
Afirma que si se analizan los costos económicos y sociales que ha pagado la Argentina, se comprueba que salir del default no fue barato
Al analista le preocupan los desafíos que enfrentan las cuentas públicas y la escasa flexibilidad fiscal de la economía
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Los principales evaluadores de la calificadora de riesgo Standard and Poor´s (S&P) pasaron esta semana por Buenos Aires para recordar que la Argentina es un alumno que estará bajo observación por largo tiempo porque, más allá de la bonanza temporal que ofrecen sus números fiscales, los llamados de atención que acumula en su boletín, relacionados con su conducta como deudor, mantendrán una alta incidencia a la hora de fijar lo que en las escuelas locales se conoce como nota de concepto.
La comitiva estuvo encabezada por David Beers, chairman global de S&P, quien ratificó que la calificadora asignará a la deuda argentina un B- cuando el canje se destrabe, la quinta nota de una escala general de diez, pero bien hundida en la zona de las especulativas, como lo grafica el hecho de que allí la Argentina comparte cartel con Bolivia y Ecuador, es decir, un país convulsionado y otro que acaba de sufrir una ruptura institucional.
-¿Cómo se compone la fórmula para evaluar el riesgo soberano?
-Es complejo explicarlo. Hay factores cuantitativos, como el peso de la deuda tiene sobre la economía, el ingreso per cápita o la balanza de pagos, y otros cualitativos. También tiene fuerte incidencia el historial de cumplimiento en los compromisos asumidos. No se trata de una ecuación puramente matemática y eso es lo que explica que Bélgica teniendo un nivel de deuda superior al de la Argentina en relación al tamaño de su economía, de igual modo tenga una calificación mejor. La diferencia la hace la historia. Bélgica nunca reestructuró su deuda y la Argentina lo hizo varias veces y de distintos modos.
-¿El criterio es universal o diferencia países ricos de países emergentes?
-No, el criterio general es el mismo, aunque se actualiza de manera periódica. Lo que varían son las ponderaciones y se hace un comparativo entre países para evaluar cada caso en particular.
-En la nota argentina, ¿cuánto influye la economía y cuánto la política?
-Fundamentalmente evaluamos políticas económicas, financieras y fiscales, las posibilidades de ejecución que tienen y sus posibles implicancias sobre la capacidad de repago de un país, toda vez que lo que una nota intenta es bajar la incertidumbre respecto del futuro. No hacemos juicios políticos ni miramos la orientación del gobierno de turno. Lo que más nos preocupa en relación a esto es que, más allá de la solvencia de sus cuentas en los últimos meses, la Argentina enfrenta significativos desafíos fiscales en el futuro sin un grado de flexibilidad muy grande como para operar sobre sus ingresos o gastos. Aunque también es cierto que un default soberano es básicamente un acto político.
-Si López Murphy fuera presidente la nota sería la misma...
-Muy probablemente, sí. Hay que considerar que el presidente no es el único actor...
-En la Argentina el sistema es fuertemente presidencialista y suele definir la impronta de todo el Gobierno...
-Lo he notado. En ese sentido debo admitir que la nota tiene un componente político que tiene que ver con la institucionalidad. Uno no sabe si es por las restricciones que dejó la crisis u otras razones, pero el hecho de que el Banco Central no cuente con el grado de autonomía que se necesita nos inquieta. Pero también notamos que más allá del estilo confrontativo del presidente Kirchner, sus políticas macroeconómicas han sido notoriamente cautelosas. Lo que tratamos de determinar es si el entorno lo favoreció o si es parte de una convicción, pero para saberlo hace falta más tiempo.
-Qué le preocupa más, ¿lo que muestra o lo que esconde el balance argentino?
-Los pasivos no contemplados en el balance en algún momento se van a tener que sincerar y eso incide porque aún no sabemos de qué modo. Esta claro que la deuda que no entró al canje va a necesitar algún tipo de respuesta aunque por razones políticas o de estrategia de negociación se insista en lo contrario. Pero lo que más dudas nos genera es cómo se va hacer para sostener un superávit del 3% del PBI por largos años, como se ha anunciado, un porcentaje que tal vez no sea lo suficientemente alto y sin embargo es ya elevado para un país que sólo obtuvo niveles similares de manera espasmódica.
-De uno a diez, ¿cuántas probabilidades hay de que la Argentina repita el default?
-En el corto o mediano plazo muy pocas. Pero va a ser clave que éste y los próximos gobiernos alcancen un consenso sobre la necesidad de mantener políticas económicas y fiscales sustentables, como lo logró Chile, por citar un ejemplo regional.
-¿Cree que la fuerte quita lograda en la reestructuración puede tentar a otros países a defaultear?
-Creo que no. La idea de que a la Argentina esto le salió barato es equivocada a menos que se mire solo el final. Si se analizan todos los costos económicos y sociales pagados y por cancelar el concepto cambia. No creo que alguien esté evaluando la experiencia argentina como un modelo por seguir.
-No haremos escuela entonces...
-Mire, tomando en cuenta las restricciones que enfrenta la Argentina y la dimensión y complejidad que había alcanzado su deuda, yo ni siquiera me animo a decir que si se hubiera intentando un acuerdo más negociado con los bonistas no se habría arribado a un arreglo similar.
-En los 90 aquí default era igual a infierno. La sensación dominante hoy es que al final el costo no fue tan alto. Como evaluador, ¿no le preocupa?
-Percibo lo mismo, pero de manera superficial. Creo que si se le pregunta a un argentino si quiere volver a pasar lo mismo va a contestar que no, por lo que confío en que, además, actúen en consecuencia.
-¿Cuándo cree que la Argentina podría volver al mercado internacional?
-El Gobierno dice que no tiene esa intención y tomamos esa palabra como cierta. Pero si quisiera podría hacerlo en un par de años, en la medida en que sostenga políticas fiscales cautas y termine de cerrar las contingencias abiertas aún en torno del canje.
Otras definiciones
- Calidad institucional : "Prestamos atención a eso porque en definitiva es lo que reasegura que las políticas económicas sean sostenibles y previsibles a lo largo del tiempo. Después de todo el principal objetivo de una calificación es bajar la incertidumbre respecto del futuro."
- El peor costo del default: "La pérdida de la confianza. En el caso argentino fue más complicado porque acá se rompieron además casi todos los contratos, no sólo los que habían pactado con los bonistas."
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