En Jujuy señalan que la venta ilegal ya impacta en la cadena productiva más que otras cuestiones como el dólar bajo y la falta de financiamiento; cayó la recaudación de un fondo para fomentar la actividad
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En un contexto de dólar atrasado, costos en alza y escaso acceso al financiamiento, el sector tabacalero atraviesa una situación delicada. Sin embargo, puertas adentro de la actividad advierten que el problema más crítico no pasa solo por las variables macroeconómicas, sino por un fenómeno que se intensificó en el último tiempo: el avance del contrabando de cigarrillos, que impacta directamente sobre el fondo que complementa el ingreso de los productores.
Desde las provincias del norte, donde se concentra la actividad, productores alertan que la creciente comercialización ilegal de cigarrillos provenientes de países vecinos como Bolivia y Paraguay está erosionando el sistema de financiamiento del sector. Este mecanismo específico, conocido como Fondo Especial del Tabaco (FET), se nutre de impuestos al consumo y por lo que la evasión impositiva reduce su capacidad de pago. Creado en 1967, busca compensar costos de producción y fomentar la actividad. El fondo nacional se transfiere a las provincias tabacaleras como Salta, Misiones, Jujuy y Corrientes para su distribución a los productores.
Jorge Rois es productor tabacalero en Carahunco, en la provincia de Jujuy. Como miembro de la mesa ejecutiva de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) describió con crudeza el escenario actual. “Coyunturalmente, como todas las economías regionales, estamos golpeados. El tipo de cambio atrasado perjudica siempre a las economías regionales y el tabaco es una economía regional per se”, señaló a LA NACION.

El productor explicó que se trata de una actividad intensiva en recursos y con escaso margen de reconversión. “Es una actividad con mano de obra muy intensiva, necesita riego que no todas las actividades lo necesitan, el tabaco sí. Se hace en fincas con baja superficie en las que no podría desarrollarse otra actividad”, indicó.
En su caso, con 70 hectáreas, se ubica dentro de los productores medianos, un segmento predominante en la provincia. “En la actualidad, en Jujuy hay alrededor de 1000 productores de tabaco”, detalló, y agregó que también existe un universo significativo de pequeños productores que combinan esta actividad con otras producciones.
Más allá de la estructura productiva, Rois hizo hincapié en el deterioro de la rentabilidad. “Hoy, la actividad viene con un dólar atrasado y se ha cerrado un precio que no es suficiente porque empezamos la nueva campaña muy descapitalizados”, afirmó. A esto se suma la dificultad para acceder al crédito: “No hay mucho acceso al crédito, algunos productores pueden conseguir algún tipo de financiamiento porque tienen sus carpetas mejor posicionadas en los bancos, pero en general está difícil”.
El esquema de formación de precios también juega en contra. “El producto que nosotros vendemos no tiene un mercado de referencia mundial sino que se acuerda entre acopiadores y la cámara del tabaco”, explicó. En ese sentido, precisó que “el kilo está entre US$3,2 y US$3,5 todos los años, depende la clase y hoy los costos han aumentado mucho en dólares”.

Con rindes que pueden considerarse aceptables, el problema pasa por la ecuación económica. “Un productor promedio que hizo alrededor de 2700 kilos por hectárea, que es un buen rinde, sin embargo, arranca la campaña totalmente desfinanciado”, advirtió el también ingeniero agrónomo. En Jujuy existen tres acopios principales de tabaco, entre ellos una cooperativa donde los dueños son los propios productores.
Fondo Especial del Tabaco
En este escenario, el Fondo Especial del Tabaco aparece como un componente clave del ingreso. Sin embargo, su peso relativo se redujo de manera significativa. “Hace dos años la importancia del fondo en el ingreso total del productor era del 60% y este año solo representa el 30%; es decir que el fondo se desvalorizó de manera relevante”, señaló Rois.
Pero, según el productor, la caída de la recaudación del fondo no responde únicamente a cuestiones macroeconómicas. “El mayor de los inconvenientes que tenemos con el fondo es que creció mucho la venta de cigarrillo ilegal, que no paga impuestos”, afirmó.
En ese sentido, fue contundente al identificar el origen del problema. “El kit de la cuestión es el contrabando desde Bolivia y Paraguay que no pagan impuestos en la Argentina. Entonces, el fondo no recauda y al no recaudar no le paga a los productores”, explicó.
El impacto de este fenómeno ya se percibe en el mercado interno. “En el último tiempo el contrabando creció de manera exponencial y se vende en ferias y comercios informales de forma habitual”, describió. Incluso, señaló un cambio en la oferta disponible: “En los comercios y kioscos ya no se identifican las marcas comerciales que se venden al público, hay un montón de marcas irreconocibles”.

Este escenario no solo afecta la recaudación, sino que profundiza la fragilidad del negocio. “No es solo el dólar bajo, ni la falta de financiamiento, sino que el grave problema que recrudeció la crisis es el contrabando ilegal de cigarrillos”, resumió. La menor recaudación del fondo tiene consecuencias directas en el ingreso del productor. “El fondo no recauda y, por lo tanto, no le transfiere esos fondos a los productores”, insistió, marcando el vínculo directo entre informalidad y pérdida de ingresos.
Actividad productiva
En paralelo, la actividad enfrenta dificultades estructurales para expandirse. “Nos preocupa que en Jujuy no hemos logrado incrementar la superficie. Estamos en 12.700 hectáreas cuando en Salta están alrededor de las 20.000”, comparó. En ese sentido, la producción, además, implica un ciclo largo y demandante. Según explicó, “la producción del tabaco lleva alrededor de 11 meses”, desde la siembra en almácigos hasta la cosecha, lo que incrementa la necesidad de capital de trabajo y planificación.
Tras la cosecha, el productor debe cumplir con obligaciones sanitarias. “Cuando termina la cosecha estamos obligados a voltear los rastrojos por una plaga muy complicada que tenemos en la zona”, detalló, lo que suma costos adicionales.
Sin embargo, para los productores, el contrabando aparece como el factor más disruptivo en el corto plazo. Al afectar la principal fuente de compensación de ingresos, profundiza la pérdida de rentabilidad en una actividad que ya opera con márgenes ajustados. Con este telón de fondo, en el norte argentino crece la preocupación frente a un fenómeno que avanza y pone en jaque a toda la cadena tabacalera.
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