Aumenta la piratería en los mares

En 2002 se denunciaron 370 ataques a buques de carga, unos 35 más que los registrados durante 2001
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13 de mayo de 2003  

A lo largo de la historia, los piratas aterrorizaron los mares del mundo. De argolla en la oreja y parche en el ojo, estos personajes alimentaron numerosas novelas románticas, leyendas y sueños infantiles. Sin embargo, la especie se fue degenerando, y los pintorescos bucaneros de antaño se transformaron en criminales y secuestradores.

El incremento anual de abordajes refleja la vulnerabilidad de los buques en alta mar. En 2002, el Centro de Reporte de Piratería del Bureau Marítimo Internacional (IMB, siglas en inglés) registró 370 denuncias, comparadas con 335 en 2001.

Indonesia nuevamente fue el lugar de mayor número de ataques, con 103 incidentes reportados. Bangladesh está segundo en el ranking con 32 asaltos, y le sigue la India, con 18.

Brasil, Colombia, República Dominicana, Ecuador y Guyana mostraron un notorio incremento sumando 52 los ataques en América del Sur y 12 en América Central.

Si bien el número de tripulantes asesinados en 2002 bajó a 10 comparado con 21 en 2001, esa cifra encubre un dato escalofriante: 24 pasajeros o tripulantes están desaparecidos, y a muchos de ellos debería considerárselos muertos. Frecuentemente, durante los ataques en el mar, los piratas tiran a la tripulación al agua y dejan que se ahoguen.

Es que los piratas de estos tiempos ya no llevan los mismos códigos que sus progenitores. En vez de pelear con el puño o el cuchillo, van completamente armados, y a veces con detonadores. En octubre pasado, el buque tanque francés Limburg fue abordado por una lancha llena de explosivos. El buque cargaba 400.000 barriles de crudo cuando repentinamente se inició fuego a bordo. Un tripulante murió y 90.000 barriles de combustible fueron derramados al mar.

Gran cantidad de buques con combustible son víctimas de actos piratas, ya que un tercio del comercio mundial de petróleo y el 80% del crudo de Japón se mueven a través del estrecho de Malacca entre Malasia e Indonesia.

El Bureau Marítimo Internacional dice que un ataque como el del Limburg es difícil de prevenir. "Ningún buque puede defenderse en esas circunstancias", sostuvo el organismo, que persiste recomendando a las autoridades portuarias a que designen guardas costeras o policías en los canales de ingreso.

Pero a medida que los piratas se modernizan, también van adoptando nuevas modalidades de robo. No siempre se trata de asaltar a la tripulación y llevarse el dinero que hay a bordo (a veces hay grandes sumas, para pago de amarras, combustible, remolques, etc.), o de bombear unos litros de combustible a un buque más pequeño. Cargas multimillonarias completas corren el riesgo de desaparecer si caen en manos de un determinado grupo criminal organizado, según alertó el IMB.

El modus operandi se basa en ofrecer a cargadores que operan entre el Este Mediterráneo y la costa africana, tarifas baratísimas para obtener la carga fácilmente. En vez de descargar la mercadería en el puerto contratado, los buques cambian de identidad y descargan ilegalmente en otros puertos; a menudo venden el motín a precios bajos a un comprador ya estipulado. Las primeras sospechas y reclamos del dueño legítimo de la carga respecto de la tardanza se resuelven con excusas que van desde el pronóstico del tiempo a dificultades técnicas.

La tarea más difícil, asegura no obstante el IMB, es convencer a los gobiernos de que se trata de un problema serio y creciente, y de que la cooperación es necesaria.

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