Andrés Drenik: "Hoy se apunta a dar liquidez a las empresas, pero la gran pregunta es cuánto durará el shock"

Estudió economía en la Universidad de San Andrés e hizo el doctorado en la Universidad de Stanford. Desde 2016 es investigador y profesor en la Universidad de Columbia. Escribió varios trabajos sobre la dispersión de precios en la Argentina y sobre el mercado laboral
Estudió economía en la Universidad de San Andrés e hizo el doctorado en la Universidad de Stanford. Desde 2016 es investigador y profesor en la Universidad de Columbia. Escribió varios trabajos sobre la dispersión de precios en la Argentina y sobre el mercado laboral
Sofía Diamante
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29 de marzo de 2020  

Andrés Drenik vive en Estados Unidos desde 2010, cuando viajó a California para cursar el doctorado en Economía en la Universidad de Stanford. Desde 2016 es profesor investigador en la Universidad de Columbia, en Nueva York.

-Usted escribió un paper acerca de los efectos de la intervención del Indec en la dispersión de precios. ¿Qué buscaba probar?

-La pregunta general que nos hicimos con el coautor -Diego Pérez, de la Universidad de Nueva York- era cuál es el valor de que institutos públicos generen estadísticas públicas. Vimos la oportunidad de hacer esto cuando se intervino el Indec, en 2007. Tuvimos acceso a los datos de precios por producto de Mercado Libre, que tenía información previa y posterior a la manipulación de las estadísticas. Encontramos que después de 2007 se empieza a ver una dispersión de precios en aumento para productos similares. Cuando una empresa fija precios, ve sus costos laborales y sobre eso genera un margen. Para eso, debe predecir sus costos. En ese entonces los salarios subían, pero no se sabía si era porque aumentaba la emisión monetaria o porque subían los impuestos, por ejemplo. Hay muchas cosas que pasaban a la vez y las empresas trataban de entender qué estaban haciendo las demás. El miedo que había era a quedar caro o barato en el mercado. Para eso está el rol del Indec, que muestra el nivel de precios y cuánto están aumentando en promedio las firmas. Ese dato es agregado y todos los actores miran el mismo número. Por otro lado, las empresas tienen sus estructuras de costos, con sus propios shocks. Cuando se le sacó esa fuente de información que funciona como un ancla, cada una intentó hacer lo mejor posible y fijó los precios sobre la base de la información que tenía, que ya no era común entre todas las firmas. Cada una tiene costos distintos, y se le dio más atención a una información que era más dispersa. Eso hace que los precios empiecen a reflejar las dispersiones de costos laborales de las empresas.

-¿Cómo diferencian cuánto tiene que ver en la dispersión de precios el aumento de la inflación? Porque también podía suceder que, al haber más inflación y al perder los consumidores la noción de lo que valen las cosas, algunas empresas se aprovecharan de eso, o simplemente aumentaran más por las dudas.

-Para simplificar el problema, nos olvidamos de los consumidores y pusimos el foco en las firmas. El gran problema era que justamente ocurrían estas dos cosas a la vez: aumento de la inflación e intervención de las estadísticas. ¿Cuánto se debió la dispersión de precios a cada una de estas variables? Los datos que obtuvimos de Mercado Libre comienzan en 2003, donde hay un poco de pico inflacionario luego de la devaluación de 2002. A su vez, nos dieron datos de Uruguay. A partir de esos dos episodios, pudimos saber cuál era la relación entre dispersión de precios e inflación. Entonces, dada la inflación que se incrementó en 2007, le quitamos a la dispersión de precios lo que debería venir por esa variación de precios, y lo restante era el efecto de la falta de información pública.

-Hace un mes publicó también un paper sobre el impacto de la devaluación en el mercado labora. ¿De qué se trata?

-Es un trabajo que hicimos con Andrés Blanco y Emilio Zaratiegui, que también son argentinos. En la profesión sabemos lo que pasa con el nivel de precios cuando hay una devaluación, el famoso pass through . Pero en términos de lo que pasa en el mercado laboral se sabe muy poco, por la falta de disponibilidad de datos. Gracias a una ayuda del Ministerio de Trabajo, pudimos acceder a la información de la seguridad social (SIPA). Tienen varias ventajas estos datos: son de frecuencia mensual, que se ve en muy pocos lugares del mundo; son datos administrativos, con lo cual tiene muy pocos errores de medición, y cubren un amplio universo de trabajadores formales (nos enfocamos en general en el sector privado). Lo bueno es que, al analizar las devaluaciones de 2002, 2014 y 2018, y dada la riqueza de los datos, pudimos analizar, por ejemplo, qué le pasaba a las mujeres de 35 años que estaban en un rango chico de salarios. Dada la disponibilidad de datos, se pudieron hacer cosas interesantes.

-¿Qué fue lo que encontraron?

-Lo primero que vimos fue qué pasaba con los efectos agregados y notamos una irregularidad: cuando hay un shock del tipo de cambio, los precios siempre ajustan más rápido que los salarios. Uno no tiene por qué pensar que eso debería ser así, ya que el salario es un precio más; es el precio del trabajo. Pero la regularidad es que, siempre que hay una devaluación, el precio de los bienes salta más rápido. Por cada porcentual que sube el tipo de cambio nominal, hay una caída del salario real de 1,4%. Eso significa que, como el salario nominal no puede ajustar mucho, cuando hay un shock inflacionario, el salario real cae mecánicamente. Por el lado del empleo hay otro aspecto. Encontramos que -al menos en la devaluación de 2002, que fue muy fuerte- al mes siguiente o a los dos meses las empresas dejaron de despedir trabajadores casi instantáneamente y la tasa de contratación empezó a revertirse y a recuperarse de una manera más gradual. Eso dice que las devaluaciones ya generan ganadores y perdedores, porque cuando las firmas comienzan a contratar de vuelta, la situación de desempleo se empieza a recuperar, a costa de aquellos que tenían una posición laboral más fija y que son quienes experimentan esta caída del salario real.

