
Las nuevas inversiones del Mercosur se mueven con ritmo propio
Según las estadísticas, nada indica que en Brasil se concentre la mayoría de las nuevas empresas, como se teme aquí
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Uno de los puntos más controvertidos de la relación comercial entre la Argentina y Brasil tiene que ver con la manera en que su formación influye en la localización de nuevas inversiones, sean locales o extranjeras. En los primeros años, el intercambio de bienes entre ambos países fue la consecuencia de las capacidades de producción instaladas con antelación a la conformación del bloque, pero ahora resultan también de la instalación de nuevas empresas, o la ampliación de las existentes.
Cuando una firma resuelve instalar una planta con el propósito de atender la demanda de los países del Mercosur, debe decidir su ubicación geográfica. Influye en la opción el diferente ritmo de las tasas de inflación de los países miembros, la estabilidad de las normas, la seguridad jurídica, la carga impositiva, el acceso a las materias primas, la infraestructura de transporte, el costo de la energía eléctrica, el nivel de salarios y la disponibilidad de gerentes.
Otro factor que pesa es el tamaño del mercado, punto irrelevante en un espacio geográfico libre de aranceles de importación, como la Unión Europea (UE).
En nuestro medio se teme que, al no respetarse rigurosamente los compromisos emergentes del tratado -en lo que se refiere al libre acceso en los mercados de los países miembros y respecto del arancel externo común (AEC), sumado a que el producto bruto interno (PBI) de Brasil es mucho mayor que el argentino, y a que ese país suele subsidiar las exportaciones y las inversiones-, se corra el riesgo de que las nuevas empresas se instalen preferentemente en territorio brasileño.
La comprobación
Si fuera verdad que las nuevas inversiones tienden a concentrarse en Brasil, sería inevitable que el intercambio de manufacturas tome una sola dirección, quedando para la Argentina el papel de suministrador de materias primas.
Sin embargo, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), el intercambio comercial bilateral continúa siendo positivo para la Argentina. No obstante, tal resultado puede originarse en mayores envíos de materias primas (como alimentos, petróleo y gas) y, para el caso que nos ocupa, lo que importa es ver cómo ha evolucionado el intercambio de aquellos productos que resultan de inversiones en plantas industriales.
En los diez años de funcionamiento del Mercosur, hubo circunstancias diferentes que influyeron en el comportamiento del intercambio de productos industriales entre la Argentina y Brasil. En el primer período (1991-1992), la moneda brasileña estuvo fuertemente subvaluada, a tal punto que la Argentina tuvo un elevado déficit en su intercambio, lo que obligó que, a fines de 1992, el gobierno local adoptara medidas para compensar el desequilibrio cambiario, sobre todo mediante la imposición de un gravamen adicional (de un 10%, llamado tasa estadística) a todas las importaciones argentinas.
Durante esos dos años, en relación con el promedio del período 1988/1990, las exportaciones de manufacturas de Brasil a la Argentina crecieron un 194%, mientras que las argentinas a ese país lo hicieron sólo un 27 por ciento.
Esa extraordinaria diferencia no fue únicamente la resultante de la subvaluación de la moneda brasileña, sino principalmente de que la Argentina salía de la profunda recesión económica en la que la sumió la hiperinflación. Por ende, las importaciones estaban creciendo fuertemente desde todo origen, y no sólo desde Brasil.
La aplicación de la tasa estadística y de otras medidas complementarias determinó, para los dos años siguientes, un intercambio comercial más equilibrado. Fue también diferente la evolución en manufacturas. Fue tan así que, comparando el período 1993/1994 con el bienio anterior, las exportaciones de manufacturas a Brasil aumentaron un 126%, en tanto que las de ese país hacia el nuestro lo hicieron en un 63 por ciento.
Un tercer período de la relación se inició con la aplicación del plan Real en Brasil, en julio de 1994. Tuvo mucho éxito para dominar la inflación, pero debido a que una de las políticas que implicó fue disminuir el ritmo de adecuación del tipo de cambio respecto del crecimiento de los precios internos, la moneda se fue sobrevaluando.
Un real menos favorable para el comercio exterior, más un mercado interno en expansión, se tradujo en mayores exportaciones argentinas de manufacturas. Entre el promedio de 1993/1994 y 1995/1998, crecieron un 174%, contra un 44% de incremento por parte de Brasil. Con la devaluación del real, el 13 de enero de 1999, la relación cambiaria favoreció a Brasil, con lo que volvió a modificarse el panorama. Pero debido a que las economías de ambos países entraron en recesión, el resultado fue que, en 1999, las exportaciones de manufacturas brasileñas a este mercado cayeron un 23% respecto del año anterior. En tanto, las ventas de la Argentina a su vecino también disminuyeron, pero en un 36 por ciento.
Este año, la economía de Brasil está en recuperación, lo que se traduce en que, en los primeros ocho meses de este año e igual período de 1999, haya mayores ventas de manufacturas argentinas a ese mercado (un 10% más), mientras que las de Brasil a la Argentina se expandieron un 18 por ciento.
Como puede verse, la evolución del comercio de manufacturas entre la Argentina y Brasil no convalida los temores de que esas exportaciones crezcan más desde el país vecino, cosa que sucedería si allí se concentraran las nuevas inversiones destinadas a atender el comercio del Mercosur.
Por otra parte, tampoco confirma aquellos publicitados temores de fines de 1999, según los cuales "cientos de empresas" se estaban mudando de la Argentina hacia el país vecino.
Los que sí influyen son los cambios en las paridades cambiarias y en la actividad económica de uno y otro país.
Sin duda, el Mercosur está lejos de ser una unión aduanera perfecta: el acceso en los mercados no siempre está garantizado, se producen a menudo violaciones al AEC, no se acude con la frecuencia debida al sistema de solución de controversias, no existe una secretaría con facultades para informar lo que ocurre ni para formular propuestas... Pero pese a todo ello, el sistema funciona, para beneficio de la economía de los socios.
No se puede esperar que entre nosotros prevalezca el orden característico de la UE, ya que el Mercosur no puede ser diferente de la suma de los cuatro países que lo integran.
El autor fue secretario de Estado de Comercio Exterior. Actualmente, es vicepresidente de la CERA.





