el símbolo del tenis de nuestro país elogió el crecimiento de la Legión. “Llega con el pico de rendimiento sobre el comienzo de Roland Garros”, afirmó
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22 de mayo de 2003  

MONTECARLO.– Su transitar, inconfundible, siempre con una vincha y un raquetero sobre su hombro derecho, parece ser el mismo. Pero no lo es. Su arribo a la terraza del Montecarlo Country Club, con vista al Mar Mediterráneo, invitan a un viaje imaginario a 1976 o 1982, cuando, tras conquistar uno de los torneos más antiguos del planeta, Mónaco se puso a sus pies.

Hace ocho semanas que Guillermo Vilas, el mejor tenista argentino de todos los tiempos, está instalado en el departamento que posee en el principado. "Siempre me tratan fantástico. Hace 27 años que vine por primera vez. En ese tiempo era todo diferente. Las temporadas empezaban en enero y terminaban el 15 de diciembre. Necesitaba un lugar intermedio donde quedarme. Y, al igual que (Björn) Borg, hice centro acá. Después vino el resto, (Mats) Wilander, (Boris) Becker y muchos otros deportistas de otras disciplinas", comenta, minutos después del encuentro. Atrás había quedado una larga mañana en la que participó de una exhibición que, con motivo de los premios Laureus, realizó junto con Becker, John McEnroe, Henri Leconte, Emilio Sánchez y Mansour Bahrami.

Pero Vilas es Vilas y ese valor agregado no se desgasta con el transcurrir del tiempo. Aquí la gente se acerca y lo detiene para saludarlo. Pero Vilas no sólo provoca devoción en los socios de este tradicional complejo. Su presencia también sacude al encordador italiano del club, quien sale para estrecharle la mano, justo a metros de donde se encuentra una de las dos placas de cerámica con su nombre que recuerdan, al igual que el del Alberto Mancini en 1989, los triunfos anteriormente citados. Toda una fotografía de Vilas en Mónaco.

A pocos días del comienzo de Roland Garros, las palabras de este referente de 50 años, ganador de cuatro títulos de Grand Slam y otras 58 conquistas en el circuito, son útiles para ver cómo analiza el fenómeno que vive el tenis argentino.

Guillermo, durante el fin de semana último, Hamburgo disfrutó de una definición argentina. ¿Qué sentís al ver los resultados que se están logrando?

–Se trata de un grupo que sigue creciendo, que lo hace de un modo progresivo y que viene bien. Al ser un grupo grande y bueno, el dominio de cada uno de ellos se irá intercambiando. Ahora están Coria y Nalbandian, que viene con el arrastre de lo que logró en Wimbledon. Ahí no más, Calleri y Zabaleta. Gaudio está un poquito más abajo, pero se va a recuperar. Como dije, no suben y bajan sino que se empujan. Hasta Puerta, que estaba lejos, aprovechó el envión y se metió otra vez en la pelea.

¿Hay alguno que te guste más?

–No tengo una preferencia en especial. El que más despegó fue Nalbandian, simplemente por haber llegado a la final de Wimbledon.

¿Qué vislumbrás para los argentinos en Roland Garros?

–Será muy abierto. Para los argentinos será bueno llegar con el pico de rendimiento sobre el comienzo de Roland Garros. Hay que entender que la crema del tenis son los cuatro torneos de Grand Slam y el Masters. Llegar bien es lo más importante, pero cada uno lo planea, cada uno tiene su sistema.

¿Cuál era el tuyo?

–No lo voy a decir, me llevó muchos años encontrar el secreto.

Después de la semifinal de Hamburgo, hubo versiones de una supuesta pelea entre Coria y Gaudio...

–Yo no escuché nada, no tengo idea de qué pasó o pudo haber pasado. Estoy en Mónaco. Sí puedo decir que este grupo homogéneo va a tener sus roces. Es algo humano. Nada más.

A fines de 2001, antes de la gran explosión del tenis argentino, que volver a la cima costó 25 años. ¿Cuál es el camino, pese a las dificultades económicas, para mantenerse?

–Los grupos se potencian y bien vale para ello ver el ejemplo de España o Francia. Los españoles siguen sacando jugadores, son un ejemplo. Ahora está Nadal, un chico de 16 años; Safin juega para Rusia, pero es español, ver eso ayuda; los franceses tampoco paran. Si las cosas están organizadas, el tenis es un proceso continuo.

Más allá de lo que ocurre con los argentinos, ¿cómo ves el circuito internacional?

–En un momento complicado. El tenis es único, limpio y sin injerencias. Se enfrentan seres humanos con picos altos y bajos, cada uno trae propuestas, ideas, como en la época nuestra, cuando con Borg introdujimos el top-spin. Hago un repaso y veo que hasta hace poco todos los jugadores eran altos; hoy son bajos. Veo que Sampras –en el último US Open– y Agassi dieron signos de interrupción. Se trata de un momento de alternativas.

En una charla con Vilas no podía faltar la Copa Davis. Gran parte su idilio con el público argentino se forjó con los triunfos que consiguió en el torneo por equipos. "En la Argentina se produjo un fenómeno extraño. Porque la gente se conectó con el tenis por la Copa Davis y ese primer paso fue muy grosso. Bill Tilden decía que es la única competencia del tenis que incorpora a un país o que lo moviliza. Y es verdad porque el público viene a jugarla. La Copa Davis mantiene vivo el tenis en lugares como Bolivia o Perú, que no tienen pruebas del circuito, pero que una o dos veces al año la juegan. Son cinco partidos y para ganar se necesita un equipo, la única medida para saber qué nivel tiene ese país. Repasemos y te das cuenta de que los que llegan son los que tienen esa media."

¿Y hoy nuestro país tiene esa media?

–Sí, la Argentina tiene proyección para una vida buena en la Copa Davis.

¿Cómo imaginás el choque con España por la semifinal?

–Los partidos que nacen con tanta expectación muchas veces son un fiasco. La Argentina puede ganar la semifinal. Siempre el local tiene algo en su favor, pero debe saber aprovecharlo. España tendrá esa ventaja, pero la Argentina también va a tener una posibilidad. Recordemos el partido de Clerc con Rusia, en Buenos Aires. Teníamos todo para ganar, pero se dio vuelta y... todo es posible.

"Acá tienen una mirada positiva del país"

MONTECARLO (De un enviado especial).– La situación política de la Argentina no estuvo ausente en la conversación con Vilas. Cuenta que "siguió muy poco" el proceso eleccionario que concluyó con el triunfo de Néstor Kirchner. "No se puede opinar si no se ve desde el lugar. Los países hay que vivirlos. No se puede formar una opinión desde lo que te cuentan o lo que uno lee por Internet. Si puedo contar que acá tienen una mirada positiva del país. Ven un ordenamiento, pero por otra parte te dicen que posteriormente pasa lo mismo. Hay algo que te hace creer que es bueno y después no se sabe por qué ocurre lo malo".

¿Qué harías para revertir la situación?

–La gente tiene que buscar cosas que la una. Hoy todo se ve desde lo económico. Pero hay países que pueden dar signos desde otros sectores. Hay presentaciones en las cuales se trata de impactar al argentino y no al extranjero. Hay que mostrar algo al otro, para vender la imagen del país.

Vos sos una imagen conocida en todo el mundo.

–A mí nunca me llamaron... En realidad, una vez iba a trabajar con el tema de la carne, pero explotó la aftosa. Después, nadie se acercó. Pero yo sé que tengo una buena imagen afuera y cada lugar al que me acerco me siento bienvenido.

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