
Las restricciones para promover el comercio exterior
Por Rodolfo V. Beccarini Para La Nación
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Los principales problemas que deberán enfrentar las nuevas autoridades para reactivar las exportaciones son los derivados de las restricciones dadas por el contexto económico interno y por los compromisos externos contraídos por la Argentina.
La interrelación entre los efectos generados por el plan de convertibilidad y las obligaciones externas asumidas en la Organización Mundial de Comercio (OMC) y en el Mercosur, constituyen un mix restrictivo para el gobierno entrante.
Con el panorama de que las medidas tradicionales para estimular las exportaciones han quedado obsoletas, por ser contrarias a los compromisos asumidos en la OMC e incompatibles con el tipo de cambio fijo, los nuevos funcionarios deberán ser muy creativos y a la vez muy idóneos para dictar las medidas necesarias para hacer crecer las exportaciones.
El límite dado por el monto de participación de los impuestos indirectos, en el costo del producto por exportar, única base para la aplicación de los reintegros de exportación autorizada por la OMC, impide convertir los niveles de dicho estímulo en un incentivo atractivo, como ocurrió en otras épocas.
Otro de los aspectos para tener en cuenta es que la escasa oferta de dinero constituye otra limitación para que los exportadores puedan contar con créditos a tasas de interés más bajas para cerrar sus compromisos con el exterior.
Esta restricción puede aumentar si se aplica un impuesto al ahorro, factor crónicamente escaso en nuestra economía.
Trabas en la OMC
También las disposiciones de la Organización Mundial de Comercio dificultan en nuestro país las acciones para frenar el aluvión de importaciones provenientes de países que devalúan constantemente su moneda, imposibilitando el accionar anticipado -de los países agredidos- al daño en sus industrias.
El arancel externo común acordado en el Mercosur y la consolidación por parte de la Argentina de un derecho de importación máximo aplicable del 35 por ciento en la OMC limitan la utilización de la política arancelaria para compensar los efectos del tipo de cambio fijo dispuesto por la ley de convertibilidad.
Tampoco las medidas puntuales creadas para la defensa de las prácticas desleales de comercio, como por ejemplo la aplicación de los derechos específicos, pueden ser utilizadas eficientemente, debido a que cuando la Argentina consolidó el derecho de importación ad-valorem lo hizo de tal manera que los derechos específicos no pueden superar tampoco el nivel consolidado ad-valorem, del 35 por ciento.
En el 2000 el gobierno no tendrá la posibilidad de mejorar el tipo de cambio efectivo por dichas vías, para compensar la inamovilidad del tipo de cambio nominal.
Corregir los daños
Por ello, en esta difícil instancia la Cancillería y la Secretaría de Industria y Comercio Exterior, juntamente con la Aduana, deberán tener un extraordinario desempeño que rectifique los efectos negativos del mediocre funcionamiento que tuvieron en la gestión del gobierno justicialista estos organismos.
Para tratar de revertir esta situación se deberán aprovechar al máximo las posibilidades que brindan las disposiciones de los Acuerdos internacionales, que como el de la Organización Mundial de Comercio, no han sido correctamente utilizados en nuestro país para los fines que fueron acordados.
Uno de los primeros graves errores cometidos, se dió en la primera parte de la gestión del gobierno saliente, cuando se confundían las normas antidumping con los ajustes de valor aduanero.
Así, durante un largo período no se aplicaron derechos antidumping porque el gobierno no sabía aplicarlos y sólo reajustaba el valor de las mercaderías importadas en aduana.
Esto sin duda generó desocupación por error y por desconocimiento.
La despreocupación de los negociadores que firmaron el Acuerdo del Mercosur, sin incluir una cláusula de medidas de retorsión para afrontar los desajustes macroeconómicos, tales como la devaluación de la moneda, está también produciendo graves perjuicios a la industria.
Por ello, sólo es posible mejorar nuestra posición, en materia de comercio exterior, mediante la excelencia en la gestión de la Cancillería, de la secretaría de Industria, Comercio y Minería y de la Dirección General de Aduana.
Los errores en la conducción de estos organismos han sido los que más han engrosado el índice de desocupación en nuestro país y no el plan de convertibilidad, como algunos creen.




