
El gran dilema: política de shock o gradualismo
Si bien existe un acuerdo casi generalizado sobre el temario de prioridades que deberá enfrentar quien suceda a Cristina Kirchner, a nueve meses del recambio presidencial nadie arriesga cuál sería la mejor manera para, por caso, levantar el cepo
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Dicen que si en algo tiene experiencia la Argentina -la economía y su gente- es en shocks. Éste es el país de los hechos consumados, argumentan quienes defienden esa metodología. A diferencia de lo que ocurre en otros sitios (no muy lejanos) del planeta, aquí, la presentación demasiado anticipada de un plan económico detallado equivale a firmar su acta de defunción.
A casi nueve meses de la asunción del nuevo gobierno abundan las coincidencia respecto de cuáles son los temas prioritarios que deberá abordar la próxima administración. El dilema pasa más bien por el cómo: ¿un amistoso gradualismo o una política de shock, con cambios abruptos que no dejen demasiado margen para jugadas especulativas?
El listado, que contempla, entre otras, cuestiones al cepo, las DJAI (y otras trabas al comercio internacional), el tipo de cambio, la inflación y la competitividad, difícilmente pueda analizarse de manera aséptica en medio de la carrera electoral para suceder a Cristina Fernández de Kirchner.
"Dependerá de cómo se llegue a fin de año", opinó Jorge Remes Lenicov. El ex ministro de Economía de la Nación durante la presidencia de Eduardo Duhalde considera que, pese a todo, se podría aplicar una política gradualista, aunque quedara pendiente para el futuro "la discusión sobre el nivel del tipo de cambio que todos reconocen que está atrasado. En los otros temas como las tarifas o el desequilibrio fiscal, (los cambios) se pueden hacer gradualmente, y en términos de reformas estructurales creo que el tema más importante es la reorganización del Estado, que también permite una política de graduación", explicó.
El economista admitió que "hablar de tipo de cambio atrasado significa devaluación", que también en ese caso las medidas se pueden aplicar de "una sola vez o mensualmente", y que ambas tienen sus pro y sus contras.
En tono risueño, Diego Pérez Santisteban, presidente de la Cámara de Importadores (CIRA), menciona que decir hoy si el 11 de diciembre hay que optar por cambios graduales o aplicar una política de shock es como responder a la famosa pregunta del millón de dólares.
"En la Argentina, el comercio exterior siempre ha sido víctima de shocks. Cuando hubo retrasos con el tipo de cambio, se ajustó violentamente y eso por supuesto generó inconvenientes. Hoy el problema es más complejo porque si bien se puede opinar respecto del valor del tipo de cambio con su atraso relativo, eso se da en un contexto de cepo. ¿Qué ocurriría si se levantara el cepo? ¿El tipo de cambio estaría más cerca de los 9 pesos del oficial o de los 12,80 del paralelo? Ahí hay dudas y por lo que veo en los equipos de los diferentes espacios está la duda sobre si lo mejor es el gradualismo o tomar las medidas rápidas. Eso sí, al menos en los candidatos de la oposición noto una firme decisión de levantar el cepo".
Santisteban señala que no se puede "levantar el cepo sin tener pensada una política para el tipo de cambio".
"Además de por el cepo, el tipo de cambio está influido por la estructura de aranceles y sobre todo, de derechos de exportación, que también los principales candidatos de la oposición dicen que eliminarán en general, salvo para la soja, caso para el que se analiza una bajada gradual del derecho de exportación. En la mezcla de esos factores -cómo se manejará la política de derechos de exportación y el levantamiento del cepo cambiario- se irá viendo cuáles son las pautas del tipo de cambio. Si en el cálculo de todas esas variables uno encuentra que el valor de equilibrio del tipo de cambio es, por ejemplo, entre 10 y 11 pesos, no habría problemas para generar cambios de forma inmediata. En cambio si en el cálculo que se haga cuando se elimina todo eso se observa que puede haber algún riesgo de corrida con el tipo de cambio, quizás a quienes les toque administrar el país a partir del 10 de diciembre opten por una versión más gradualista", detalló.
