
La plaza sojera no hubiera sido la misma si en la Argentina no se cobraban los Derechos de Exportación: hubo una merma en la producción por el peso de la carga tributaria
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Los Derechos de Exportación (DEX) a los productos agrícolas en nuestro país (mal llamadas “retenciones”) han sido muy debatidos en las últimas dos semanas. Muchos reclaman su eliminación total o parcial, mientras que el Gobierno niega dicha posibilidad en defensa del equilibrio fiscal.
Es obvio que el ministro de Economía, Luis Caputo, (voz cantante del segundo grupo) tiene argumentos que muchos outsiders del sector productivo (léase, no productores) comparten e incluso defienden, desconociendo que, indirectamente, han vivido gracias a la soja (sería innumerable su descripción). Pero fue el mismo Milei quien, en el Día de la Industria del 1° de septiembre de 2024, dijo: “...para proteger a la industria, se le robó al campo y generó un sector industrial adicto al Estado. Esta es una de las raíces de las crisis económicas estructurales que padecemos desde hace tantas décadas”.
Tremendas definiciones. Pero, en nuestra opinión, no suficientes. E incompletas. Podría agregarse a ellas una verdad incontrastable: durante esas décadas que menciona el Presidente hemos estado subsidiando a nuestros competidores. Veamos el caso de la soja. Esta oleaginosa no se utiliza para comerla con aceite y vinagre, como una ensalada. Se la utiliza para molerla y obtener de ella harina de soja y aceite de soja para alimentación animal, alimentación humana y biocombustibles. Los productores de soja relevantes y excedentarios en el mundo somos solo tres: Brasil (180 MM/t ), Estados Unidos (120 MM/t ) y la Argentina (50 MM/t ). Pero los que nos superan en el podio consumen una alta proporción de su propia producción. Es así como en harina y aceite de soja hemos sido líderes mundiales hasta ahora, gracias a que contamos con la industria aceitera más eficiente y competitiva del mundo. Pero el “detalle” es que los precios que reciben los productores argentinos sufren una quita que ha oscilado entre el 5% y el 35% anual durante más de 40 años (entre el 15% y el 40% en los últimos 20).

¿Ello es un subsidio a nuestros competidores? ¿Pueden los productores de Brasil producir cobrando por su soja solo US$300 billete por tonelada en el campo, como cobran los nuestros? Ellos cobran US$380 y tienen mucho más flete. ¿Y los estadounidenses? Hoy por hoy se quejan y cobran más de US$400 en la mano.
Cuando en septiembre del año pasado el gobierno argentino redujo a cero los DEX a la soja (solo por 48 horas), escribimos en esta misma página que las quejas públicas en Estados Unidos eran inaceptables y absurdas. Y que incluso podrían ser calificadas de infantiles.
Ahora bien, si no hubieran existido los DEX, ¿cómo habría evolucionado la plaza sojera a nivel global? ¿Habría crecido Brasil como lo hizo? ¿Estados Unidos sería un mar de maíz? ¿Cuál hubiera sido la asignación de superficie en nuestro país? ¿Cuál sería el paquete tecnológico aquí? Se me ocurren muchas combinaciones posibles. Por lo pronto, la producción agrícola sería muy superior a la actual (y durante muchos años), el ingreso de divisas, también; la recaudación impositiva, probablemente, y el desarrollo del interior podría haber evitado las grandes urbes improductivas. También es válido preguntarse cuál sería el escenario doméstico si la apuesta a los biocombustibles hubiera estado a la altura de nuestros competidores.
Los planteos son varios y muy variados. Pero subsidiar a Estados Unidos y a Brasil es demasiado. No es ni justo ni necesario.
El autor es presidente de Nóvitas SA



