Hay una forma de salir de la zona gris

Cristian Mira
Cristian Mira LA NACION
El incendio del establecimiento del vicepresidennte CRA causó preocupación en la dirigencia rural
El incendio del establecimiento del vicepresidennte CRA causó preocupación en la dirigencia rural Crédito: Gentileza CRA
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30 de mayo de 2020  • 21:01

El incendio del campo del vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Gabriel de Raedemaeker, en la localidad cordobesa de Oliva, denunciado como intencional, activó las alarmas del ruralismo. Desde las entidades colegas de CRA en la Mesa de Enlace, hasta Carbap, la Asociación Argentina de Angus, entre otras, y otras expresaron la solidaridad con el dirigente rural. Pocos días antes, la entidad había emitido un comunicado crítico sobre la continuidad de ataques, por robo o roturas, contra silobolsas en el que, además, reclamaba a las autoridades un rápido esclarecimiento de los hechos.

La rápida reacción del ministro de Agricultura, Luis Basterra, que se comunicó personalmente con De Raedemaeker y más tarde emitió un comunicado en repudio al incendio en Oliva, buscó dejar en claro que desde el gobierno nacional no hay intenciones de recrear un clima de enfrentamiento con el campo. Las autoridades de la provincia de Córdoba también se preocuparon por el hecho y ya hay una investigación policial en marcha.

La falta de esclarecimiento de estos ataques contra silobolsa, que continuaron a lo largo de la semana, es la zona gris donde nacen los temores de muchos productores. Se preguntan si son meros hechos de vandalismo o delictivos o forman parte de un plan integral.

Quienes se inclinan por la segunda posibilidad, ven también una suerte de globos de ensayo que se lanzan periódicamente de las corrientes políticas que forman parte de la coalición gobernante. Hace unos días le tocó el turno al exvicegobernador bonaerense Gabriel Mariotto durante la administración de Daniel Scioli, que propuso la "nacionalización del comercio exterior". Antes había sido una senadora justicialista de Río Negro con el sostenimiento del proyecto de creación de Junta Nacional de Granos.

Estas ideas coinciden con quienes sostienen, desde esos mismos espacios, que en el medio de la crisis por la lucha contra la pandemia del Covid-19, con el Estado asistiendo a empresas por las restricciones al movimiento, es el momento de "ir a fondo".

Sea lo que eso signifique, está claro que el mundo va en otra dirección, buscando cómo retornar a la anterior normalidad en la medida en que las condiciones sanitarias lo permitan. Por supuesto, no todo será como antes, coinciden en advertir distintos especialistas, pero de allí a asistir al inminente derrumbe del capitalismo hay un trecho largo.

Para desactivar ese clima de temor, el Gobierno puede tener un rol activo. Si se anima a sentar al campo en la mesa de un eventual acuerdo social y económico con otros sectores tendrá más posibilidades de ganar que de perder en el mediano plazo. Como la actividad más importante en la generación de divisas por exportaciones, y con un entramado social en todo el territorio, el aporte del campo a la recuperación y al desarrollo de la economía puede ser sustancial. Eso sí, para que un diálogo sea verdadero, se sabe, las partes deben estar abiertas a hacer cambios. Si no, sería una simple escenificación.

Hay quienes ya comenzaron a generar propuestas. Esta semana, la Asociación de la Cadena de la Soja (Acsoja) y la Fundación FADA, presentaron un trabajo en el que analizan la estructura impositiva de la soja y proponen retornar al sendero de descenso de los derechos de exportación (DEX) interrumpido por la devaluación del peso. Aclaran, en primer lugar, que consideran a los DEX como tributos distorsivos, pero proponen una baja paulatina que tendría como efecto el aumento de la producción, la generación de divisas y la dinamización de la economía.

En la proyección de ese escenario, Acsoja y FADA calculan que con un DEX de 20% en 2027, la producción aumentaría 14%, respecto de la campaña pasada, habrá divisas extra por poco más de US$4300 millones y más aportes tributarios de toda la cadena, por el impacto del aumento de la cosecha, calculado en US$ 500 millones.

La evidencia del trigo y del maíz en las últimas campañas dice que cuando se baja la presión tributaria aumenta la producción y la generación de divisas.

El principal cultivo del país y bien de exportación, procesado en harinas y aceite, está en retroceso desde hace tiempo. Solo cuando las condiciones del clima son favorables apenas se superan los 50 millones de toneladas. La enorme carga impositiva, con el 74,1% de tributos sobre el margen bruto, según FADA es en gran parte responsable de ese retroceso.

El contraste con Brasil cada vez es más marcado. El socio mayor del Mercosur está decidido a enfrentar sus antiguos problemas de infraestructura y está dispuesto a avanzar en el procesamiento del poroto. No solo aprovecha las ventajas ocasionales como el enfrentamiento entre EE.UU. o China o la devaluación de su moneda sino, acaso sea lo más importante, tiene una visión estratégica. Es lo que le falta a la Argentina.

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