
La próxima campaña maicera encuentra al productor en una situación diferente a la de años anteriores. Después del impacto que generó el complejo de achaparramiento (espiroplasma) durante el ciclo 2023/24, el cultivo logró recuperar superficie y volvió a mostrar resultados productivos alentadores en gran parte de las regiones agrícolas.

A esto se suma una recarga hídrica significativa en los perfiles, una demanda sostenida del cereal para alimentación animal y mejores perspectivas climáticas para el próximo ciclo. El escenario vuelve a colocar al maíz en el centro de las decisiones productivas.
“El productor viene de una muy buena campaña en términos de rendimiento, con resultados por encima de la media en muchas regiones y una situación hídrica que permite pensar la próxima siembra con mayor optimismo”, señaló Paula Girón, gerente técnica de maíz para el Cono Sur de Bayer.
Más allá de la superficie que finalmente se implante, el foco comienza a desplazarse hacia otro aspecto: cómo capturar de manera más eficiente el potencial productivo que ya existe en cada lote.

Del maíz temprano al tardío: la flexibilidad que transformó al cultivo
La evolución del cultivo en la Argentina durante los últimos años refleja los cambios que atravesó la agricultura nacional. Mientras que hace aproximadamente quince años la superficie maicera rondaba los tres millones de hectáreas, hoy se ubica cerca de los ocho millones.
Detrás de ese crecimiento aparecen distintos factores. La incorporación de biotecnología, los avances en genética y la generación de conocimiento sobre manejo permitieron ampliar las posibilidades productivas y adaptar el cultivo a distintos escenarios.
“El productor aprendió a manejar el maíz de una manera mucho más flexible. La combinación de fechas de siembra tempranas y tardías permitió expandir el cultivo y hacerlo más adaptable a las condiciones de cada campaña”, explicó Girón.
Esa adaptabilidad del maíz continúa siendo una de las principales fortalezas del cereal. En campañas con mejores perspectivas de lluvias, los productores suelen avanzar con planteos más ofensivos y una mayor proporción de maíces tempranos para maximizar potencial. En cambio, cuando el escenario climático anticipa restricciones hídricas, cobran protagonismo las siembras tardías, densidades más bajas y materiales con alta estabilidad productiva.

La brecha de rendimiento, una oportunidad para seguir creciendo
Si bien el maíz argentino se encuentra entre los más competitivos del mundo, los especialistas coinciden en que todavía existe una importante oportunidad para seguir mejorando.
Según datos relevados por Bayer, el rendimiento promedio nacional se mantiene en torno de las siete toneladas por hectárea, mientras que en muchos ambientes productivos el potencial puede ubicarse entre un 40% y un 60% por encima de esos valores.
“La oportunidad ya no pasa solamente por sembrar más hectáreas. Existe una brecha muy importante entre el rendimiento potencial y el rendimiento logrado, y ahí es donde están las mayores posibilidades de crecimiento”, sostuvo Girón.
La elección del híbrido, la densidad de siembra, la nutrición, la sanidad y el conocimiento de cada ambiente son algunas de las variables que influyen directamente sobre el resultado final.
Genética, manejo y tecnología para reducir las brechas productivas
Con ese objetivo, Bayer impulsa DEKALB Integrado, un programa que busca combinar genética, agronomía y herramientas digitales para acompañar al productor durante todo el ciclo productivo.
La propuesta contempla la elección del híbrido más adecuado para cada ambiente, la caracterización de los lotes, recomendaciones específicas de densidad de siembra y estrategias de fertilización nitrogenada ajustadas a cada situación productiva.
“Hoy el productor necesita mucho más que genética. Necesita entender el ambiente donde produce y contar con recomendaciones que le permitan tomar decisiones cada vez más precisas”, explicó Girón.
Dentro del portafolio de Bayer se destacan híbridos templados como DK73-73TRE, DK69-62TRE, DK72-72TRE y DK74-47TRE, mientras que para ambientes subtropicales sobresalen DK81-11TRE, DK76-12PRO4 y DK77-02TRE, materiales que presentan un destacado comportamiento frente al complejo de achaparramiento y cuentan con fuerte posicionamiento en las regiones del NOA y NEA.
La estrategia apunta a integrar todas las herramientas disponibles para que el productor pueda acercarse cada vez más al potencial productivo de cada lote.
FieldView y el valor de convertir datos en decisiones
La digitalización también ocupa un lugar central dentro de las nuevas estrategias de manejo. A través de la plataforma FieldView, Bayer busca transformar la información generada en el campo en recomendaciones agronómicas concretas.

La herramienta permite analizar la variabilidad de los ambientes, construir prescripciones específicas de densidad y nitrógeno y realizar un seguimiento detallado de los resultados obtenidos.
Según Girón, el verdadero valor de estas plataformas aparece cuando los datos dejan de ser información aislada y se convierten en herramientas para la toma de decisiones. “La digitalización cobra sentido cuando ayuda a entender mejor cada ambiente y permite tomar decisiones agronómicas más precisas”, afirmó.
Cómo proteger el rendimiento hasta la cosecha
Además de construir rendimiento durante el ciclo, otro de los desafíos actuales consiste en lograr que ese potencial llegue efectivamente a la cosecha.
La situación resulta especialmente relevante en los planteos tardíos, donde los cultivos pueden permanecer varios meses expuestos a condiciones ambientales adversas.
En muchas regiones del país, los maíces sembrados durante diciembre alcanzan la madurez fisiológica recién hacia mayo y son cosechados entre junio y agosto. Durante ese período pueden sufrir vuelco o quebrado, fenómenos que afectan la capacidad de capturar el rendimiento generado durante el ciclo.
“Muchas veces el productor tiene el cultivo listo para cosechar, pero depende de la disponibilidad de maquinaria o contratistas. Durante ese tiempo el maíz continúa expuesto a condiciones que pueden generar pérdidas”, explicó Girón.
Frente a ese escenario, Bayer comenzó a desarrollar PRECEON, el sistema de precisión para maíz de baja estatura que busca combinar genética, manejo y digitalización.

Estos materiales presentan una altura entre un 30% y un 40% menor que la de un híbrido estándar y ofrecen tres atributos principales: mayor protección frente a vuelco y quebrado, mejor accesibilidad para aplicaciones durante el ciclo y nuevas posibilidades para optimizar el manejo agronómico.
“La innovación ya no pasa solamente por alcanzar más rendimiento. También se trata de lograr que ese rendimiento sea más estable y más capturable al momento de la cosecha”, concluyó Giron.
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