“Changómetro”: cómo afectó la inflación al billete de $1000
En los últimos cuatro años, el poder de compra de los argentinos cayó cuatro veces; en comparación con 2017, hoy se compran 6,5 kg de asado menos
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A finales de 2017, el billete de $1000 entró en circulación en la Argentina. En aquel entonces, fue presentado como consecuencia de la devaluación del peso, el billete de Evita se había quedado corto. Cuatro años después, la inflación también afectó al hornero y, en promedio, su capacidad de compra cayó cuatro veces.
La Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) lanzó el “Changómetro”, un medidor que toma la “fiebre de la inflación”. El índice mide cómo el poder de compra de las familias se fue degradando en pocos años, comparando qué se compraba en 2017 con un billete de $1000 y qué se obtiene hoy por la misma plata.
“El objetivo es indagar más allá de las cifras como dato frío, para dimensionarlo en cada familia. Hablamos todo el tiempo de la Inflación, pero ¿qué es? Sabemos lo que sufrimos por ella, pero ¿cómo actúa? Este desarrollo cruza distintas cifras y aporta otros tipos de análisis para que podamos entender más sobre estos términos económicos que sufrimos en nuestra realidad diaria”, explicó la fundación.

Uno de los ejemplos que más les duele a los argentinos. En 2017, con $1000 se podía comprar ocho kilos de asado, lo que alcanzaba para que coman cuatro familias. Hoy, con esa plata solo se puede adquirir 1,5 Kg.
“Si nos vamos cuatro años atrás, con mil pesos veríamos a cuatro familias comiendo un asado, pero hoy con esa misma plata, no nos alcanza ni para una sola familia. Esta puesta en imágenes cotidianas nos sirve para entender los datos duros, en el medio perdimos seis kilos y medio”, sostuvo David Miazzo, economista jefe de FADA.
Otro caso. A finales de 2017 un changuito con alimentos y bebidas costaba $1000, mientras que hoy es necesario contar con $4401 para poder comprar los mismos productos. Es decir, en cuatro años se encareció cuatro veces más.

Si la comparación se hace con la yerba, en 2017 mil pesos equivalían a comprar 29 paquetes de yerba de medio kilo. Hoy con esa plata solo se pueden comprar cinco. Eso se traduce en la pérdida de 24 paquetes o de 240 mates menos.
“Pero la inflación no es sólo un problema de alimentos, pasa con todo tipo de productos. En 2017, lo que gastábamos para llenar el tanque de un auto chico con 40 litros de nafta súper, ahora sólo podemos comprar 10 litros, un 75% menos de nafta”, señaló Natalia Ariño, economista de FADA.

Las compras de ropa y calzado tampoco son la excepción. En la actualidad, llenar el mismo placard cuesta cuatro veces más. Lo que a finales de 2017 salió $1000, hoy se tiene que gastar unos $4236.
“El problema de la inflación no son los precios, son los pesos. Lo que pierde valor es el peso, cada vez necesitamos más billetes para comprar lo mismo: eso es la inflación. El hecho de que cada vez compremos menos cosas con la misma plata repercute en todos, pero impacta mucho más a los que menos tienen”, explicó Miazzo.
2021: otro año en que la inflación es protagonista
Ayer se conoció la inflación de julio. El mes pasado el aumento generalizado de los precios fue del 3%, la menor cifra que reportó el Indec desde que empezó el año. En total, el incremento acumulado superó los números que el Gobierno había proyectado en el Presupuesto para todo el año: los precios minoristas aumentaron 29,1% en 2021.

Por su parte, Ariño remarcó que el aumento sostenido de los precios afecta a la producción, los salarios, el empleo y las inversiones. Además, la inflación “impacta directamente sobre la pobreza” y agregó que si bien toda la población tiene menos poder adquisitivo mes a mes, eso “incide con mayor fuerza en quienes tienen menos ingresos”.
“La inflación y la suba de precios, son una consecuencia de la pérdida de valor de la moneda. El peso pierde valor porque se imprimen muchos pesos y porque no hay confianza en el país y su futuro económico. Para pensar en soluciones hay que apuntar a esos dos puntos centrales: dejar de imprimir pesos y solucionar el desequilibrio monetario, y generar un plan económico que sea consistente y permita generar confianza, confianza en el país y en que sea capaz de solucionar sus problemas y crecer”, argumentaron los economistas de la fundación.

El dólar oficial planchado, el congelamiento de los servicios públicos y los controles de precios, son algunas de las medidas que impulsa el Gobierno para proteger el valor del peso, pero que “no atacan las causas de la inflación y solo la contienen a corto plazo”.
“El problema es que este tipo de políticas generan inflación futura, cuando llega el momento de ajustar las tarifas de los servicios públicos o el precio del dólar. Es decir, sólo retardan el problema y lo van haciendo más grande”, concluyó el informe de la FADA.
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