
Un fondo privado para financiar exportaciones
Una consultora armó un fideicomiso destinado a las Pyme
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El atribulado 2002 forzó a la firma platense Consultora de Empresas (CEO) a cambiar el eje de los proyectos sobre los que aconsejaba invertir a los que quisieran lograr algo de rentabilidad ante el letargo del sistema financiero.
El pequeño fondo de capitales (compuesto en un 75% por hombres de negocios y profesionales de La Plata) que hasta entonces se orientaba a todo tipo de emprendimientos -sobre todo inmobiliarios- se concentró casi exclusivamente en proyectos de exportación, porque la competitividad de la devaluación tentó a los inversores a prestar sus excedentes a cambio de una tasa interesante y, al mismo tiempo, multiplicó la necesidad de financiamiento de micro y pequeños empresarios a los que las ventanillas de los bancos se les había cerrado en las narices.
De esa manera, en agosto de 2002, Gustavo Orlandi, presidente de Consultora de Empresas, montó un sitio de internet ( www.imagineargentina.com.ar ) para informar sobre un nuevo producto: un fondo de inversores para exportadores (FIEX) bajo la forma de un fideicomiso.
"Eramos unos 50 inversores particulares que no sabíamos que hacer con el dinero porque no había bancos. Entonces reunimos unos US$ 3 millones y dijimos: "Seamos la pata financiera de los que saben producir y exportar", explicó Orlandi.
"Financiamos los proyectos comprando las facturas emitidas a clientes del exterior o con cartas de crédito abiertas. Pero, como la apertura de estos documentos se anuló prácticamente, acudimos a la figura del Fondo de Garantías de la Provincia de Buenos Aires (Fogaba) que podía garantizar hasta un 75% a las empresas exportadoras; en tanto, los inversores desembolsaban el dinero a tasas anuales variables del 7 al 11% de acuerdo al empresario, producto y destino", agregó Orlandi.
Las partes firman un mutuo, "un préstamo de dinero afectado a la producción o a la compra de insumos para la producción, y CEO supervisa que se cumpla con eso", añadió Orlandi. Los clientes que se presentan son exportadores noveles, iniciados que pretenden ampliar sus ventas al exterior y otros que cuentan con pedidos del exterior pero que tienen su capacidad de financiamiento agotada y necesitan aumentar su capacidad productiva.
"Para ser cautelosos con los capitalistas pusimos un techo de inversión que permitiera diversificar y así, en lugar de que se inviertan 50.000 dólares en un proyecto, se desagreguen en US$ 10.000 para cinco emprendimientos", agregó.
Con el tiempo, el mismo Fogaba fue acercándole a la compañía nuevas empresas ansiosas por acceder a este prefinanciamiento. "Evaluamos las carpetas con los proyectos (emprendimientos productivos que van desde el pescado, alimentos perecederos y corderos patagónicos hasta cueros y cristales templados) y luego convocamos a los inversores, les presentamos cada proyecto con un diagnóstico y aconsejamos dónde conviene invertir y qué tasa cobrar según la rentabilidad actual y proyectada", sostuvo el directivo.



