Máquinas tragamonedas, rumbo a Italia
Dos fábricas argentinas comenzarán a exportar unidades desarrolladas íntegramente en el país
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Orgullosos creadores de la ruleta electrónica, los empresarios argentinos del juego de azar tienen nuevos motivos para estar felices de su suerte. El mes próximo, dos firmas nacionales harán los primeros envíos de una mercancía nunca antes exportada: máquinas tragamonedas.
El destino es Italia, que acaba de modificar su legislación en la materia. Las compañías locales aprobaron un minucioso examen de homologación fijado en la recién estrenada normativa. Pero el azar tuvo ayuda: detrás del negocio hay investigación, desarrollo de alta tecnología, mucho trabajo y, sobre todo, un sector poco conocido que está conquistando nuevos mercados a fuerza de creatividad.
Las historias van por carriles separados porque las exportadoras compiten fuertemente por el ámbito local. Son dos empresas jóvenes -no tienen diez años- que estuvieron a punto de desaparecer durante la última crisis económica.
Una, Azartron, firmó un contrato por 4000 unidades, cuyo primer envío será el 30 de este mes. La otra, Sielcon, estará presente en octubre en la Esposizione Nazionale Apparecchi Divertimento Automatici (Enada), una feria internacional que se hará en Roma. Hasta allí, la empresa llevará 200 máquinas, una pequeña avanzada de las 6000 que prevé fabricar anualmente para este mercado.
"Cada unidad vale entre 10.000 y 15.000 dólares, y se habla de una demanda italiana de cientos de miles de unidades", se ilusiona Giorgio Gennari Litta, gerente de la Cámara Argentina de la Industria del Juego de Azar (Caija).
Las posibilidades que se abren en Italia son difíciles de medir. El mercado está necesitado de tragamonedas y quienes logren sintetizar calidad y precio se quedarán con la mayor tajada de la torta: la península importará desde todo el mundo entre 100.000 y 400.000 unidades. Y, aunque la industria argentina apenas se está reacomodando, en la Caija estiman una capacidad de producción anual de entre 20.000 y 30.000 piezas.
En dos palabras, las máquinas tragamonedas son alta tecnología. "Cada una tiene vidriorrodillos, gráficos de alta resolución, verificadores de monedas y elementos informáticos, entre otras cosas. Lo más importante es que el software y el hardware son ciento por ciento argentinos", recalca Daniel Galimberti, uno de los tres dueños de Sielcon y vicepresidente de la Caija.
Motivos autóctonos
"Nuestros programas se basan en motivos autóctonos, que es nuestro elemento distintivo. Por ejemplo, para la Argentina tenemos los programas Gaucho, Pombero e Hípico. Y para el mercado italiano estamos haciendo Legionario, Gnomo Mágico, Romeo y Julieta, y Gondoliero", contó Sergio Bernz, socio gerente de Azartron, mientras ya se trabaja en la ampliación de la planta que la firma tiene en el partido de San Isidro. Bernz es, además, el titular de la Caija.
En Capital, Sielcon fabrica el 70% de la máquina, que luego completa con los componentes importados en la zona franca de Ensenada. "Todo lo que hacemos se aprende acá mismo, en nuestro laboratorio de desarrollo y entrenamiento, adonde hacemos la mayor inversión", contó Eduardo Paz, otro de los dueños de la firma.
Esta empresa -fundada en 1996- tiene 50 empleados: "De ellos, el 60% está dado por ingenieros en informática, diseñadores industriales, técnicos electrónicos, etcétera, que trabajan en investigación y desarrollo", contó Luis Olivares, que completa el trío de propietarios. Otro tanto ocurre en Azartron, que presenta un plantel de 20 personas, entre ellas los técnicos que se preparan para capacitar a sus pares italianos.
Azartron tiene un contrato de exclusividad con un distribuidor italiano que también tiene presencia en el mercado argentino, donde se contactaron. "Cuando preparábamos el contrato, nos preguntaron cuántas máquinas podíamos producir. Les dije 2000 y ellos repreguntaron «¿Y no pueden ser 4000?» Sí, les dijimos, y acá estamos", recordó Bernz. Sielcon, por su parte, se asoció a capitales locales en Ital Games, empresa que importará las máquinas.
Las dos compañías tienen experiencia exportadora. Azartron colocó sus productos en casinos de Perú y Paraguay, y Sielcon llegó hasta Rusia con ruletas y sistemas de control para salas de juego. Pero sólo ahora son motivo de comentario porque este sector tiene pocos actores y casi todos son norteamericanos, chinos o españoles. "La empresa más importante invierte 80 millones de dólares en nuevos desarrollos; nosotros, ni una pequeña fracción de eso, pero todos los años lanzamos 30 productos", contó Eduardo Helman, de Azartron.
Todo indica que la industria tendrá varios años de buena racha. Pero no hay que confiar sólo en el azar. Conviene tener en cuenta que, como todavía dice alguna abuela, la suerte está con el que la busca.
Las reglas del juego
La gran oportunidad surgió hace pocos meses cuando Italia cambió su legislación en materia de juegos de azar para, entre otras cosas, permitir la instalación de máquinas tragamonedas en bares y otros puntos de entretenimiento. La norma se parece mucho a la que facilitó en España el desarrollo de esta industria.
"Esta normativa prevé tres tipos de máquinas: una para casinos, otra para bares -las que se van a vender- y los videojuegos", detalló Daniel Galimberti, de Sielcon.
"La ley italiana busca prevenir que la gente se enferme jugando. Por ejemplo, hay premios y apuestas máximas para que el jugador disfrute sin perder mucho dinero. Además, la máquina tiene que devolver el 75% de lo que recibe y, si aparece una inspección, hay que poder demostrar que eso es así. Y cada pase no puede durar menos de siete segundos. También nos hicieron poner un programa paralelo de control", explicó Sergio Bernz, uno de los dueños de Azartron y presidente de la Caija.
"El juego regulado es el único sistema para combatir al clandestino, genera puestos de trabajo y paga impuestos", completó Giorgio Gennari Litta, de la misma cámara.




