Las pequeñas raíces del gigante cordobés
Arcor, el mayor productor de caramelos
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Arcor no es solamente una de las empresas más grandes de la Argentina. Es, también, uno de los gigantes del mundo de las golosinas.
En el libro "Globalizar desde Latinoamérica: el caso Arcor", se reproduce el ranking de ventas de la publicación Candy Industry. La firma nacida en Arroyito, Córdoba, se afianza en el puesto 13, con US$ 1150 millones de facturación neta. Un dato:las empresas que la anteceden son de países centrales. Si se tiene en cuenta su tamaño (13.000 empleados), escala a la sexta ubicación, escoltando a Cadbury (37.425), Nestlé (37.000), Kraft, Mars (30.000 cada una) y Hershey (16.000). Además, es la única de las 25 más importantes del planeta que participa en todos los segmentos del rubro.
"Hace 25 años, Arcor era una empresa mediana que estaba en el pelotón de 30 o 40 fabricantes de golosinas de la Argentina y no se diferenciaba del resto -relató a LA NACION uno de los autores del libro, el economista senior de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) Bernardo Kosacoff-. Lo que la convierte en el gigante que es hoy es una historia evolutiva de 50 años de apuesta a la exportación."
El especialista consideró que la firma siempre buscó economías de escala, para lo cual fue construyendo bastiones en áreas sencillas y luego fue avanzando:las ciudades más cercanas, el interior, el Gran Buenos Aires y, finalmente, el exterior.
Kosacoff sonrió al recordar que la primera exportación de Arcor fue un verdadero fiasco. Su fundador, Fulvio Pagani, estaba decidido a ganar el mercado más difícil, porque si podían competir allí, podían hacerlo en todo el mundo. Envió en un barco un contenedor de caramelos a Estados Unidos, pero al pasar por el trópico el calor los derritió y hubo que tirar todo. Pagani se hizo cargo de los gastos, recuperó la golpeada imagen y siguió insistiendo.
Obsesión por la eficiencia
Según Kosacoff, "su éxito se debe a una obsesión por la eficiencia productiva, a que entendió el papel del sistema de comercialización, a la capacitación de los recursos humanos, a una política de marketing muy fuerte, a una buena ingeniería financiera".
"La enseñanza es que una empresa nacional puede competir. Y tiene en claro que para seguir creciendo debe seguir actualizada tecnológicamente y competir con las transnacionales. Por eso, las ventas externas de Arcor crecen más aceleradamente que las domésticas", concluyó.





