
El reintegro del IVA y la exportación
Por Elvio Baldinelli Para La Nación
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En la Organización Mundial del Comercio se ha acordado cuáles son las medidas fiscales y crediticias de apoyo a las exportaciones que los países miembros pueden utilizar. Entre las primeras la principal es la devolución del Impuesto al Valor Agregado, lo que en la Argentina se hace con tal retraso que conspira contra el desempeño de nuestras ventas al exterior.
Uno de los problemas deriva de la necesidad que las autoridades de la DGI y la Aduana tienen de controlar lo que se paga, pues no son pocas las oportunidades en las que comerciantes inescrupulosos obtienen la devolución de algo que nunca fue total o parcialmente pagado.
Por otra parte el hecho de que miembros del Congreso hayan realizado hace algunos meses auditorías en la Aduana y la DGI, las que fueron objeto de estrepitosa publicidad, ha originado temor entre los funcionarios de ambas instituciones al punto de que prefieren demorar las resoluciones, o no tomarlas, antes de correr el riesgo de aprobar algo que mañana pueda ser objetado.
Este estado de miedo hace que los funcionarios frecuentemente requieran a los exportadores nuevos comprobantes y la realización de más trámites, con lo que siempre se demora más la devolución del IVA. El cuadro negativo se completa debido a que existe temor de recibir un castigo si se yerra actuando, pero no por demoras que perjudiquen a exportadores que operan correctamente.
Falta de fondos
Pero el problema para obtener la devolución del IVA no termina cuando la operación fue aprobada, ya que sucede que frente a faltantes de tesorería el gobierno con frecuencia resuelve postergar por meses los pagos. Las demoras del Fisco no son nuevas. Desde el momento de la compra del grano hasta que se cobra el IVA a la DGI transcurren entre 4 y 6 meses, según la época del año. Esta situación se ha agravado especialmente en los últimos tiempos. Solamente a las empresas que embarcan granos y subproductos de su molienda la DGI les retuvo entre julio y agosto unos $275 millones. La suma se incrementa al considerar otros productos como carnes, frutas, lácteos y manufacturas.
Las empresas grandes soportan demoras por cuantiosas sumas, pero no es más cómoda la situación de las Pyme, con una menor capacidad de endeudamiento, principalmente debido a que el organismo cobra a los incumplidores un 3 por ciento mensual y sólo reconoce medio punto cuando es él quien se retrasa.
El problema es grave debido a que esta situación afecta a todas las firmas, sean grandes o pequeñas, y prácticamente a todos los productos.
En el comercio internacional las Aduanas de los países compradores devuelven a los exportadores el Impuesto al Valor Agregado pagado, mientras en los países que importan le cargan el vigente en su territorio.
La situación
Por ejemplo, si una firma argentina exporta un bien a Noruega recibe de nuestra Aduana la devolución del 21 por ciento del IVA pagado, pero al ingresar el producto en aquel país sus autoridades le aplican el 23 por ciento del impuesto allí vigente. Por este motivo si una firma argentina pretendiera facturar a su comprador en el exterior el precio más el IVA local, ese bien quedaría gravado con un doble impuesto, el de la Argentina y el del país comprador, o sea en el caso del ejemplo con el 44 por ciento.
Es fácil comprender que de este modo sería muy poco, en caso de concretarse alguna operación, lo que se lograría vender al exterior.
Dada esta situación al exportador argentino no le queda otra solución que financiar el retraso de la Aduana argentina a las tasas de interés locales, las que no son bajas.
Los mayores costos que estos gastos representan disminuye la capacidad competitiva de la oferta exportable argentina.
Por supuesto que las autoridades no ignoran estos hechos y si no le ponen remedio es, simplemente, porque tienen tales dificultades de caja que están obligadas a posponer ciertos pagos. No es tampoco el de la exportación el único sector afectado, tal como puede verse en la prensa diaria, aunque aquí cabe aquello de que mal de muchos consuelo de tontos.
El autor es ex secretario de Estado de Comercio Exterior. Actualmente es vicepresidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina.




