
La campaña de girasol volvió a ubicarse entre las grandes protagonistas de la agricultura argentina. Tras alcanzar un récord de producción y una superficie cercana a las 2,8 millones de hectáreas en el último ciclo, las perspectivas para la nueva siembra mantienen el optimismo.
En ese escenario, el avance del cultivo no solo se explica por un contexto favorable de precios, sino también por la evolución genética de los híbridos, que hoy permiten ampliar la frontera productiva hacia ambientes donde antes el girasol tenía un papel secundario.

Ese es el contexto en el que NK busca consolidar su liderazgo con una propuesta genética enfocada en estabilidad, adaptación y potencial de rendimiento.
El girasol sigue ganando terreno y la genética impulsa una nueva etapa del cultivo
Con mejores precios, mayor estabilidad productiva y el aporte de híbridos cada vez más adaptados a distintos ambientes, el girasol se consolida como una alternativa rentable dentro de las rotaciones agrícolas. NK apuesta a esta expansión con materiales que buscan elevar los pisos y los techos de rendimiento.
Después de una campaña histórica, el girasol se prepara para seguir creciendo. Las proyecciones para la campaña 2026/27 anticipan una superficie cercana a los tres millones de hectáreas, un nivel que lo acercaría nuevamente a su récord histórico.
Detrás de este fenómeno convergen distintos factores: una relación de precios favorable, la necesidad de diversificar los sistemas agrícolas y el aporte de una genética que permitió mejorar tanto el rendimiento como la estabilidad del cultivo.

“En los últimos años el girasol viene creciendo sostenidamente en superficie. Una de las principales causas son los buenos precios internacionales del commodity, pero también el cultivo está dando soluciones desde el punto de vista de la rotación y de la estabilidad de los sistemas productivos”, explica Andrés Caggiano, gerente de Desarrollo de Producto de NK.
Según el especialista, el cultivo demuestra una ventaja especialmente marcada en aquellos ambientes donde la soja encuentra mayores limitaciones para expresar su potencial.
En ambientes donde a la soja le cuesta construir rendimiento, el girasol logra muy buenos resultados y mantiene márgenes competitivos. Por eso hoy estamos cerca de una campaña récord”
— Andrés Caggiano, Gerente de Desarrollo de Producto de NK.Una genética pensada para distintos ambientes
El crecimiento del cultivo también encuentra respaldo en la evolución del mejoramiento genético. Con más de tres décadas de trabajo continuo en girasol, NK desarrolló un portfolio orientado a responder a las distintas realidades productivas del país.
“Nuestra prioridad es ofrecer híbridos con amplia estabilidad y adaptabilidad. Eso significa que puedan rendir bien tanto en el norte como en el sur, el oeste o la zona central. Cuando un híbrido funciona en todos esos ambientes, demuestra que está preparado para enfrentar condiciones muy diferentes”, señala Caggiano.
La estabilidad aparece hoy como uno de los atributos más valorados por los productores. Además del potencial de rendimiento, la sanidad, la tolerancia al vuelco, la resistencia al quebrado y el comportamiento frente al ataque de aves son variables que pesan cada vez más en la decisión de siembra.
“El productor busca asegurarse la cosecha. Un buen híbrido no solo debe rendir, sino llegar sano al final del ciclo. Ahí es donde la genética aporta estabilidad al sistema productivo”, resume.
Un nuevo híbrido para elevar los pisos de producción
Dentro del portfolio de la marca, uno de los principales protagonistas es el NK 3949 CL, un lanzamiento que representa un nuevo salto genético para la compañía.

Según explica Caggiano, el desafío no era sencillo. “Cuando uno ya tiene híbridos de muy alta performance, el gran desafío es lanzar un material que realmente los supere.”
El nuevo híbrido fue desarrollado para ofrecer mayor estabilidad, especialmente en ambientes de menor potencial, donde las condiciones suelen ser más restrictivas. Su perfil sanitario y su adaptación a distintas regiones lo convierten en una alternativa para acompañar la expansión del cultivo hacia zonas no tradicionales.
Para el norte del país, donde este año las reservas hídricas permiten encarar la siembra con mejores perspectivas, desde la empresa consideran que este material puede convertirse en una herramienta clave para aprovechar las condiciones de la campaña.
También crece el segmento alto oleico
Además del mercado tradicional, NK mantiene una fuerte presencia en el segmento alto oleico, destinado principalmente a la industria alimenticia para productos que requieren aceites de mayor estabilidad térmica, como frituras y alimentos elaborados.
En ese segmento, la compañía ofrece el NK 3979 CLHO, un híbrido que, según la empresa, combina alto potencial de rendimiento con elevada concentración de aceite y ventajas competitivas frente a otros materiales disponibles en el mercado.

