
Suecia: un negocio boreal
Con 9 millones de habitantes de alto poder adquisitivo, la nación escandinava ofrece oportunidades comerciales para las pymes que quieran dar un salto cualitativo en sus exportaciones
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Una percepción errónea que se tiene de los suecos es creer que su temperamento y personalidad están fuertemente condicionados por el clima y la geografía del país. Pero detrás de su introspección característica -confundida con frialdad-, la sueca es tal vez la población más creativa e ingeniosa del mundo. Tanto en el ámbito de los negocios como en la vida cotidiana, la inventiva sueca es una marca registrada que recorre el mundo.
En efecto, Suecia es un país de inventores y entre sus descubrimientos se cuentan el termómetro centígrado, la hélice de barco, el separador de crema, la turbina de vapor, el rodamiento de bolas, el refrigerador, la aspiradora, el sistema Tetra Pak de envasado de bebidas, el marcapasos, el bisturí de rayos gamma, las centrales telefónicas, el sistema eléctrico trifásico, el cierre de cremallera, el mouse electrónico, el sistema Skype (telefonía por Internet), el teléfono celular y la dinamita, inventada por el padre del ingenio sueco, Alfred Nobel, quien al momento de su muerte tenía registradas 355 patentes a su nombre.
En su libro "El vuelo de la clase creativa" (George Mason University, Estados Unidos), Richard Florida postula que las potencias del futuro serán las que cuenten en abundancia con "cerebros" que conforman la denominada clase creativa: científicos, diseñadores y especialistas de las tecnologías de la información (TI), valuartes de la sociedad del conocimiento. En su ranking de naciones creativas, Suecia ocupa el primer lugar de Europa.
El Anholt-GMI Nation Brands Index, un índice que evalúa la marca país de cada nación a partir de encuestas masivas a consumidores de todo el mundo, establece que el gobierno sueco es el más confiable del mundo. Por su parte, el IDC Information Society Index (ISI) ubica a Suecia como la segunda sociedad TI del globo, muy cerca de Dinamarca, otro país nórdico.
Cambio de paradigma
Suecia fue un país pobre hasta principios del siglo XX. Sólo el 6% de su tierra es arable y un 80% del país permanece deshabitado. Aun así, con frío polar y días que duran 24 horas en primavera, los suecos aman su naturaleza, porque gracias a ella el país se desarrolló: con los bosques crearon una competitiva industria de la pulpa y la madera, y gracias a la explotación minera idearon un complejo siderometalúrgico de avanzada [la industria de las construcciones mecánicas representa hoy más del 50% de las exportaciones del país]. Y gracias a los ríos generaron energía propia.
Por esto, los 9 millones de suecos respetan tanto el medio ambiente. A tal punto que es posible beber el agua de los ríos que atraviesan el centro de Estocolmo. "Es cierto. Un alcalde de la ciudad lo hizo para demostrar lo limpia que es el agua. Además [la capital] es uno de los mejores lugares para bañarse y pescar salmón", señala Arne Rodin, embajador de Suecia en la Argentina.
Por supuesto, fue la combinación de un empresariado ingenioso con una administración proba la que sacó a Suecia de la pobreza.
La idea de bienestar pregonada (y llevada a la práctica) por la socialdemocracia que gobernó esta monarquía constitucional -con pocas interrupciones desde 1930- consistía lisa y llanamente en un sistema fiscal casi implacable con los más pudientes. "De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad", fue el lema que caracterizó el justo medio sueco.
Y Suecia sigue siendo un líder en materia de cargas impositivas: los sueldos en este país son los que mayor porcentaje de impuestos tributan en el mundo, y la brecha entre los que más ganan y los que menos tienen es muy baja. "Todavía hoy la industria se queja de que es imposible ser competitivos con tamaña presión fiscal, pero lo cierto es que estamos primeros en Europa en los índices que calculan la creatividad y la innovación. Es más, en muchos sectores como la minería, las telecomunicaciones y las tecnologías de la información seguimos manteniendo un liderazgo en medio de una feroz competencia", agrega Rodin.
Con la Argentina
A pesar de que hay 30 multinacionales suecas instaladas en el país (algunas con presencia histórica, como Alfa Laval, radicada hace 90 años en la Argentina), el intercambio bilateral es simbólico: las exportaciones argentinas a Suecia cayeron un 43% en 2005, pasando de US$ 47,8 millones en 2004 a 27,2 millones. En tanto, las importaciones desde ese país crecieron poco más del 18%: en 2005 la Argentina compró bienes suecos por US$ 316,4 millones, frente a los 266,5 millones de 2004, según cifras del Indec.
