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Acompañan a sus dirigidos en giras que duran varias semanas. No sólo deben dar consejos tácticos; a veces representan el hombro de un amigo. Y casi siempre observan el desempeño de sus pupilos desde alguna platea, sin la posibilidad de darles indicaciones. Son los entrenadores, las caras que están detrás de la exitosa Legión Argentina. Fabián Blengino (coach de Franco Squillari; ex Agustín Calleri), Horacio de la Peña (José Acasuso, Gastón Etlis, Martín Rodríguez, Andrés Schneiter, Luis Lobo y el chileno Fernando González), Gabriel Markus (ex David Nalbandian, ahora con el chileno Nicolás Massú), Pablo Martín (Juan Ignacio Chela; ex Guillermo Cañas) y Mariano Monachesi (Agustín Calleri) son algunos de los hombres encargados de asistir, cada uno con su estilo, a los tenistas más destacados de nuestro país; aquí, toman la palabra para hablar de su profesión y de sus dirigidos.
-¿Cómo fueron sus comienzos?
-Con los hermanos Squillari, Pier y Franco, hace unos nueve años. Después trabajé con Diego Varela en una academia, un día apareció Agustín Calleri, le vi condiciones y empecé a viajar con él. Lo hicimos tres o cuatro años y nos fue muy bien (Blengino).
-Dejé de jugar en 1986, y al poco tiempo, Tito Vázquez me ofreció trabajar con él en Ferro. Luego empecé a viajar con Martín Stringari, que era pupilo de él (Martín).
-No lo busqué, es algo que se dio. Cuando dejé de jugar, vi que podía ser mi continuidad laboral y me pareció lo más lógico. Es la manera más parecida de vivir el tenis como en el circuito (De la Peña).
-Mientras yo jugaba ya me gustaba la idea de seguir como entrenador una vez que terminara la carrera. Por una lesión, me retiré temprano y empecé porque siempre me gustó enseñar (Markus).
-Empecé a los 25, cuando yo jugaba en Suiza con un amigo, Ivan Dupasquier, que sabe muchísimo. Después volví a la Argentina y puse una academia con Federico García Berro, en YPF, y al mismo tiempo empecé a viajar con Andrés Zingman (Monachesi).
-¿Cómo se combina el hecho de viajar y al mismo tiempo tener una familia?
-Para nosotros es muy difícil, mientras que para los europeos o los norteamericanos es más fácil, porque si un jugador de allá pierde, al día siguiente está en su casa. Nosotros acompañamos durante semanas, y si nuestro dirigido cae un par de veces en primera rueda, se hace más pesado aún (Martín).
-La realidad es que cuesta mucho, pero la Argentina hoy está muy mal. Aquí uno trabaja y el rédito es poco. Es un sacrificio que se debe que hacer (De la Peña).
-El ritmo de viajes es el mismo. Ser coach es más estresante que ser tenista, porque el jugador se debe preocupar por la práctica o el partido, mientras que el entrenador debe analizar los rivales, atender los viajes o las raquetas, además de la responsabilidad de hacer todo bien porque trabajás para otra persona (Markus).
-¿Cuánta importancia tienen los entrenadores en este momento del tenis argentino?
-Eso lo tienen que decir los jugadores. El nivel argentino es buenísimo, hay variedad de jugadores, distintos estilos, y se empujan el uno al otro para subir. (De la Peña).
-Para mí, es algo individual. Vos tomás a un jugador y explotás sus virtudes. Si el jugador mejora, bien, pero el que sufre y el que entra en la cancha es el tenista. Se trabaja en equipo (Monachesi).
-Hay mucha influencia. Este éxito se debe a los entrenadores que hay en el país; aquí hay muchos diamantes en bruto, y para pulirlos estamos nosotros (Martín).
-Definitivamente, tienen un alto porcentaje. Hay una materia prima buena, y además hay buenos entrenadores, con ganas de trabajar. En este caso, coincidimos varios ex jugadores y eso es bueno, porque aportan experiencia y saben cómo organizar y planificar y saber lo que necesita su dirigido (Markus).
-¿A qué se deben los numerosos cambios de entrenadores?
-No lo sé. Quizá falta personalidad en algunos entrenadores que permiten ciertas cosas. No encuentro una explicación (De la Peña).
-Hay una convivencia constante con el jugador y eso desgasta mucho. También está el tema de los resultados. Si hay una racha mala de torneos, el jugador piensa en cambiar en lugar de tratar de mejorar los dos (Blengino).
-Hay poca tolerancia con los resultados; los jugadores comparan y eligen algo nuevo, pero el trabajo debe ser continuado. Es como en el fútbol... A Tabárez lo echaron de Boca, le dijeron fracasado por salir segundo, ahí nomás. Y no todos los tenistas son iguales, pero pasa que se apresuran (Monachesi).
-Es típico de los argentinos, y es negativo. Tiene que ver con el poco respeto y la poca paciencia que hay entre las personas. Muchos jugadores, después de unos meses, se impacientan porque no jugaron bien y le echan la culpa al entrenador, o piden el cambio en busca de motivación. Y lo mejor llega a largo plazo. (Markus).
-Cuando los jugadores están abajo, vos le cobrás; cuando llegan arriba, ellos te pagan. Es algo totalmente diferente. Ellos te eligen como entrenador y hay que seguir en las buenas y en las malas, pero los roces empiezan a producirse cuando uno pasa mucho tiempo con el jugador. Vos viajás con él, desayunás, te entrenás, almorzás, volvés a practicar y cenás toda la semana; es como un matrimonio sin sexo. Y vos sos coach, padre, consejero, psicólogo, todo junto. Son muchas cosas que uno hace y el jugador no se da cuenta, sobre todo cuando llega arriba. Es duro, porque no recibís lo que esperás (Martín).
-¿Terminaron alguna relación con un jugador de mal modo?
-Es un tema privado, no quiero hablar de eso (De la Peña).
-El mío es un caso atípico, porque yo me quería casar, formar mi familia, y con Calleri paramos una relación excelente. Si yo no hubiera sido el que tenía problemas, todo hubiera seguido bien (Blengino).
-No me gustaría que me pasara, porque no se sabe qué puede pasar en el futuro, y siempre hay que estar bien por si aparecen las ganas de volver a trabajar juntos (Markus).
-Con Nicolás Massú terminé bárbaro, pero con los argentinos no me fue del todo bien (Martín).




