Brasil, en cambio, incrementó su superficie en un 48%; el peso de las retenciones explica gran parte del retroceso
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En la última década, la superficie de siembra de soja se redujo en tres millones de hectáreas, al pasar de 20,5 millones de hectáreas en la cosecha 2015/16 hasta llegar a 17,6 millones de hectáreas en la actual cosecha 2025/26. La producción de soja en la Argentina durante la última década (2015-2025) ha mostrado alta volatilidad, oscilando entre campañas récord cercanas a 60 millones de toneladas y caídas severas por sequías (como en 2018 y 2023, bajando de 40–50 millones de toneladas).
La campaña 2024/2025 proyectó una fuerte recuperación, situándose como la mejor de los últimos seis años, con casi 50 millones de toneladas, y para el 2025/26 se proyecta una producción de 47/48 millones de toneladas. Hoy, la producción de soja es la menor de los últimos diez años (excluyendo los años de sequía); hemos perdido una década.
Mientras tanto, nuestro vecino país, Brasil, ha incrementado la superficie de siembra de soja de 33 millones de hectáreas en la campaña 2015/16 a 49 millones de hectáreas en la actualidad, un incremento de 16 millones de hectáreas equivalente al 48%. La producción de soja de Brasil aumentó de 100 millones de toneladas en la cosecha 2015/16 a 178 millones de toneladas, una suba de 78 millones de toneladas, equivalente al 78%. Una década ganada.

Hace diez años, la producción de soja de Brasil duplicaba a la producción de soja en Argentina, en una relación 2:1; hoy esa misma relación es 3,5:1. ¿Qué hizo Brasil para lograr estos aumentos de superficie, producción y productividad? Nada. ¿Qué hizo la Argentina para quedarse estancada durante los últimos 10 años? Aplicó un nivel de retenciones a las exportaciones de soja, aceites y subproductos que llegaron al máximo del 33% y hoy se ubican en 24% para el poroto de soja y 22,5% para el aceite y la harina.
Con este nivel de retenciones, los sucesivos gobiernos hasta el presente han logrado expulsar del sistema productivo tres millones de hectáreas de soja. Le quitamos a la Argentina el cultivo más competitivo en producción, exportaciones y de mayor valor agregado, de la mano del polo agroindustrial de soja más importante del mundo.
Veamos qué sucedió con las exportaciones de ambos países. Hace diez años, la Argentina exportaba 28,55 millones de toneladas de harina de soja y hoy exporta 29 millones de toneladas. En el mismo período, Brasil exportaba 10,39 millones de toneladas (el 36% de nuestras exportaciones) y hoy exporta 24,5 millones de toneladas (85% de nuestras exportaciones). Mientras, Brasil aumentó sus exportaciones de harina de soja en 10,11 millones de toneladas, la Argentina apenas aumentó en 0,45 millones de toneladas.
En el caso del poroto de soja, nuestro país mantuvo las exportaciones en el mismo nivel, 8 a 10 millones de toneladas, mientras que Brasil aumentaba en 63 millones de toneladas. En aceite de soja, la Argentina aumentó sus exportaciones en 1 millón de toneladas, hoy en 6,15 millones, mientras Brasil se mantiene con 1,5 millones de toneladas de exportaciones. Esto no debería preocuparnos pues nuestro fuerte siempre ha sido la exportación de harina de soja y aceite de soja, producto de la fortaleza de nuestro sector agroindustrial exportador. Y en este sentido, tanto Brasil como Estados Unidos nunca pudieron competir con la Argentina en el procesamiento y exportación del complejo soja, hasta que llegaron las retenciones.
Finalmente, nos surgen dos preguntas: ¿por qué la superficie de siembra de girasol aumentó más de 1,1 millones de hectáreas en los últimos cinco años, y la producción llegó al récord de 6,2 millones de toneladas?. La respuesta correcta es que las retenciones a la exportación de grano de girasol son hoy el 4,5% y para el aceite el 4%. ¿por qué el trigo llegó a una producción récord de casi 30 millones de toneladas y el maiz duplico su producción en la última década de 30 a 60 millones de toneladas? Las retenciones al trigo son hoy el 7,5% y el maiz el 8,5%, a partir de la decisión del gobierno actual de bajar las alícuotas de estos tres productos.
Conclusión: no hay ninguna duda que el actual nivel de retenciones a la soja y todo su complejo conspira contra la competitividad del cultivo y toda la cadena agroindustrial exportadora posterior.
El autor es presidente de Pablo Adreani & Asociados
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