
Sur, tratado, y después...
Los nuevos desafíos de la región: constituir la Unión Sudamericana e impulsar el libre comercio del Mercosur y los países andinos
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Serán dos nuevos pasos hacia una meta largamente deseada y todavía lejana. Para algunos -los más entusiastas-, es el despertar de un sueño hecho realidad; para otros -los escépticos-, más dialéctica sin futuro.
El mes próximo, los presidentes de diez países sudamericanos se reunirán en Cuzco, Perú, para avanzar en la construcción de un bloque económico y político único.
El 8 de diciembre se firmará el Tratado de Libre Comercio Mercosur-Comunidad Andina y, 24 horas más tarde, los mandatarios pondrán su firma en el acta inaugural de la Comunidad o Unión Sudamericana de Naciones -el nombre sigue pendiente-.
Así, empezará a concretarse el histórico deseo de San Martín y Bolívar: la gran nación de repúblicas. Curiosamente, ese sueño todavía trunco tiene ahora como principal impulsor a Brasil, la América portuguesa que siguió una evolución histórica distinta y estuvo ausente en la visión de los próceres.
En los hechos, la Comunidad Sudamericana, que quiere verse en el espejo de la Unión Europea, será apenas un montón de temas por resolver, algunos de ellos urgentes, como la integración física y energética.
Los números del futuro bloque son fuertes: un producto bruto interno (PBI) de US$ 1185 mil millones, exportaciones por US$ 188.000 millones y más de 350 millones de consumidores. La zona tendrá 17 millones de kilómetros cuadrados, y grandes recursos naturales: reservas de gas, petróleo y minerales para más de un siglo, el 27% del agua dulce del mundo, 8 millones de km2 de bosques, acceso a dos océanos y el liderazgo mundial en la producción y exportación de alimentos.
Pero más allá de cierta euforia, las expectativas no son las mismas en todos los países. Mientras en Brasil, la Argentina y Venezuela, se respira triunfalismo, Chile demuestra cierta precaución y los países andinos consideran a este acuerdo como un paso previo hacia una integración continental que incluya a América del Norte.
Eso sí: la firma del acuerdo se produce justo en momentos en que todas las negociaciones comerciales de los países sudamericanos se encuentran demoradas. El Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) está definitivamente congelada, las conversaciones UE-Mercosur no prosperan, y hasta lo que parecía más inmediato, el tratado de libre comercio de Estados Unidos con Colombia, Perú y Ecuador, no se cerraría antes de 2006. Tal vez por eso, América del Sur vuelve a mirarse al espejo y busca en su interior la unidad que nunca tuvo.
"Nada nos gustaría más que marchar en esta dirección pero lo peor que podemos hacer es pedirle a un niño, apenas preparado atléticamente, que corra un maratón. Podemos plantearnos tareas superiores pero creo que no es un buen negocio", dijo a La Nacion el director de Relaciones Económicas Internacionales de Chile, Osvaldo Rosales. No obstante, el funcionario trasandino, uno de los principales negociadores de su país, confirmó la asistencia del presidente Ricardo Lagos en la cumbre peruana.
La reflexión contrasta con las recientes declaraciones del presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur (CRPM), Eduardo Duhalde: "Tras las dos giras que realicé, todos los países han acordado constituir la Comunidad Sudamericana de Naciones, es decir, avanzamos con el Mercosur, la Comunidad Andina y Chile en la constitución de una unidad política y económica".
Por su parte, la ministra de Comercio de Ecuador, Ivonne Baki, sostuvo: "Este es el sueño de todos nuestros países, la idea es que la unidad sea de toda Latinoamérica, e incluso de toda América".
En Perú, los presidentes se reunirán en Pampa de Quinua, el día del 180° aniversario de la batalla de Ayacucho, la última de la independencia americana. Allí estarán para firmar el acta los presidentes de los cuatro países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), los cinco de la Comunidad Andina de Naciones (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela), y Chile.
Además, podrían asistir el presidente electo de Uruguay, Tabaré Vazquez; y los mandatarios de México, Vicente Fox, y de las Guayanas, territorios del norte del subcontinente históricamente ligados a las naciones del Caribe. Si esto último se concreta, la cumbre de Cuzco dará un fuerte mensaje político al mundo.
De hecho, el jefe de gabinete de la CRPM, Eduardo Amadeo, describió al acta inaugural de la Comunidad Sudamericana como "una clara expresión de la voluntad de los presidentes de avanzar en esta dirección".
Actualmente, en la región se superponen y potencian múltiples esfuerzos integradores. El Mercosur, por ejemplo, confirmaría el ingreso al bloque de Venezuela como país asociado, mientras México sigue esperando y Panamá anunciaría su interés en ese status en la próxima cumbre, el 17 del mes próximo. A esto se suman las ya mencionadas negociaciones de los países andinos y Estados Unidos, y las tratativas bilaterales entre varios mercados.
"La creciente convergencia de estos acuerdos eso es lo único que nos va a permitir un poder de negociación compatible con los pactos que se vienen tras la aproximación estratégica de China, Japón y Corea", afirmó Rosales.
Para algunos expertos, la llave del éxito del nuevo bloque la tiene Brasil, que asomaría como el líder de la región. "La cuestión concreta es qué grado de institucionalización querrá darle el vecino país al proyecto", opinó Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.
"Si el acceso al mercado brasileño está realmente garantizado y no queda expuesto a restricciones unilaterales o a comportamiento discriminatorio, entonces sí creo que el espacio sudamericano puede adquirir gran dinamismo", explicó Félix Peña, de la Fundación BankBoston.
