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Muchas veces se dice que el tenis es uno de los pocos deportes que puede ser practicado incluso a una edad muy avanzada. De ello puede dar fe Gail Falkenberg, una estadounidense de 69 años que no sólo juega con regularidad, sino que también se anima a participar en torneos del circuito profesional femenino... y a veces gana.
Falkenberg nació el 19 de enero de 1947, según los registros oficiales de la Federación Internacional de Tenis, que recopila sus resultados desde 1986, cuando tenía 39 años y participó en el torneo de San Pablo, Brasil, con una derrota en primera rueda. De acuerdo con las estadísticas de la WTA, se hizo profesional en 1985, cuando tenía ya 38 años; alcanzó su mejor ranking en diciembre de 1987, cuando tocó el puesto 360°.
Cuando tenía 23 años, recibió en la UCLA un título de maestría en producción de imágenes en movimiento, campo en el que trabajó durante más de una década, en la producción de información audiovisual, y también en un centro naval en California, donde se desarrollaba el misil Sidewinder. Hasta que empezó a practicar tenis, un hobby que empezó a tomar cada vez más en serio.
Un día ganó el torneo de singles de parques públicos de la USTA (la federación estadounidense de tenis), y en ese momento se decidió por incursionar en el circuito profesional. Diez años después, comentó: "Empezar a jugar como profesional a los 38 me parecía una locura en ese momento. Pero a los 48 me siento fenomenal". Entonces contó también el porqué de ese cambio en su vida: "Hagas lo que hagas, tiene que venir desde el interior si quieres luchar por algo grande".
Según el diario Orlando Sentinel, hasta llegó a disputar un partido no oficial contra Jennifer Capriati en Orlando, en 1989, cuando la futura número 1 del mundo sólo tenía 13 años, y le tomó tres horas y media de juego para superar a una rival tres décadas mayor por 7-6 y 6-4.
Desde luego, la mayoría de sus incursiones culminaron con caídas rápidas y contundentes. A veces se dio algún gusto, como pasar la primera rueda de la qualy del Abierto de Australia de 1988, cuando superó a la local Alison de Vries (que entonces tenía 17 años) por 6-0 y 6-1. Pero, en general, lo usual fue que muchas veces volviera a su casa derrotada por ese mismo resultado. O peor: el 6-0 y 6-0, conocido en el ambiente de las raquetas como la 'bicicleta'.
Su último triunfo databa de mayo de 1998, cuando superó a su compatriota Lauren Stephens en la clasificación del ITF (el equivalente a los Futures de varones) de Spartanburg. Desde entonces, con varios intervalos de por medio, acumuló 35 derrotas consecutivas; casi siempre en cero, y en el mejor de los casos, con uno o dos games en su cosecha.
Pero el fin de semana pasado, en la clasificación del ITF de Pelham, en Alabama, un certamen con puntaje para el circuito y 25.000 dólares en premios, Falkenberg volvió a celebrar. Con sus juveniles 69 años superó a Rosalin Small, de 22, por 6-0 y 6-1.
Eso sí: al día siguiente, Taylor Townsend se encargó de traerla de nuevo a la realidad. Townsend, de 19 años, que llegó a la tercera rueda en Roland Garros 2014 y que en febrero del año pasado estuvo en Pilar como integrante del equipo de Fed Cup que jugó contra la Argentina, derrotó a Falkenberg sin miramientos: 6-0 y 6-0, en 36 minutos. Las casas de apuestas se hicieron su festín con la pregunta: ¿cuántos puntos le podía ganar Falkenberg a Townsend, 50 años menor que ella y ubicada en el puesto 389° del ranking de la WTA? Lo concreto fue que Falkenberg obtuvo 12 puntos, sin llevarse ningún game, más allá de haber tenido 'ventaja' en un juego. Pero, al margen de esta caída, Falkenberg bien puede certificar que, por lo menos en el tenis, la edad es sólo un número y no un impedimento para tomar la raqueta...y jugar.
Posted by Roy Coopersmith on lunes, 11 de abril de 2016
Posted by Roy Coopersmith on lunes, 11 de abril de 2016
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