La conciencia exportadora
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Cuando hablamos de filosofía creemos que ésta solo se reserva para las grandes ciencias humanísticas, pero en todas las ordenes debería existir un sustento filosófico que, a través de la reflexión, nos permita construir el camino que nos lleve al logro de nuestros objetivos.
El comercio exterior no es una excepción, necesita un sustento filosófico que lo clarifique, que le permita estructurarse y esto es el fin de la conciencia exportadora.
Esta idea parecería carecer de sentido práctico pero no es así. No es posible crecer sin saber hacia dónde nos dirigimos y esto lo viven también los países que incursionan en el comercio exterior, o mejor dicho, deambulan en el contexto internacional, sin tener un fundamento sólido en su actuar.
Muchas veces se habló de este tema, en la mayoría de los casos de una manera muy genérica con un contenido más filosófico-teórico que comercial. Pero en realidad no puede existir una política exportadora exitosa carente de conciencia sin un conocimiento reflexivo de cómo actuar y qué pasos seguir. El reconocimiento en el mundo del comercio exterior sólo se puede lograr con conciencia exportadora.
Claros ejemplos
Japón es un país que no existiría si no fuera por su fluido intercambio comercial que se originó por el conocimiento reflexivo de su realidad y sus posibilidades. En una primera etapa, no producía productos de primera calidad sino que copiaba modelos ya existentes, tratando de reducir costos. Luego, en una segunda etapa, no sólo copió sino que los perfeccionó copando el mercado. Antes, las motos eran sinónimo de Inglaterra y hoy son japonesas; las máquinas fotográficas eran alemanas y ahora también son japonesas. Otros fenómenos de conciencia exportadora son Francia, país que vende marcas explotando al máximo su factor diferencial; Italia, con su turismo; Suiza, donde se creó un culto a la exactitud de los relojes; Escosia y el whisky y el fenómeno del pisco, producto peruano que apropiaron como suyo los chilenos, registrando la marca Pisco.
Brasil tiene marca en café y algo importante: vende zapatos a Estados Unidos cuando su calidad es inferior a la nuestra, pero sabe a qué nicho apuntar.
Sujetos responsables
Es innegable la falta de conciencia en nuestro país. Se refleja en la mínima participación argentina en el comercio mundial, caracterizada por la exportación de productos agroindustriales y por la irrelevante presencia de las Pyme en esta actividad. Tres son los sujetos que intervienen en este proceso: la educación, el estado y las empresas.
La educación es la esencia para el desarrollo de la conciencia exportadora. Sin embargo, varias son las falencias que presenta en nuestro país.
La formación de profesionales para trabajar únicamente en grandes empresas y la contraposición de la teoría con la práctica, constituyen parte del mal de la realidad virtual universitaria. Los jóvenes profesionales también deben estar preparados para atender mercados pequeños de calidad media o inferior y entender la realidad de las Pyme que dista de la gran estructura empresarial.
La teoría y la práctica deben caminar de la mano; un teórico sin práctica fracasa por desconocer la realidad, un práctico sin base teórica es endeble, pues todo conocimiento empírico solo sirve para el caso concreto y no para consolidar una estrategia. En nuestro país la teoría y la práctica son como dos compartimentos estancos de difícil conexión, origen del fracaso de muchos proyectos.
Es inconcebible la puesta en práctica de nuestra conciencia exportadora sin el aporte fundamental de las instituciones y los funcionarios estatales. Para ello se debe tener bien en claro el rol fundamental del Estado y la importancia de la denominada decisión política. Esta decisión, repercutirá en todos los sectores, pues no existe identidad nacional, en un país que no sabe moverse en el comercio mundial.
La excesiva intermediación eleva los costos a niveles insospechados actuando como aduanas interiores. Más aún, la Argentina no es un país con alto grado de credibilidad y en el nivel histórico careció de una política exportadora nacional. Además, el Estado debe acompañar el empresariado en la búsqueda del factor diferencial que les permita abrir nuevos horizontes para sus productos. Todos y cada uno de estas situaciones contribuye a la formación del dique de contención de nuestro propio crecimiento.
Si analizamos nuestras exportaciones veremos que sólo un grupo de grandes empresas -del sector agroindustrial- aglutina la mayor cantidad de la oferta exportable. Las Pyme se abocan al mercado interno, creyendo que la exportación es algo extraño y ajeno a su realidad.
Hoy, es necesario la participación activa de las diferentes estructuras empresariales. Constantemente hacemos alarde del poder de inventiva de los argentinos para superar nuestras limitaciones, ¿por qué no reflejar esto en el comercio exterior?
La teoría de la negación, el famoso "no se puede" previo al análisis de la posibilidad de exportar y el analfabetismo exportador de las Pyme, por falta de información y desconocimiento, son temas más que conocidos.
En síntesis, los motivos de esta falta de conciencia son varios como también la fórmula para solucionarlo, pero el principio es el mismo, la conciencia exportadora.
El autor es coordinador de la Carrera de Comercio Exterior de la Cámara Argentina de Comercio (CAC).