El tratado de libre comercio Mercosur-CAN, que se firmará un día antes del acta inaugural de la Comunidad Sudamericana, será la columna vertebral del bloque subregional.
Para la Argentina, este acuerdo podría representar nuevos mercados por 10.000 millones de dólares, según datos del Centro de Economía Internacional.
Argentina podría capitalizar estas oportunidades en detrimento, en gran medida, de los productos norteamericanos y europeos. Por otro lado, el riesgo de una invasión de mercaderías del exterior es mucho menor que el previsto para los potenciales tratados con la UE y el ALCA.
En la actualidad, el intercambio entre los países andinos y el Cono Sur no representa altos porcentajes de la balanza comercial total. Casi el 4 por ciento de las exportaciones del Mercosur tienen como destino la CAN, y el sólo 2,6% de las importaciones del extremo sur llegan desde las naciones andinas. En cambio, el 8,3 % de las importaciones de la CAN provienen del Mercosur, bloque al que los andinos destinan el 3,8 de sus exportaciones.
Desde la entrada en vigor de este tratado, los aranceles externos para todos los productos se reducirán a cero en un plazo máximo de 15 años. En una primera etapa, que durará una década, se eliminarán los gravámenes del 80% de las mercaderías, y en los cinco años siguientes, se completará el resto.
El acuerdo Mercosur-CAN es el final feliz de una negociación que comenzó en agosto de 2003, se prolongó más de lo previsto y estuvo al borde del fracaso por diferencias puntuales entre los países más chicos. El tratado terminó de cerrarse el 18 de octubre último, cuando se firmó un primer documento para establecer una zona de libre comercio en el marco de la XIII reunión de la Asociación Latinoamericana de Intercambio (Aladi).
El libre comercio entre los nueve países que suman ambos acuerdos es el primer paso serio hacia una integración económica y política mayor en América del Sur.
De hecho, al término de ese encuentro de la Aladi, el canciller brasileño, Celso Amorín, calificó al acuerdo como "un claro paso hacia la Comunidad Sudamericana de Naciones", y su par de Perú, Manuel Rodríguez Cuadros, lo definió como "un paso concreto y auspicioso para constituir un espacio económico sudamericano".
Pero, más allá del mero intercambio, lograr la unidad no parece sencillo. La integración física es una necesidad urgente de la región y una de las principales tareas pendientes de sus gobiernos.
Para Osvaldo Rosales, de Chile, "es evidente que hay un tremendo desafío de infraestructura. Todo lo que hemos venido hablando en décadas, los corredores bioceánicos, es ahora algo acuciante ante las oportunidades que se están abriendo en Asia, a la que se llega por el Pacífico". Para la ministra Baki, "la infraestructura es importantísima, pero también hay que pensar mucho en el desarrollo social, la estabilidad económica y lograr democracias más sólidas, en el tema de la educación, cómo mejorar la calidad de vida y de desarrollo de nuestros pueblos; y el combate contra la corrupción".
En tanto, el canciller brasileño, Celso Amorín, cree que la diferencia entre el norte y el sur de América pasa en gran medida por la infraestructura. "América del Norte es desde el siglo XIX un continente integrado; nosotros recién lo estamos haciendo ahora. Esa diferencia Atlántico-Pacífico, que para América del Norte no existe, para nosotros existe de una manera mucho más dramática porque debemos atravesar los Andes o el Amazonas".
La otra gran prioridad de la integración debe ser la energía, por lo que Bolivia podría jugar un rol central. "Perece natural y urgente que energía e infraestructura tengan una expresión clara en este acuerdo, es el ABC de la competitividad de nuestra región", agregó Rosales.
La mayor de las ventajas de una comunidad de naciones es la voluntad política de todos los gobiernos en alcanzarla y el peor obstáculo, las asimetrías macroeconómicas: las tremendas diferencias entre los países chicos, los más grandes y el único gigante, Brasil, que es la mitad de la subregión en términos de PBI, territorio y población.
Para Roberto Bouzas, de la Universidad de San Andrés y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, "es prácticamente imposible hacer caminar procesos de integración entre países sujetos a gran inestabilidad macroeconómica y regímenes divergentes de política".
Sin embargo, la sintonía expresada en política exterior, sobre todo a partir de la oposición a la guerra en Irak y en la coincidencia en los foros internacionales en cuanto a la eliminación de los subsidios agrícolas, también cuenta entre los pros.
"Nos estamos acercando a escala sudamericana a una combinación entre el esquema de regionalismo multipolar del Asia y el modelo europeo de un núcleo duro en continuo y simultáneo proceso de profundización y expansión", insistió Peña
Pero conviene tener en cuenta el consejo de Chile -el país de la zona que más sabe de integración-. "Hay que ir despacio, no es eficaz autoimponernos metas difíciles de alcanzar. Creo que es posible ir marchando hacia la Comunidad Sudamericana, pero eso supone abordar una serie de políticas con continuidad", concluyó Osvaldo Rosales.
En Internet
- Oportunidades y amenazas de un acuerdo Mercosur-CAN para Argentina y Brasil, preparado por el Centro de Economía Internacional
http://cei.mrecic.gov.ar/pdf/mercocan.pdf
- Mercosur
http://www.mercosur.org.uy
- Comunidad Andina
http://www.comunidadandina.org
USA
La elección del nombre del nuevo bloque no será sencilla. Conviene tener en cuenta que, si se impone el de Unión Sudamericana, esas palabras en portugués forman –paradójicamente– la sigla USA, União Sul-Americana.