“Es un segmento muy específico, con una demanda particular, pero allí también buscamos seguir mejorando nuestros propios materiales y ofrecer alternativas cada vez más competitivas”, sostiene Caggiano.
Una apuesta al crecimiento del cultivo
Mientras el girasol continúa expandiéndose hacia regiones donde históricamente predominaban otros cultivos, la genética aparece como uno de los principales motores de ese crecimiento.
La posibilidad de contar con híbridos estables, adaptados a distintos ambientes y capaces de sostener altos niveles de rendimiento permite que el cultivo gane espacio dentro de las rotaciones y se convierta en una alternativa cada vez más atractiva para los productores.
“El objetivo siempre es seguir mejorando. Cada nuevo lanzamiento busca ofrecer una ganancia genética respecto del anterior. Cuando el productor comprueba esa diferencia, el cambio llega naturalmente”, agrega Caggiano.
Dos décadas de trayectoria y experiencia con la genética NK
Las virtudes de los híbridos de girasol también se reflejan desde hace años en los lotes de Marcos Di Nezio, productor agropecuario de Tres Arroyos y San Cayetano. En una región donde el girasol ocupa un lugar estratégico dentro de la rotación, hace más de dos décadas que apuesta por la genética de NK.

“Trabajo con NK desde hace más de 20 años y prácticamente sembré todos los híbridos del porfolio. En esta zona el girasol es un cultivo clave porque libera el lote antes, aporta estabilidad y nos permite llegar a la cosecha con mayor previsibilidad”, cuenta.
En la última campaña sembró SYN 3970 CL, NK 3969 CL, NK 3979 CLHO y también incorporó el nuevo NK 3949 CL. Según explica, el sur bonaerense combina ambientes muy productivos con otros de menor profundidad, donde la estabilidad resulta determinante. “Tenemos lotes con distintas limitantes y venimos de varios años de escasas lluvias estivales, por lo que cada campaña plantea desafíos diferentes. Aun así, los híbridos respondieron muy bien, especialmente en los ambientes más profundos”, señala.
Para Di Nezio, la elección del híbrido es una decisión tan importante como la fecha de siembra o las condiciones climáticas. Por eso reserva los mejores ambientes para los materiales de mayor potencial. “El SYN 3970 CL y el NK 3969 CL ocupan más del 80% de nuestra superficie porque combinan muy buenos rendimientos, estabilidad, sanidad y un elevado contenido de materia grasa”, afirma.

La campaña pasada volvió a poner esa genética a prueba. Aunque el invierno y la primavera permitieron recuperar el perfil de humedad, las lluvias demoraron la implantación y luego el verano transcurrió prácticamente sin precipitaciones. “Habitualmente sembramos durante la segunda quincena de octubre, pero terminamos implantando entre el 20 de octubre y el 20 de noviembre. Después casi no llovió hasta marzo, lo que afectó sobre todo a los ambientes más restrictivos y también retrasó la cosecha. A pesar de ese escenario, obtuvimos rendimientos ajustados por materia grasa de entre 3.000 y 4.000 kilos por hectárea”, resume.
Entre las novedades de la campaña, el productor destaca el comportamiento del nuevo NK 3949 CL, evaluado en los mismos ambientes donde habitualmente prueba los materiales de mayor potencial. “Funcionó muy bien. La fecha de siembra sigue siendo clave y siempre ayudan algunas lluvias oportunas, pero el híbrido también hace la diferencia. Frente a otros materiales, los híbridos de NK suelen aportar entre tres y cuatro puntos más de materia grasa, además de mostrar un excelente comportamiento sanitario”, asegura.
A la hora de explicar por qué continúa eligiendo esta genética después de más de dos décadas, Di Nezio resume tres atributos: estabilidad, sanidad y bonificación por materia grasa. “Ese diferencial termina teniendo un impacto muy importante cuando analizamos el margen económico de cada campaña”, sostiene.
Además, destaca el acompañamiento técnico y comercial. “La relación con el distribuidor es permanente y está basada en la confianza. Siempre contamos con asesoramiento, disponibilidad de semillas y una red de distribución que nos permite acceder al híbrido adecuado para cada ambiente y planificar la campaña con tiempo”, concluye.
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