
Los vinos argentinos y la denominación de origen
Buscan convertirla en una herramienta de comercialización
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De los productos argentinos que dieron su salto exportador en este último tiempo, el vino es el de la zancada más larga.
El universo vitivinícola demostró que por lo menos hay dos vías para imponer la calidad de una botella: resaltando su uva o aludiendo al lugar donde éstas fueron cosechadas y elaborado el vino. Y es aquí donde se abre el debate en la Argentina, dueña de un varietal único como el Malbec -punta de lanza en la internacionalización de la Argentina como productora de vinos-.
Es que nuestro país tradicionalmente exportó bajo el signo de los varietales; no obstante, la Denominación de Origen Controlada (DOC) está evolucionando y pretende convertirse también en una herramienta de comercialización y posicionamiento argentino.
Espíritu
Alberto Arizu padre, presidente del Consejo de Denominación de Origen de Luján de Cuyo, una de las regiones pioneras en la materia -de hecho, la ley nacional de DOC fue casi copiada de la ley provincial impulsada por este parage mendocino en 1991-, explicó sus alcances.
Suponer que los estamentos de la DOC "refieren sólo a la técnica es un reduccionismo". Para Arizu remiten a una cosmovisión enológica y vitícola.
"Por ahora, unas 10 bodegas y otros tantos viñateros de Luján de Cuyo se congregaron en esta DOC y acordaron seguir a rajatabla una serie de prácticas para la producción de los vinos de la zona", explicó.
"Respecto de las cuestiones técnicas, la DOC Luján de Cuyo establece que no pueden haber más de 550 pies (plantas) por hectárea, una producción no superior a los 100 quintales, un año mínimo en barrica y por lo menos otro en botella", añadió Arizu, al tiempo que amplió sobre otras caracterísitcas como "la distancia entre las plantas, los espaldares bajos y el tipo de poda". La DOC establece también que el vino debe ser elaborado y hasta embotellado en la misma región en la que se cultivó la uva. Todas estas especificaciones reverencian "un espíritu, una forma de trabajo y la misma historia de la región donde once generaciones hicieron vino de la misma manera", indicó el hombre de bodegas Luigi Bosca.
Ese espíritu apunta a desvelar los misterios y fórmulas de la técnica productiva para que todas las bodegas y viñateros que integren la denominación Luján de Cuyo sepan los mismo. "Que en la comercialización se saque ventaja, pero no en el conocimiento y en la forma de hacer las cosas", sintetizó. Así lo comprendió también Bodegas Norton, por ejemplo, que sacó su Malbec DOC, en Luján de Cuyo.
La ley de denominación de origen estableció, dos años atrás, un sistema para la protección y registro de los nombres geográficos argentinos para la designación del origen de los vinos.
En efecto, existen tres categorías para estos nombres: la indicación de procedencia (IP, reservada para los vinos de mesa o regionales), la indicación geográfica (IG, para vinos de calidad) y la denominación de origen controlada (DOC). Según un estudio del Instituto de Tecnología Agropecuaria (INTA), los lugares aptos para aplicar a una DOC, por poseer características homogéneas necesarias en este tipo de identificación, son 11 regiones y 18 subregiones.
Juan Carlos Pina, gerente de Bodegas de Argentina -entidad que agrupa a las principales bodegas del país- fue un contrapunto ante la esencia de estas denominaciones. "La DOC es una herramienta propia de la estrategia comercial de los países europeos, siempre vendieron sus vinos vinculándolos con un lugar o terruño determinado", destacó.
Según Pina, cuando California comenzó a exportar sus vinos hace unos 20 años, "se topó con las reglamentaciones europeas y vió que iba a tener que gastar dinero y esperar años para ver acreditadas sus denominaciones de origen en Europa, y cambió las reglas de juego".
De esta manera, "inventaron el concepto de comercialización de los varietales, que hizo punta, y detrás del cual se alinearon los vinos del nuevo mundo: Australia, Nueva Zelandia, Sudáfrica, Chile y la Argentina; de hecho, el mayor volumen de comercialización argentino de vinos se realiza según la variedad de la uva (varietal) o como bivarietal, independientemente de la marca. Así se posicionó en los mercados externos", explicó Pina.
"La Argentina -añadió- no comercializa con la región. A lo sumo se aclara la indicación geográfica del vino o la uva del varietal en cuestión, pero una DOC va mucho más allá de la referencia geográfica, comprende un acuerdo entre las bodegas que la integran sobre prácticas culturales en los viñedos y prácticas enológicas en las bodegas", destacó el gerente de Bodegas de Argentina.
Institución
Valentín Bianchi, de la bodega homónima que integra la denominación de origen San Rafael, señaló que lo que logra la DOC es "que las bodegas no trabajen de forma individual sino como un grupo institucionalizado".
Bianchi ponderó "las características que están impulsando desde la DOC San Rafael: un sistema particular de conducción en el viñedo; un rendimiento de uva de 120 quintales por hectárea y una producción de hasta 70 litros cada 100 kilos de uva; una determinada temperatura de fermentación y un tipo de recipiente particular; el seguimiento del vino por degustación y los controles de las comisiones Vitícola y Enológica, en sinergia con la comisión de Marketing", sintetizó.
La Argentina exportó vinos por US$ 140 millones en 2001, siete veces más de lo embarcado en 1990. Un salto grande, pero modesto todavía frente a los US$ 550 millones chilenos o los US$ 1000 millones australianos.