El presidente de la CIRA, señala, sin embargo, que también los gradualismos tienen una historia compleja en el país porque nunca se han podido sostener. "En general porque han sido decisiones sobre el tipo de cambio de forma aislada; en la medida en que las decisiones sobre la política cambiaria formen parte de un programa quizá pueda desarrollarse algo en forma gradual que sea aceptado por el mercado".
Dante Sica no lo duda. "Todo dependerá de la fortaleza política del gobierno que asuma. Hay tareas para hacer, algunas aunque no sean específicamente de comercio exterior, impactan en él. Creo que hay dos temas centrales. Por un lado, hay que equilibrar la macroeconomía para que vuelva a haber consistencia entre la política fiscal y monetaria. Eso permite empezar a igualar un poco la cancha. ¿Qué incluye eso? Básicamente, liberalización del cepo cambiario, unificación del mercado de cambio. Eso implicará también un toque en el tipo de cambio y eso da un panorama distinto para el comercio exterior. Deberías empezar por lo menos sin restricciones que hoy artificialmente te están generando trabas. Después hay un tema que impacta en el comercio exterior: hay que recuperar los temas de competitividad."
Para el director de la consultora abeceb.com el fuerte problema de competitividad que tiene el país no sólo está asociado a la distorsión del tipo de cambio, sino a la competitividad sistémica. "Todos saben cuánto nos cuesta cada día extra que tiene que esperar un barco para ser cargado o los días que tardamos en nacionalizar un auto. Esos son costos asociados a los problemas de infraestructura, las regulaciones y la gestión".
La visión del gerente de ProMendoza, Daniel González, refuerza esa teoría. Pese a que la vitivinicultura integra el grupo de economías regionales más golpeadas por el aumento de costos internos y un tipo de cambio desfavorable, González reniega de modo terminante de las políticas de shock y explica que la solución a la actual crisis del sector no pasa simplemente por la devaluación del peso.
"Si pidiera para la industria vitivinícola un shock sería bastante arriesgado y egoísta por tratar de lograr algún beneficio para exportar más vino y provocar un shock en el resto de la población", explicó. "Miguel Bein (uno de los economistas que trabaja en los equipos de campaña del precandidato Daniel Scioli) habla mucho de devaluación fiscal: sacar las retenciones, aumentar los reintegros. Juguemos con ese tipo de herramientas que dan competitividad. Una provincia como Mendoza, que está a más de 1000 km del puerto, tiene un costo muy elevado. Hoy poner un contenedor en un barco te cuesta US$3000. Apuremos la inversión ferroviaria. Necesitamos bajar esos costos. Firmemos acuerdos, avancemos en las políticas de negociación con otros mercados. Tenemos varios competidores, pero Chile, que está al lado, accede al 80% del mercado internacional sin aranceles; nosotros pagamos aranceles prácticamente en todos los mercados. Y el aumento de costos es un tema. La inflación hace que todos los días se redistribuya un poquito y generalmente el que tiene menos poder de negociación es el que más pierde".
Diego Giacomini, economista jefe de Economía y Regiones, opinó que el cepo es un problema grande para la economía argentina cuyo principal impacto se da sobre el nivel de actividad y crecimiento. "Hoy la Argentina tendría un PBI per cápita sustancialmente mayor si no se hubiese aplicado el cepo. Probablemente estos casi cuatro años de cepo implican un PBI per cápita 20% inferior de lo que podría haber sido", arrancó.
¿Cuál es la relación entre el cepo y el PBI? "La existencia de cepo rompió todos los mecanismos de transmisión positiva que había entre los términos de intercambio, el ingreso de divisas, la construcción y actividad en el mercado inmobiliario. Además, y sobre todo, genera expectativas negativas en términos de devaluación e inflación, eso atenta contra la inversión y por ende afecta muy negativamente el nivel de actividad. Todos dicen que hay que sacar el cepo, pero para hacerlo antes hay que tener en claro por qué está. La única manera de sacarlo de un modo eficiente es entender sus causas para corregirlas", dijo Giacomini.