-Como todos los bienes y servicios en la economía, el empleo también ajusta por cantidad o por precio...

-Claro, pero son grupos distintos de personas. Hay gente que está ganando cero, que realmente quieren trabajar pero hay una tasa de desempleo de 20%. Por otro lado, hay gente que no quiere una devaluación porque está relativamente bien en su trabajo, bien posicionado y no cree que lo echen. La devaluación para esas personas es puro efecto negativo. Están esas dicotomías, a qué grupos de trabajadores se va a ayudar. Después, lo más interesante que vemos es cómo se recupera la distribución luego del shock homogéneo. Lo que nos sorprendió es que los que se recuperan más rápido son los trabajadores de menores ingresos. En 2002, por caso, los que estaban en el decil más bajo de la población de ingresos se recuperaron en alrededor de 21 meses; es decir que para octubre de 2004 tenían un salario real con un poder adquisitivo igual al del mes previo a la devaluación. Pero para los que estaban en el decil más alto la recuperación llegó luego de 61 meses.

-¿Eso a qué se debe? ¿Es un tema de la Argentina, por las políticas sociales que tiene, o eso no tiene que ver?

-Hay mecanismos más generales. El primero que vemos está relacionado con la movilidad laboral. En las devaluaciones pasa que, a la gente pobre a la que le cae el salario en un mes -en 2002 eso fue entre el 25 al 30%-, lo más probable es que cambie de trabajo para tener un salario mejor, porque parte de uno muy bajo. Y los trabajadores que ganan bien prefieren no moverse a otro lado. El otro mecanismo es más estándar: hay sectores de la población que tienen capacidad de negociación más fuerte que otros.

-En relación a los salarios, ¿cómo cree que se ajustarán en este contexto de freno total de la economía?

-Esta es una preocupación a nivel global. La gran pregunta es si se trata de un shock temporal. En ese caso, lo menos que se quiere es que las empresas despidan a los trabajadores o que quiebren, porque si esto en tres semanas se revierte, vamos a tener un montón de trabajadores que van a estar desempleados solamente por una cuestión de muy corto plazo. Igualmente, hay un problema de liquidez: las empresas no están vendiendo. Los bancos centrales bajaron las tasas para que los pagos de intereses se achiquen o que las firmas puedan endeudarse a tasas más bajas. En algunos casos se hicieron moratorias de pago de impuestos. Todo con la idea de que si este shock es de corto plazo, lo mejor es no echar a esos trabajadores o no cerrar. Pero si el shock se extiende un poco más, entramos en una crisis más grande. No se podrá generar esta liquidez para siempre y habrá que tomar otras medidas, como transferencias a las personas de recursos más bajos para que puedan cubrir necesidades básicas.

-¿Este shock tan grande puede generar una deflación?

-Tendería a creer que sí, porque al final del día es un shock negativo importante en la demanda. La pregunta es qué ocurrirá con la emisión. La teoría dice que si la demanda cae, eventualmente las empresas deberían ajustar sus precios. Pero la realidad es que sorprendentemente, a lo largo de estas últimas décadas, eso no se ve. En 2008 o 2010, con la crisis en Estados Unidos hubo una desaceleración de la inflación por la caída de la demanda. El tema es que hay inyección de asistencia por parte del Gobierno. La pregunta es si será tan grande como para compensar la caída de la demanda. Al final del día, lamentablemente, dada la situación de este shock, es lo que hay que hacer. Hay que enfocarse en la salud. Este es el momento para hacer todo lo posible para que las personas con menores recursos puedan cubrir las necesidades más básicas y que el resto trate de quedarse en su casa.

-¿Los precios máximos funcionan?

-La pregunta es una cuestión empírica. Me hace acordar a la duda sobre si los salarios mínimos tiene un efecto en el empleo. En el corto plazo pueden llegar a funcionar, siempre y cuando se entienda que estas son medidas extraordinarias y el sector empresario pueda acompañar ese tipo de ayuda. Pero, eventualmente, no creo que sea sostenible por un período de tiempo muy largo. No podemos vivir permanentemente diciéndole a los empresarios cuál es el precio. En algún momento dirán que se dedican a otra cosa.

-Con este shock, la mayoría de las monedas se devaluaron, mientras que el tipo de cambio oficial de la Argentina se mantuvo casi estable. ¿Cómo nos afecta esto?

-El problema es que si estamos en una situación en la cual intentamos contener el tipo de cambio oficial y, a su vez, la inflación no se reduce, eventualmente se está en una bomba de tiempo. Porque los costos locales de producción subirán con la inflación y terminará pasando que el sector exportador se verá perjudicado, por una cuestión de competitividad. En algún momento, sea ahora o más adelante, esa devaluación se tendrá que llevar a cabo. De lo contrario, el déficit comercial aumentará.

¿Cuáles son sus libros favoritos para un fin de semana?

  • Ficciones, Jorge Luis Borges
  • Breve historia del tiempo, Stephen Hawking
  • El último teorema de Fermat, Simon Singh
  • El señor de los anillos, J. R. R. Tokien
  • El problema de los tres cuerpos, Liu Cixin

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