Datos del Consejo Sueco del Comercio Exterior ( www.swedishtrade.se ) indican que los alimentos son los productos más enviados a Suecia desde la Argentina. A propósito, un informe de la Fundación ExportAr señala que cuatro grupos de empresas suecas concentran el 75% de ese mercado: ICA ( www.ica.se ), COOP ( www.coop.se ), Axfood ( www.axfood.se ) y Grupo Bergendahls ( www.bergendahls.se ).
Robin Petersson, representante de la oficina argentina del Consejo Sueco del Comercio Exterior (recientemente inaugurada y la primera abierta en América del Sur), destaca que existen interesantes correspondencias en un sector muy fuerte en ambos países, la minería: "Las empresas suecas se especializaron en servicios para esta industria y son reconocidos proveedores de maquinaria, instrumentos de medición y químicos para el tratamiento de minerales, siempre con una tecnología muy exigente en cuanto al cuidado del medio ambiente", sostiene.
"Carnes y vinos tienen claramente un mercado en Suecia", subraya a su vez Héctor Díaz Oldenburg, consejero comercial de la embajada sueca. "Los requisitos de ingreso son los de la Unión Europea [Suecia se incorporó al bloque en 1995]. La Argentina tiene excelentes bodegas exportadoras, pero todavía no llegaron a Suecia", explica. Como en Canadá, Suecia tiene un solo comprador de bebidas alcohólicas, el Vin & Sprit AB, que es del Estado y abastece a los compradores privados.
Los alimentos procesados, con un buen diseño de packaging, un precio adecuado y certificados de cuidado del medio ambiente (un factor decisivo de compra) tienen enfrente un mercado chico, de alrededor de 9 millones de habitantes, con un poder adquisitivo alto -el ingreso per cápita promedio ronda los US$ 29.800- y un consumidor muy abierto a lo nuevo. Esto lo hace ideal para las pymes que quieran dar un salto cualitativo en sus incursiones externas. Como en pocos países europeos, los productos argentinos pueden ser considerados como exóticos.
Mercado de prueba
"Suecia es un país que se caracteriza por la innovación y el gusto por lo nuevo. Muchas multinacionales norteamericanas, antes de lanzar al mercado internacional sus productos, lo prueban en Suecia", indica Díaz Oldenburg sobre la nación escandinava cuyas importaciones ascienden a US$ 104.400 millones y sus exportaciones a US$ 126.600 millones.
"Hay interesantes sectores de complementación, como el de autopartes. Suecia tiene 30 empresas radicadas en la Argentina (Tetra Pak, Skanska, Alfa Laval, AstraZeneca, ABB, Sandvik y Securitas, entre otras) y muchas exportan su producción a Suecia, como la sede de Scania en Tucumán, que vende cajas de motores para camiones y ómnibus, y Autoliv, que produce cinturones de seguridad y partes de airbag. Las empresas de autopartes argentinas tienen una altísima tecnología para transformarse en proveedores de Suecia", estima Díaz Oldenburg. Sería todo un logro comercial vender en el país de Volvo y Saab, dos marcas reconocidas en el mundo de la seguridad y calidad automotriz.
"El problema es que el exportador argentino, al mirar a Europa, piensa en España, Italia, Francia y Alemania. Y Suecia es muy importante como puerta de entrada a los países nórdicos y del Báltico", agrega el consejero. Alimentos, vinos, productos orgánicos, textiles, indumentaria, artículos de cuero, autopartes y material ferroviario son algunos de los productos que la embajada sueca subraya como aquéllos con más posibilidades de exportación. Además, la Asociación de Cámaras de Comercio de Suecia ( www.cci.se ) ofrece estudios de mercado gratuitos sobre estos productos.
Rodin relativiza las dificultades de acceso a Suecia: "Somos un país muy abierto desde hace mucho tiempo. Abrimos muy temprano nuestras fronteras a la competencia internacional y promovemos las inversiones en nuestro país. Esto obligó a una fuerte reconversión de la industria nacional, que se hizo mucho más eficiente. En los 70 hubo intentos nacionalistas de proteger ciertas industrias, como los astilleros y el sector textil, pero nos dimos cuenta de que era imposible ante la competencia externa. Y de un día para otro desaparecieron", afirma.
"No diría que es raro, pero sí es notable que mantengamos altos niveles de innovación y de liderazgo en un mundo tan competitivo en sectores como el de software, el de biomedicina [Suecia exporta el 90% de sus productos farmacéuticos] y otros tradicionales, como el de minería, que nació de una «antigua innovación» como el rodamiento de bolas, de SFK, y dio base también a nuestra industria automotriz. Y aun así, nuestros industriales se quejan de la presión fiscal", ironiza el embajador.





