Nicolás Barbarosch lidera Caligenia, una firma de biotecnología que busca revolucionar la agricultura regenerativa a partir de residuos orgánicos y tecnología desarrollada en el país
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A fines de 2022, mientras el debate global sobre cambio climático y degradación de suelos ganaba cada vez más espacio, una startup argentina comenzó a trabajar sobre una idea tan simple como disruptiva: transformar un residuo contaminante en una herramienta para regenerar la tierra.
La empresa se llama Caligenia, nombre inspirado en una diosa de la mitología griega vinculada a la fertilidad de la tierra y la renovación de la vida natural. Desde esa concepción, la firma se propuso convertir residuos orgánicos como el guano de gallina en biofertilizantes y enmiendas carbono negativas capaces de restaurar suelos degradados y contribuir a mitigar el cambio climático.
Detrás de esa iniciativa está Nicolás Barbarosch, ingeniero industrial, creador y CEO de la startup, que encontró en la biotecnología una forma concreta de abordar una preocupación que lo acompaña desde sus años de estudiante: el calentamiento global.
“Caligenia tiene cuatro años, arrancó a fines del 2022”, resumió a LA NACION Barbarosch al recordar el inicio de un proyecto que nació de la combinación entre ciencia, innovación y una visión ambiental de largo plazo.
Su recorrido comenzó mucho antes de la creación de la empresa. Estudió en el colegio Pestalozzi y, desde joven, tuvo experiencias internacionales que moldearon su perfil profesional. Mientras estudiaba Ingeniería Industrial en el ITBA, viajó a Alemania como parte de un intercambio estudiantil y luego pasó un mes en Nueva Zelanda.
También durante esa etapa universitaria volvió a salir al mundo. Pasó seis meses en Beijing, donde profundizó su formación y descubrió tecnologías vinculadas con la transición energética. “Siempre estuve muy preocupado por el calentamiento global”, contó.
En China cursó materias de ingeniería mecatrónica y accedió a una pasantía en una automotriz, donde comenzó a interiorizarse sobre hidrógeno verde, una de las tecnologías consideradas clave para reducir la dependencia de combustibles fósiles. “Aprendí mucho sobre hidrógeno verde, que es una de las tecnologías que a largo plazo va a desplazar a combustibles como el petróleo”, recordó. Antes, en Alemania, había realizado otra pasantía en energías renovables.

De regreso en la Argentina quiso enfocar su tesis universitaria en hidrógeno verde, pero no encontró oportunidades locales para desarrollarla y terminó trabajando con una empresa de Inglaterra. Luego llegó la pandemia y, con ella, un proceso de reflexión más profundo. “Me empecé a preocupar aún más por el cambio climático”, relató.
En ese tiempo, participaba en TechTrek, una organización estudiantil del ITBA dedicada a vincular estudiantes con empresas y levantar capital para proyectos. Esa experiencia lo llevó a Silicon Valley, donde pudo conocer de cerca a fundadores de unicornios argentinos.
Y mientras hacía una pasantía en Genneia, una de las principales empresas de energías renovables del país, surgió el contacto que cambió su rumbo. “Un amigo de la facultad me presentó a un fondo de inversión que se llama Gridx, que junta ciencia con negocios”, explicó.
Ese fondo es una aceleradora y fondo de capital de riesgo, venture builder, que se especializa en transformar proyectos científicos biotecnológicos en startups exitosas. Actúa como un puente entre científicos y emprendedores de negocios para crear empresas que resuelven problemas de salud, agro y bioindustria.

Fue allí donde Barbarosch conoció un proyecto que transformaba guano de gallina en un biocarbón para uso agrícola. Si bien la tecnología aparecía como prometedora, su alto consumo de energía representaba un obstáculo central para escalar el proyecto.
A partir de esa limitación, el equipo decidió diseñar una máquina propia, más eficiente y autosustentable. “Desarrollamos una máquina propia que sea autosustentable, es decir, que no consuma energía y que a la vez encima genere energía renovable”, explicó.
Así nació la base tecnológica de Caligenia: un sistema capaz de transformar guano de gallina en biochar, eliminando olores, patógenos y contaminantes, para luego potenciar ese material con bacterias promotoras del crecimiento vegetal. “Eliminamos el 100% de todos los patógenos y olores que tiene el guano y lo transformamos en un biocarbón con propiedades específicas”, afirmó.
Ese proceso, dijo, combina hardware, software, biotecnología e inteligencia artificial para desarrollar insumos orientados a mejorar la salud del suelo y la eficiencia de los cultivos. “Después lo sometemos a un proceso biotecnológico, donde le agregamos bacterias promotoras de crecimiento vegetal”, explicó.
La startup trabaja hoy con dos líneas de productos: una sólida, enfocada en la restauración de suelos degradados, y otra líquida, orientada al tratamiento de semillas para mejorar la respuesta de los cultivos frente a estrés hídrico o térmico. “Queremos que con una inversión muy pequeña el productor pueda obtener mayores rindes y esté protegido si hay sequías, heladas o distintas adversidades ambientales”, sostuvo.

La tecnología apunta a distintos tipos de degradación, especialmente en suelos salinos y ácidos, problemas que afectan la productividad agrícola en varias regiones. En la actualidad, la firma está en fase de validación dentro de una granja avícola, donde evalúa el funcionamiento de la tecnología en condiciones reales. “Hoy estamos en una granja, estamos en la etapa de validación y faltaría la etapa de comercialización”, explicó. La meta es comenzar a comercializar el producto a partir del próximo año, con el respaldo financiero de Gridx, que apostó fuerte por el desarrollo.
Reconocimiento
A los 29 años, Barbarosch ya logró que la startup fuera distinguida entre las Top 25 Cleantech Startups de Latinoamérica 2025, un reconocimiento otorgado por Cleantech Group con apoyo de Breakthrough Energy, la iniciativa impulsada por Bill Gates. Contó que la selección incluyó más de 300 nominaciones y destacó a las compañías con mayor potencial de impacto transformador en la región durante los próximos años.

Para Barbarosch, ese reconocimiento valida una visión: la innovación aplicada al agro puede resolver problemas ambientales y productivos al mismo tiempo. “Logramos resolver un problema crítico de contaminación, convirtiendo residuos en insumos carbono negativos, orgánicos y biológicos”, afirmó.
La idea detrás de Caligenia es convertir un pasivo ambiental en un activo productivo. Donde antes había un desecho contaminante, ahora buscan generar un insumo premium para restaurar suelos y optimizar cultivos. La apuesta de la startup es ambiciosa: empezar en una granja, consolidar la validación local y luego escalar la tecnología a otras regiones y mercados. “Transformamos mierda en ‘oro’ biológico. La idea y el objetivo es ir por todo el mundo“, resumió, con crudeza, la lógica detrás del proyecto.
En un contexto donde la agricultura enfrenta el desafío de producir más con menor impacto ambiental, para el emprendedor, la firma intenta posicionarse como parte de esa nueva generación de soluciones que combinan productividad y regeneración.
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