
Poeta tanguero, también se inspiró en el entorno rural
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Nombrarlo es nombrar la ciudad, su noche, sus barrios. Es que Homero Manzi, de quien el 3 de mayo se cumplen cincuenta años de su muerte, legó -por medio de sus tangos- imágenes inolvidables de la urbe mayor de la Argentina. "Barrio de tango", "El último organito" y "Sur" son ejemplos suficientes de ello. Aunque en este último dio, además, testimonio de la frontera dubitativa entre la ciudad y el campo, el suburbio con "barro y pampa" y "un perfume de yuyos y de alfalfa".
Es que, aunque a veces se lo olvide, Manzi cruzó en reiteradas oportunidades esa frontera para volcar su talento poético y discursivo en temas rurales. Lo hizo en canciones, guiones cinematográficos y hasta en la prédica política.
En realidad, Homero Nicolás Manzione nació en 1907 en Añatuya, localidad enclavada en el corazón del Chaco santiagueño, y vivió allí su infancia. Además, como parte de su familia quedó en campos de la zona, Manzi regresó a este sitio natal infinidad de veces. Y aunque pasó a ser un porteño cabal, jamás dejó de reivindicarse santiagueño y de Añatuya. Lo explicitó en versos: "Añatuya es un lugar/ que jamás podré olvidar,/ porque al fin es Aña... mía./ Tras un verde ventanal/ junto al mismo algarrobal/ conocí la luz del día". En algunos de sus tangos, entonces, abordó el ambiente y los personajes campesinos. "Sosteniendo recuerdos", por ejemplo, cuenta la historia del hombre mayor que ha quedado solo en su rancho: "Gaucho viejo,/ ¡quién te viera!,/ como entonces, china en ancas,/ veinte abriles y un amor./ ¡Quién te viera!,/ surco, reja, pan y mate,/ potro, lonja, tropa y huella,/ puro brazo y corazón".
En el más conocido "Tapera", los versos fueron dedicados al gaucho abandonado por su china y, que a su vez, abandona el rancho para dedicarse a vagar: "Roldanita de mi pozo/ que cantaba su alborozo,/ ya no habrás de cantar más./ Sombra fresca del alero/ donde estaban los jilgueros/ los jilgueros que hoy no están./ Brillazón de mis trigales/ que mancharon los cardales/ cuando un día comencé a penar./ Cuando entraron los abrojos/ a morder en mis rastrojos/ y me eché a rodar".
También hay protagonista y entorno rurales, sugeridos más que explícitos, en su inigualable "Milonga triste": "Llegabas por el sendero,/ delantal y trenzas sueltas./ Brillaban tus ojos negros,/ claridad de luna llena". Pero es indudable que la dedicación de Manzi a temas camperos se dio, por sobre todo, a través del cine. El primer paso ocurrió en 1937, en el largometraje "Nobleza gaucha", historia de un peón que rescata a la hija de un estanciero de las manos malvadas de un capataz. Manzi firmó este guión junto a Hugo Mac Dougall. En 1941, Manzi encontró otro compañero de tareas con el que harían dupla legendaria: Ulyses Petit de Murat. Ese año realizaron el guión de "Fortín Alto". Un arreo de ganado era el ámbito donde se desarrollaba la historia, que remitía a nuestras guerras intestinas.
Al año siguiente se estrenó el film que más los identifica y que se convirtió en un emblema del cine nacional: "La guerra gaucha", dirigida por Lucas Demare. Basada en la obra de Leopoldo Lugones, que exaltó la gesta de los gauchos de Güemes, resultó un trabajo de verdadera creación por parte de los guionistas. Murat adjudicó al entusiasmo de Manzi y del actor Francisco Petrone la concreción de esta empresa.
En rigor de verdad, la preocupación de Manzi por los temas de la tierra tenía un sustento también ideológico en su nacionalismo. Militante político iniciado en la Facultad de Derecho, Manzi integró Forja, agrupación del radicalismo yrigoyenista que en su mayoría desembocó en el peronismo, y mediante la cual aportó denuncias sobre la explotación de hombres y recursos en el Chaco forestal y algodonero de su provincia natal. "El sistema de explotación del bosque santiagueño destruyó en cuarenta años la mejor vida de su pueblo", dijo en uno de sus discursos de entonces.
Este 3 de mayo se recordará, con seguridad, el resonar de sus versos genuinamente porteños, que viven aunque la ciudad que cantó ya no es la misma. Por qué no hacer lo mismo con este otro costado no menos genuino y también recuperable de su obra.






