Dedicado desde muy joven a la actividad, el productor Silverio Cassineri es hoy uno de los pioneros en mejora de la calidad genética de esta raza lechera y ganó varios premios en la Rural de Palermo
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SAN FRANCISCO.- El nombre de Silverio Cassineri suena como "palabra mayor" en el mundo de la cría de la raza Holando Argentino. "Somos "pirinchos" entre los grandes cabañeros, pero cada vez que nos presentamos en Palermo nos llevamos los mejores premios", dijo este productor nacido en San Francisco, que este año celebra los 50 años de su cabaña El Porvenir.
Cassineri se destaca porque ha logrado rodeos de alta producción y calidad genética y fue pionero en la realización de pruebas de inseminación artificial con semen importado, y en compartir la información con criadores de todas las regiones.
Su cabaña es un ejemplo de creatividad y esfuerzo en tiempos en que el tambo compite con la agricultura. Más aún, llega desde el interior con la humildad de su trayectoria como capital principal.
La historia es clara y fecunda: cuando apenas tenía 25 años tomó las riendas del campo de su padre y decidió convertir un pequeño tambo en un renombrado establecimiento de cría de Holando Argentino. Hace ya medio siglo de aquel junio de 1955.
Silverio decidió llamar a la cabaña El Porvenir. "La bauticé pensando en el futuro y siempre trabajé teniendo eso muy presente. Más adelante, decidí que todas las vacas que salieran de nuestro establecimiento debían llevar como nombre la palabra "Realidad".
Cassineri conoce en detalle las características de la raza a cuyos animales les dedicó su vida. De ahí que sea fuente permanente de consulta en el sector e innumerables exposiciones lo encuentran como jurado de clasificación designado por la Asociación Criadores de Holando Argentino (ACHA).
Gran remate
Junto con su hijo Javier, Silverio supervisa cada detalle de la actividad cotidiana que involucra a un rodeo. Lo hace con el mismo entusiasmo que tenía en 1955 y hoy, ansioso, aguarda que llegue el gran remate del 17 de junio, en el que se reúnen todos "los holandistas del país". Ante ellos expondrá sus magníficos ejemplares vacunos.
"Pensamos que la mejor forma de celebrar las bodas de oro de la cabaña era con un remate que permitirá a otros cabañeros mejorar su plantel; darles la oportunidad desde lo que nosotros pudimos lograr durante 50 años de trabajo", dijo.
"En lo nuestro no hay domingos ni feriados. Se trabaja todos los días del año, de sol a sol, con mucho esfuerzo. El nuestro es todo un grupo familiar en el que cada uno aporta lo que puede. Por ejemplo, unos 40 días antes de una exposición, junto a Javier hacemos la elección del animal que vamos a llevar", contó Cassineri. "A partir de ahí, tratamos al animal casi como a un niño: le destinamos un trato diferente, le enseñamos a caminar y mostrarse mejor en el momento de la jura", agregó.
Tanta dedicación queda bien sentada en las exposiciones más importantes del país, que ven pasear por su pista los cuerpos erguidos de los animales.
A Silverio le gusta definirse como "un hombre bien de campo", para rematar diciendo que él viene de los tiempos en que se ordeñaban las vacas "sin las máquinas con las que se cuenta ahora, solamente con las manos, que se nos llenaban de callos".
Silverio cree que la vasta experiencia con que cuenta le viene de ese corazón de hombre del interior con apego al campo. "A todo lo que conozco lo saqué de adentro. No estudié nada, solamente me dediqué a ir a exposiciones y mirar los mejores animales."
"Nunca me voy a olvidar que una vez me preguntaron: «Che pibe, ¿qué vas a hacer cuando seas grande?» Y yo le contesté: «voy a ser estanciero». Desde chiquito nomás me gustaba meterme en los tambos, y le pedía a mi papi que comprara alguna vaquita pura", recordó.
"Y así fue como de a poquito arrancamos. A los siete años de haber nacido El Porvenir ya teníamos un lindo plantel y al poco tiempo llegó Palermo."
Palermo, la meca de los criadores, es un sueño difícil de lograr para los criadores del interior, sobre todo, dijo Silverio, con años difíciles como 2001, cuando la leche se pagaba 10 centavos el litro.
Por esos años de baja rentabilidad, y aún ahora, es difícil resistir la tentación de pasarse a la soja. "Yo no puedo dejar de lado a mis vacas. Mientras esperaba que la rentabilidad mejorara, era feliz porque hacía lo que amaba", dijo Silverio, que cree que una trayectoria de cría no podía ser tirada "para correr detrás de unos pesos más que puedan llegar con la soja".
Cassineri recibió varios premios por sus animales, pero los que más recuerda son los obtenidos en Palermo, que enumeró de memoria: "En 1996 sacamos el Reservado Gran Campeón; en 1997, al Campeón 2 años mayor y tuvimos los tres precios más altos. En 2002, con un ternero de once meses, hicimos el precio récord (6100 pesos) y en 2004 hicimos el segundo mejor precio (11.000 pesos) con un toro de dos años y nos distinguieron con tres reservados campeones".
Uno de los orgullos más grandes de Cassineri es saber que gana compitiendo contra grandes cabañeros que desarrollan la cría como hobby. "Nosotros vivimos de esto, de la leche que producimos todos los días", destacó.
Calidad en el tambo
Uno de los ejemplares más queridos de Silverio es Realidad Casilla Blackstar, una vaca "perfecta, hija de un reproductor que importé de Canadá en el año 1990, nacida en nuestra cabaña. Obtuvo la más alta calificación a la que puede aspirar un animal argentino", dijo el criador.
El crecimiento de la cabaña es permanente, y grande el compromiso con la raza Holando Argentino. "No podemos dejar de estar actualizados. Si no nos mantuviéramos a la vanguardia se notaría, porque correríamos el riesgo de que nuestros animales dejen de estar en primera línea."
En El Porvenir, en el extremo nordeste de la provincia de Córdoba, funcionan dos tambos y un rodeo selecto.
Hay reproductores de alto nivel, embriones importados de Canadá, vaquillonas de genética superior que contribuyeron a aumentar la producción láctea y semen congelado de los ejemplares de la cabaña que lucen varias cucardas. Este es el tesoro más preciado de Silverio, junto "a mi familia, los amigos y la confianza que me tiene la gente cuando me consulta sobre la calidad de algún animal".
Cassineri fue siempre un apasionado por el mejoramiento de las condiciones de la raza, y un pionero en la materia. "En el 64, junto a otros dos criadores de la zona (Eladio Cerino y Luis Bertaina) fuimos las tres primeras cabañas del país que importamos semen congelado de Canadá y Estados Unidos."
De esta forma comenzó el camino que permitió al sello El Porvenir difundir la mejor genética en todo el país. "Nosotros fuimos sembrando buena ganadería a través de Palermo y exposiciones importantes de la Argentina", finalizó.
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