Henin, señora de los triunfos

La belga demolió a Ivanovic por 6-1 y 6-2, en 65 minutos, y consiguió su cuarto título -el tercero consecutivo- en París; la N° 1 del mundo vivió su primer gran festejo tras el divorcio, con el apoyo de su entrenador de siempre, el argentino Juan Carlos Rodríguez
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10 de junio de 2007  

PARIS.- "No pensé en eso, realmente. Pero creo que Reina del Clay (polvo de ladrillo) está bien. Cuando era pequeña soñaba con ganar el torneo y ya lo hice cuatro veces, las últimas tres seguidas, no perdí un set No pueden imaginar lo que quería esto. Estaba nerviosa, pero no podía perder, quería otro título. Fueron muchas emociones para mí". Hace tiempo que, en el último sábado de Roland Garros, la que tiene la última palabra se llama Justine Henin. Por eso tuvo que elegir un título de nobleza para sí, entre un par que le propusieron.

La pequeña belga, la gran luchadora, probablemente la tenista más talentosa del circuito femenino en la actualidad, le pasó por encima a la serbia Ana Ivanovic en la final del segundo Grand Slam de la temporada: ganó por 6-1 y 6-2, en una hora y cinco minutos.

Fue una demostración devastadora de tenis. Henin desplegó su revés exquisito, único en el circuito. Sus golpes tuvieron una aceleración que Ivanovic no pudo contener jamás. La belga sufrió un quiebre en el primer game del partido y después desbordó a una insegura serbia como pocas veces se vio en una final.

Hace rato, como se dijo, que Roland Garros tiene el nombre y el apellido de Justine Henin, al menos si hablamos de mujeres. Pero hasta el año pasado, el apellido se completaba con el del marido, Pierre Yves Hardenne. Separada de él desde fines del año último, el desenlace de la crisis matrimonial hizo mella en su estado de ánimo. Y eso se impuso a su magnífico tenis. Estaba mal y evitó jugar en Australia, donde había sido finalista el año último.

No es una historia sencilla la de esta chica que venía a Roland Garros de la mano de su madre, Françoise, que falleció cuando Justine tenía 12 años. Entonces se prometió volver a París para ganar el torneo. Aunque cumplió con el sueño, una tormentosa relación con su familia la afecta desde hace años.

Sólo en los últimos tiempos empezó a reconstruir ese vínculo. Por eso ayer vivió una situación inédita: sus dos hermanos y su hermana la alentaron desde el box de jugadores y familiares, junto con su entrenador, el argentino Juan Carlos Tití Rodríguez.

"La relación con mi papá mejoró desde hace tres meses. Sé que me estuvo mirando por televisión y apenas terminó el partido me mandó un mensaje. Ahora hablamos todos los días. Y el agradecimiento en la ceremonia (para la familia, su entrenador y su grupo) fue la manera en que me sentí. Quería agradecerles, hablaba mi corazón, dije todo lo que sentía. Fue un momento increíble, lo pasado es lo pasado y todos tenemos que mirar hacia adelante", explicó en medio de una calurosa y atestada sala de prensa, con jeans oscuros y una remera al tono, luego de recibir de Martina Navratilova y del artista Jaroslav Kralik un cuadro especialmente pintado entre ambos para la ganadora.

Rodríguez es un hombre clave en su vida desde hace once años, cuando comenzó la relación entrenador-pupila. El argentino es de ayuda no sólo tenística, sino espiritual. La comprende, nunca la presionó, aunque la guía con firmeza. Y le ofreció siempre su propia familia como contención. Por eso su hijo más grande, Emanuel, tiene que ver todos los partidos -es la cábala de Justine- y hasta presenció la semifinal con fiebre. Por eso Mateo, el más chiquito, es el ahijado de la N° 1 del mundo.

"Atravesar una separación es un momento difícil para cualquier persona. Uno no puede pedirle demasiado a alguien en esa circunstancia. Hay que respetar sus tiempos. Ella mostró muchos altibajos en el torneo, sobre todo en la primera semana. Su estado emocional se refleja en los partidos. Por ahí, yo veo cosas que otros no", explicó Rodríguez, que ayer estaba feliz porque sabía de la necesidad de Justine de ganar el torneo.

"Su respuesta fue admirable. La semifinal y la final fueron los dos partidos que más fácilmente ganó", completó el entrenador argentino.

"Me sorprendí porque fueron difíciles los últimos meses, pasé por altibajos y me di cuenta de que la vida es así y hay que aceptarla. Me sorprendí por la manera de encarar la situación. Carlos me ayudó y hablamos mucho. Las últimas semanas fueron una gran aventura. Carlos y yo nos acercamos mucho. Esta fue una victoria de equipo", comentó la belga.

Llegó la hora de disfrutar para Henin. Quizá se quede hoy para ver la final masculina. Lo seguro es que amanecerá, una vez más, con la Copa Suzanne Lenglen en sus manos y probablemente vuelva a ofrecerle la conquista a su mamá, en el cielo, como en esa dedicatoria que trazó terminó el partido para esa persona que, casi sin querer, empezó a forjar a una gran campeona.

8 participaciones tiene Henin en Roland Garros, con un récord de 35 victorias y 4 derrotas.

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