Luego sintetizó la génesis del cepo. "Hay un gobierno que aplicaba políticas fiscales y monetarias muy expansivas. O sea, un Banco Central que emitía muy fuertemente para financiar al Tesoro que expandía el gasto público en forma muy importante. Entonces, en ese contexto, se generan expectativas de inflación y de devaluación, y la gente corría contra las reservas. En esos casos hay dos salidas: o cambiás tus políticas que son las que generan las corridas contra las reservas o sino querés perder las reservas liberás el tipo de cambio y lo dejas flotar. Esta administración no estaba dispuesta a cambiar sus políticas ni a asumir las consecuencias de las mismas, que eran un tipo de cambio más elevado sino se querían perder las reservas."
En ese contexto, ¿levantar el cepo es la tarea más urgente e importante de la próxima administración? Giacomini dice que para tomar esa decisión hay que generar ciertas condiciones. "Si viniese un hada y con la varita mágica eliminara el cepo, con el exceso de pesos que hay en el mercado -alrededor de 4% del PBI-, esos pesos irían contra las reservas y eso provocaría una fuerte devaluación. No se puede sacar el cepo si primero no se limpia el mercado monetario, no se sacan todos los pesos que sobran".
Mauricio Macri dijo que si es el próximo Presidente, el 11 de diciembre elimina el cepo. Sergio Massa habló de 100 días, pero no han explicado cómo, dijo La Nacion.
Giacomini concluye: "Me parece que ahora están todos enfocados en ganar las elecciones y no en el programa económico, cosa que imagino harán más adelante. Pero el punto es que hay que tener en claro es que para salir del cepo hay que generar condiciones previas que dependen de dos variables: la primera, quedan por delante ocho meses que no son inocuos. La herencia irá ganando peso. Por eso es muy importante que el plan que se aplique sea un programa integral que apunte a varias reformas -fiscal y monetaria-. No podemos tener más un Banco Central que emita dinero para satisfacer los deseos de gasto y déficit fiscal de la Tesorería. Hay que arreglar el tema de los holdouts y también tiene que haber una reforma del sistema regulatorio, porque tenemos que lograr que haya inversión en los servicios públicos".
Diseñar políticas en un mundo superconectado
Más allá de los planes de los candidatos locales, ¿cuál es el margen de acción real para que un mundo globalizado e interconectado el gobierno de un país (como el de la Argentina) pueda definir y aplicar políticas sin tener en cuenta lo que pasa en la casa de su vecino?
Tras el escándalo de corrupción en Petrobras, se aceleró el denominado "efecto cachaça", que entre otras cosas produjo una devaluación del real (perdió 13% de su valor en lo que va de marzo, convirtiéndose en la divisa con peor desempeño entre las 152 que sigue Reuters).
Dante Sica opina que hay que mirar la tendencia mundial. "Argentina viene a contramano de lo que pasa a nivel internacional. Hasta hace dos años veías que todas las monedas de nuestros socios comerciales se apreciaban respecto del dólar que en cierto modo estaba si débil. Hoy tenemos un dólar fuerte. Todas las monedas se deprecian contra el dólar. Sin embargo, la Argentina tiene una política desacoplada entre los precios locales y los precios internacionales y así lo estamos pagando".
En 2015 el dólar se apreció frente el Euro 15 % y además de en Brasil, hubo devaluaciones en México, Chile y Uruguay.
"Todos se están ajustando a las nuevas condiciones internacionales menos Argentina que usa su política de tipo cambio básicamente para poder contener el proceso inflacionario, y eso genera un retraso mayor a los problemas internos", dice Sica.
-¿Qué impacto puede tener lo que está pasando en Brasil, con los crecientes reclamos sociales y la economía estancada?
-Desde el punto de vista económico está claro que es un mal año para la expansión de Brasil. Su economía caerá y seguramente eso genere una caída en el nivel de comercio. Y mientras no resuelva su tema político le costará poder asentar su marco de política económica porque hay una fuerte desconfianza. Mi mayor preocupación no está en lo económico sino en lo político. Sin ser catastrófica la visión, hay un problema fuerte en el seno de la alianza de los partidos de poder. El panorama político cambió 180 grados entre cuando Dilma ganó y hoy. Hay controversias al interior de la alianza que gobierna y encima está el caso de Petrobras. Los temas de corrupción no sólo salpican sino que enturbian el panorama político. Lo más preocupante, insisto, es no lograr dar señales de confianza en un gobierno que recién asume para poder llevar adelante el desafío económico de recuperar el crecimiento.





