
Forrajes: es necesario que todos los que intervienen en la actividad pongan el mismo énfasis que para la agricultura de cosecha.
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"En Nueva Zelanda los productores de punta logran 1 kilogramo de carne o medio kilogramo de grasa butirosa por hectárea con 12-14 kilogramos de materia seca de pasto aprovechado.
Ello determina que, en zonas donde las pasturas producen 15.000 kilogramos de materia seca por año, con aprovechamientos superiores al 85 por ciento, se logren más de 1000 kilogramos de carne por hectárea o más de 550 kilogramos de grasa butirosa por hectárea, en muchos casos sin otro recurso que el pastoreo directo de las praderas y las reservas que puedan efectuarse con ellas.
Creo que ello nos debe hacer pensar en que tenemos posibilidadesw para mejorar, ya que en nuestro país no es raro ver datos de INTA y de CREA de pasturas con producciones por encima de las 12 toneladas de materia seca por año. Sin embargo, en la Argentina producimos 350- 600 kilogramos de carne por hectárea en los mejores casos o 250 kilogramos de grasa butirosa pro hectárea, y esto último con más de 1500 kilogramos de concentrado por animal y por año".
La contundente afirmación anterior pertenece a Luis Peluffo, un productor miembro del CREA 30 de Agosto -Mari Lauquen, en el oeste de Buenos Aires, quien emplea una metodología de presupuestación forrajera que le permitió alcanzar resultados muy satisfactorios en su establecimiento ganadero.
Agrega que "si bien el clima de Nueva Zelanda es más favorable, el principal factor que explica la alta producción con pasto es el trabajo conjunto de productores, técnicos e iondustriales que, durante más de cuarenta años, se dedicaron a producir y a utilizar el forraje con máxima eficiencia, para lograr una mejor calidad de vida de su población, productores incluídos.
Posibilidades
¿Qué podemos hacer en la Argentina para mejorar? Lo primero es la capacitación de todos los que intervienen en la actividad (ganaderos, asesores y colaboradores) para trabajar en la producción y cosecha de pasto con el mismo énfasis que se pone en la agricultura de cosecha.
"Para ello, el mejor consejo es confeccionar un presupuesto forrajero anual (semejante al presupuesto financiero) y empezar a medir el "grass- flow" anual (flujo del pasto), indica Peluffo.
"Arrancamos evaluando la cantidad de materia seca de apsto que hay en el campo, y continuamos haciéndolo luego, en forma periódica, para ver los cambios que el creciemiento y el consumo van produciendo en dicho stock", agregó, Peluffo.
Para éste productor una persona entrenada recorre los potreros de pasturas y verdeos una vez por semana y configura a través de la observación visual, la disponibilidad de pasto aprovechable en kilogramos de materia seca por hectárea que hay en cada parcela; este dato se multiplica por las hectáreas para llegar al total de stock a cada fecha por sumatoria. El siguiente paso sería confeccionar un plano de la recorrida semanal, donde se consigue la materia seca por hectárea de cada parcela.
"Confeccionamos el presupuesto forrajero sobre la base de las hectáreas de cultivos que tenemos programadas y las producciones de pasto que podemos esperar. Para ello, necesitamos datos orientativos del crecimiento probable de pasto para los distintos cultivos y momentos del año.
Hasta producir información propia, una alternativa es que se utilice con prudencia la información zonal de ensayos de forrajeras del INTA, CREA Chacras Experimentales, etcétera", sostuvo Peluffo. Posteriormente, al presupuesto forrajero se le superpone la demanda sobre la base de la hacienda disponible y de sus requerimientos.
Con lo anterior se quedan en claro los meses con faltantes y sobrantes y se hace, con anticipación, un plan de ajuste para una buena eficiencia de cosecha. Aquél se instrumenta con el manejo de la carga -momentos de compra/venta, cambios en la superficie ganadera, etecétera -o de la alimentación- suplementación, confección de reservas, restricción, alimentación plena, etcétera-. Estas alternativas se deben evaluar para cada campo y su contexto socio disponibilidad real de medios humanos, económicos y financieros.
¿Qué sucede después? Al medir periódicamente, se comienzan a ver áreas que se pueden mejorar.
Con respecto al potencial de producción de pasto, el objetivo será lograr, para cada zona y suelo, la más alta producción económicamente posible sobre toda el área forrajera. La observación en detalle, producto de las recorridas de las parcelas, irá indicando por dónde empezar:
- Es probable que se advierta que en las pasturas de 2/3 años, las lomas ya quedaron raleadas a densidades no compatibles con una buena productividad.
- Otra posibilidad es ver qeu los bajos se hab perdido por alguna lluvia muy intensa y no tienen las forrajeras que necesitan para producir satisfactoriamente.
- Se tomará conciencia de la cantidad de forrajeras producen mejor que otras, según destinos y tipos de suelos, lo que nos llevará, en el futuro, a aumentar la producción de todo el campo al ir renovando cada suelo con la mezcla más adecuada.
- Donde, por algún diagnóstico (historia de potrero, análisis, sentido común), sospechemos que puede ser redituable mejorar la fertilidad del suelo, va a ser necesario empezar a probar respuestas a la fertilización.
- Se observará, también, lo importante que resultan las fechas oportunas de siembra; ello es especialmente notorio en verdeos de invierno y en praderas nuevas, cuando se pierde la oportunidad de capitalizar la humedad y temperatura del fin de verano y comienzos de otoño.
- Por último, se toma conciencia de la variación de productividad según el dalño climático, lo que nos permitirá programar la producción media futura con rangos más conocidos de máxima y mínima. Todo esto nos llevará a producir más pasto para que, en el marco de un razonable riesgo empresario, se pueda programar la carga necesaria para aprovecharlo lo mejor posible.
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