
Corre, economista, corre: la matemática del running
Con una gran cantidad de datos, el deporte de correr parece hecho a medida de los profesionales de los números; cada vez más analistas y funcionarios se calzan las zapatillas
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Primero lo hizo para calmar la ansiedad, y después le tomó el gusto a entrenar en forma sostenida. De correr, lo que más le interesa es su "carácter inclusivo, la recuperación que implica del espacio público y el empoderamiento urbano". Carmen López Imizcoz es economista, tiene 37 años y dice que su hobby no la llevó necesariamente a ser más veloz, "pero sí a convertirme experta en lesiones y en cálculos infinitesimales, a falta de Garmin". Aunque renegaba de la etiqueta de runner, se dio cuenta de que entraba en esa categoría cuando advirtió que se compra tres pares de zapatillas de último modelo por año.
"Con la cantidad de datos y métricas que se pueden generar hoy para los corredores, este deporte parece hecho a medida de los economistas", cuenta López Imizcoz. Su meta es mejorar en carreras de 21 kilómetros, y no le interesan distancias mayores. Por eso, conversó con la nacion el domingo pasado (mientras llovía y se desarrollaba la Maratón de Buenos Aires) sobre "economía y running", el tema central del libro que está escribiendo, y que se publicará en 2016. Estos son algunos de los ejes más interesantes del trabajo:
El diccionario común: "Leen cross-country y no saben si les están hablando de una carrera campo traviesa o de un estudio comparativo entre países. Pronuncian tapering en vez de pensar en una castellanización de las viandas escolares, lo asocian a la política monetaria de la Fed y a la fase final de un plan de entrenamiento, previa a una competencia. Saben que la economía de carrera nada tiene que ver con la ciencia lúgubre sino que es la demanda de energía para correr a una velocidad sub-máxima. Cuando hablan del fondo no siempre se están refiriendo al FMI, sino que a veces aluden a cuando salen a correr por horas. Corren regresiones y carreras. Son economistas y runners. O runners y economistas", dice la economista y autora.
Una tribu que crece: en el país, un econo-runner conocido es Lucas Llach (42), que suma las particularidades de usar calzado minimalista y seguir la dieta paleolítica. El periodista y economista Marcelo Zlotogwiazda es otro. Diego Giacomini es triatleta Ironman y economista jefe de Economía & Regiones, la consultora fundada por Rogelio Frigerio (n). También la cartera económica nacional tuvo exponentes runners, aunque no son economistas, como el ex ministro Hernán Lorenzino (43 años) y el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray (49 años).
Maratones y política monetaria: en el exterior, se destacan el presidente del banco central de la India, Raghuram Rajan (52), que completó la maratón de Mumbai en 2014, y el canadiense Mark Carney (50), que comanda el banco central británico y este año concluyó la maratón de Londres en poco más de tres horas y media. En la apertura de los Juegos del Commonwealth del año pasado, Carney dio un discurso titulado "Ganando la maratón económica".
Escenarios no previstos: recientemente, en una columna de The New York Times, la economista Dambisa Moyo (46), integrante de los directorios del grupo financiero Barclays, la cervecera SABMiller y la minera Barrick Gold, explicó las lecciones que pueden extraerse del running a las organizaciones: enfocarse en uno en vez de ver a qué velocidad va el resto y responder a escenarios no previstos, como una fuerte lluvia, entre otras.
La carrera del mediano plazo: la academia internacional también tiene sus representantes. En la convención anual de las Asociaciones Aliadas de Ciencias Sociales (ASSA, por su sigla en inglés), es un clásico la convocatoria por Twitter del profesor de la Universidad de Michigan y maratonista Justin Wolfers (42). Wolfers invita a los asistentes a trotar The Medium Run -un juego de palabras, ya que en inglés run no sólo quiere decir corrida sino también plazo y alude al problema del desempleo estructural en la economía estadounidense poscrisis-, cinco millas (8K) a las seis y media de la mañana en pleno invierno boreal, ya que la convención se desarrolla en enero.
¿Correr es barato? en una entrevista, Wolfers criticó a quienes dicen que correr maratones es un deporte barato porque sólo requiere zapatillas. "El costo para el bolsillo es bajo, pero la base de la economía es el costo de oportunidad, que sostiene que el verdadero costo de algo es la alternativa a la que tenés que renunciar", enfatizó. "Cada hora que paso corriendo es una hora menos para salir, trabajar o dormir. Siguiendo la teoría económica, continúo entrenando en la medida en que me dé más beneficios que la siguiente mejor alternativa", agregó, y estimó que un plan de 16 semanas para hacer una maratón le implica varios miles de dólares de lucro cesante. Hay economistas que critican este análisis estático. Si correr aumenta la productividad en el resto de las actividades, quizá sí sea "barato", especialmente si su "sustituto" sea enfermarse más.
Apps para mejorar hábitos: "Un tema que apasiona a los economistas del comportamiento es por qué hay gente que desea hacer algo, físicamente puede hacerlo y no lo hace", dice López Imizcoz. Procrastinar es dejar para mañana actividades que nos representan un esfuerzo en el momento, pero que sabemos que a mediano plazo nos resultarán beneficiosas, como comenzar a entrenar, hacer una dieta u ordenar el primer cajón del placard. Si somos "miopes sofisticados", que anticipamos nuestra falta de autocontrol, podemos recurrir a dispositivos que nos generen un compromiso previo. Entre otras, están el sitio Stickk (creado por economistas, que cobra si se rompe el compromiso asumido) o Pact, que paga si se cumple sobre la base de las multas recaudadas por quienes hacen default. Pact ofrece su Health Pact, una app que los empleadores pueden usar para reducir las deducciones salariales por seguro médico sobre la base de la actividad de sus empleados y funciona como un auto-scoring de la medicina prepaga.
Atención a las externalidades: como el sedentarismo tiene efectos sociales, hay economistas que estudian los hábitos saludables como política pública. En el paper "El poder de los impulsos en los contratos de compromisos para hacer ejercicio", los economistas Jay Bhattacharya, Alan Garber y Jeremy Goldhaber-Fiebert analizaron el impacto de sugerir un compromiso más extenso en el tiempo a 4000 usuarios de Stickk, como forma de incentivar la actividad física sostenida. Observaron que los participantes alentados a comprometerse por default a entrenar por más semanas aceptaban más la propuesta y a atenerse a ella con más probabilidad que el grupo al que no se le sugirió nada.
Pagar por no ir al gimnasio: suena irracional, pero mucha gente está dispuesta a pagar y no ir al gimnasio. Son los que confían en exceso en su capacidad de autocontrol. Los gimnasios saben esto. En la Argentina, la mayoría no permite pagar un pase diario y si lo hacen, es a un precio desproporcionado. Especialistas de la economía del comportamiento han estudiado el caso de los gimnasios porque es comparable a lo que sucede en otros mercados que ofrecen abonos, como la telefonía celular y las tarjetas de crédito. En el paper "Pagando por no ir al gimnasio", los economistas Stefano Dellavigna y Ulrike Malmendier analizaron cómo los consumidores eligen su plan a partir de la oferta de abonos (que incluía pases diarios, semanales, mensuales y anuales, con o sin renovación automática) y notaron que suelen contratar períodos largos y con renovación automática aún cuando, según la cantidad de veces que terminaron yendo, les hubiera convenido otro contrato. ¿La causa? Exceso de confianza sobre su capacidad futura de autocontrol, algo que no suena muy racional pero sí muy real: según la app WePlan (de consumo de datos y voz) 97% de los argentinos pagan un plan de celular que no les conviene.
sebacampanario@gmail.com
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