
Pablo Franzini, CEO de Arauco Argentina, habló en un congreso sobre “la enorme oportunidad” de abastecer al mercado de casas más rico del mundo; una chance para las pymes vinculada con los hijos de los baby boomers
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POSADAS, Misiones.- Pablo Franzini es el CEO de Arauco Argentina, la empresa forestoindustrial más importante del país, que controla la planta más grande de pasta celulósica, un mega aserradero y más de 230.000 hectáreas entre bosques nativos e implantados, en Misiones y Buenos Aires. Franzini asumió ese cargo hace un año, cuando decidió regresar al país desde los Estados Unidos donde manejaba el negocio de maderas para Arauco, el segundo conglomerado forestoindustrial más grande del mundo.
Este ejecutivo de 51 años -que decidió regresar al país a partir de una decisión personal que negoció con la familia Angelini-, además de CEO de la filial argentina sigue ostentando el cargo de vicepresidente del negocio de maderas a nivel global del gigante chileno. Hoy tiene a su cargo más de 10.000 colaboradores y fábricas en en Estados Unidos, Canadá, México, Brasil, Chile y la Argentina; además de plantas en joint venture con otras firmas en Alemania, España, Portugal y Sudáfrica.
El viernes pasado, este licenciado en Economía Empresarial de la Universidad Torcuato Di Tella, con un MBA en los Países Bajos, fue uno de los principales oradores en la jornada que se realizó en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFOA), la cámara que aglutina a las grandes empresas del sector.
En ese marco, Franzini propuso a las pymes forestales, compuestas por entre 300 y 400 aserraderos chicos y medianos que hoy atraviesan una de las crisis más profundas de los últimos 30 años, reconvertirse apostando a lo que llamó “la NBA de la madera”: el mercado de casas de los Estados Unidos.

“Conozco bien este mercado, y ahí tenemos una oportunidad si la sabemos aprovechar, si vamos todos juntos como cadena y si pensamos en especializarnos, agregar valor y ser muy eficientes, bajar costos, porque estamos compitiendo con otras empresas en EE.UU., España, Vietnam, Indonesia”, explicó. En sus más de 10 años viviendo en EE.UU. Franzini tomó decisiones importantes, como cerrar fábricas por ineficientes, contratar cientos de empleados y también decidir layoffs (despidos masivos), según los vaivenes de una economía y un mercado que conoce muy bien.
“El principal activo que tenemos todos es la casa, y en los Estados Unidos está por producirse una transferencia enorme de riqueza de los baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964) a sus hijos y que todavía no compraron sus casas”, reveló. “Antes en Estados Unidos la gente se compraba la casa a los 30 años o antes, ahora lo hace a los 40 años”, detalló.
El mercado de housing norteamericano es de “varios trillones de dólares”, en Estados Unidos “se construyen 1.400.000 casas cada año” y solamente el mercado de la reparación de casas es de 521.000 millones de dólares (casi el PBI de la Argentina). “Cada casa tiene un costo promedio de 400.000 dólares y el mercado y las oportunidades son enormes. No tenemos que pensar en la tabla de madera 4x2 que es un commodity, sino en agregar valor, con partes como los bordes de puertas, ventanas, molduras, partes de la cocina y una enorme cantidad de componentes”, explicó Franzini.
Desaparición de pymes
Al igual que está pasando con la industria textil, los pequeños y medianos aserraderos en la Argentina, concentrados en Misiones y Corrientes, atraviesan un período de fuerte crisis por caída de ventas producto de la baja en la construcción y el consumo, y también tienen problemas para exportar.

Ya cerraron o suspendieron sus operaciones decenas de aserraderos y los expertos consideran que habrá una alta pérdida de empresas. Incluso la Federación Argentina de la Industria de la Madera y Afines (FAIMA) armó una suerte de “hospital pyme”, que en rigor sirve para diagnosticar las posibilidades de sobrevivir de las firmas.
Antes que FAIMA, el diagnóstico más impactante lo hizo el reconocido empresario Hermann Karsten, que tiene un aserradero y forestaciones en Santa Rosa (Corrientes), quien en noviembre pasado sacudió al sector al decir en voz alta lo que muchos piensan: la precariedad laboral y operativa en la industria es altísima y hay muchas que están casi condenadas a morir con estas reglas de juego. “Son economías que no tienen margen de nada, hacen lo que pueden. Cuando no hay un control y no hay herramientas esa gente se detiene en el tiempo, tienen más plata en el bolsillo pero menos ideas en la cabeza, ¿a quiénes les enseñaron a hacer un plan de negocios?”, afirmó Karsten, quien primero hizo catarsis en las redes y luego ratificó sus dichos cuando lo llamaron varios medios.

Franzini se mostró a favor del nuevo rumbo que está adoptando la economía de Milei, un mensaje que compartieron todas las empresas que se presentaron en AFOA y que tienen proyectos de inversión muy fuertes, pero que se concretarán casi todos en el próximo período presidencial. La forestoindustria es uno de los ocho sectores contemplados en el RIGI por su enorme potencial, pero los desembolsos que se empiezan a proyectar o decidir en el primer mandato de Milei se concretarán en su mayoría en un eventual segundo período que ratifique el rumbo.
El viernes pasado, en Posadas estuvo representada Arpulp (US$2000 millones en planta de celulosa en Ituzaingó), Central Puerto (US$90 millones en un aserradero en Santa Rosa), ACON Timber (ya invirtió US$120 millones en Virasoro) y Cambium Timber (US$20 millones en Virasoro).
El gran dilema en el sector forestal es que no parece haber en el futuro a mediano plazo un lugar para las pymes, como quedó de manifiesto en la jornada de AFOA, salvo que encaren una profunda reconversión con incorporación de tecnología y búsqueda de máxima eficiencia. “El principal freno hoy es la inflación, la tasa de interés, claramente puede ser que estos obstáculos no estén en el futuro”, dijo Franzini. “Acá claramente hay una enorme oportunidad para la Argentina pero siempre y cuando podamos ser competitivos en toda la cadena, recién hablaba de la logística, el río es una oportunidad”, explicó.
La industria forestal de Misiones y Corrientes siempre tiene entre sus grandes dilemas que el costo de mover containers con la producción 1000 kilómetros hasta los puertos de ultramar en Buenos Aires, Zárate o Rosario es más caro que el viaje posterior en barco hasta el destino. “Otro punto es la innovación; tenemos que elaborar productos más sofisticados, de valor agregado, no podemos ir para adelante haciendo puro commodity”, afirmó Franzini. Citó a las “molduras, bordes de las puertas, bordes de ventanas, un montón de componentes de adentro y fuera de la casa, sidings, los productos de las cocinas, los baños, armarios”.
En este contexto, un empresario pyme de Eldorado, Hugo Durán, le preguntó al subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal, Manuel Chiappe, cómo podía una pyme ser eficiente si no le bajan los impuestos y si tiene un costo de la energía alto y no tiene acceso a gas (Misiones es la única provincia sin gasoducto). Chiappe le respondió con una frase que le dijo un venezolano que manejaba un Uber, citando a su padre: “No hay que quejarse, porque los lamentos traen pobreza”.
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