
Diecinueve años como testigos del péndulo del comercio exterior
El comercio exterior es un concepto que quedó desactualizado. Las fronteras se borraron, y con ellas los aranceles. Las compañías están integradas. La productividad de las empresas baila al ritmo de la competitividad, cuyos instrumentos son el transporte y la logística. La tecnología impide el aislacionismo. El exterior, como contraposición de interior es, bajo la premisa comercial, por lo menos anacrónico.
Estos 19 años en los que La Nacion fue testigo del relacionamiento de la Argentina con el mundo expresan la dialéctica a la que el país fue sometido. Vimos los dos momentos extremos del péndulo: la tesis de la apertura de la década del 90, con la mínima presencia del Estado en servicios públicos como el transporte fluvio-marítimo y el portuario, y la bienvenida a los capitales y la gestión privadas; por el otro, la antítesis del cierre, de la administración pública del comercio y la estatización de emblemas de la argentinidad.
De los brazos abiertos al mundo al cachetazo, sin espíritu de transición pacífica de modelos, con el ego propio de quien se ve como otro estadista, superador y excelso, venido para refundar lo fundido.
La esencia del péndulo es el movimiento permanente. Toca los extremos, pero siempre moviéndose en línea recta, recorriendo infinitos diámetros del círculo que todo lo incluye. Esos diámetros recorridos son la historia y el futuro de la Argentina. Pero en lugar de un armónico balanceo de transición entre puntas, somos empujados con violencia de un lado al otro.
El equilibrio no es digno de los políticos.
Sin equilibrio no hay síntesis posible que sea capaz de tomar lo mejor de los dos extremos, en lugar de oponer antítesis a tesis de forma permanente.
En esta edición aniversario casi no hay sector del comercio exterior que no reclame políticas estables, permanentes y previsibles. Reglas claras. Políticas de Estado.
Preocupa el aumento de costos, la voracidad fiscal que prioriza el clientelismo bajo el argumento de la inclusión social, el desfinanciamiento del sector empresario al que le cobran impuestos hoy y les retacean los reintegros, la discrecionalidad en el otorgamiento de permisos desvirtuados...
Desesperanza a la Argentina el estado permanente de adolescencia política. No escucha. Pero se queja. La Argentina pendular necesita una síntesis.






